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La Policía Nacional enmudece a los abogados de los golpistas y Cayetana, zarandeada

Perfil bajo de las defensas, que renuncian a interrogar al agente que relata una encerrona el 2-O contra la Policía Nacional entre Gerona y Figueras.

(Barcelona)
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Las defensas de los procesados por el golpe de Estado en Cataluña durante el juicio. | EFE

Juicio en el Supremo. Más inspectores y agentes del Cuerpo Nacional de Policía (CNP). La novedad de la sesión es que no todos los mossos d'esquadra mantuvieron una actitud pasivo contemplativa. Hubo muchos que sí colaboraron, pero con la celebración del referéndum. No pocos policías regionales fueron partícipes de esa orgía más que fiesta de la democracia separatista del 1-O que acabó en algunos colegios con la rifa de las urnas.

El cuerpo de los Mossos fue especialmente activo a última hora de la tarde de aquel domingo. Una vez finalizadas las votaciones y el recuento, lograron aprehender un número indeterminado de aquellas cajas de plástico con el logo de la Generalidad. Hubo casos en los que los concentrados aplaudían a los mossos cuando procedían a la "requisa" del material y gritaban "aquesta és la nostra policia!". Era el colofón de una jornada en la que según el testimonio de los policías del CNP los Mossos habían dado todo un recital de pasividad policial con notables episodios de colaboración en la comisión de un acto ilegal.

Explica uno de los testigos que observó a un mosso de uniforme cogido de la mano con la que presume su pareja. En la otra mano llevaba una urna. Otro agente cuenta que vio cómo un "compañero" de los Mossos daba el queo a los concentrados en un colegio de que ojo con los policías de paisano. Un inspector subraya que habló con los integrantes de un binomio mosso que se negó a colaborar en el cumplimiento del mandato judicial y a hacer de mediador con la masa.

A los encausados se les está haciendo muy pesado el juicio. Se quejan de la duración y monotonía de las sesiones. La prensa afecta a los presos golpistas critica la reiteración de los testimonios. Se les hace pesado el relato de los policías lesionados. Y detestan las pinceladas de color que aportan los testigos, como ese episodio en el que unos tipos dejan a tres personas en sillas de ruedas bajo la lluvia a las puertas de un centro de votación. En ese apartado destaca la escena del presidente de una mesa abrazado a una urna. El hombre se había encapsulado en el centro de una suerte de barricada formada con sillas y pupitres. Costó que depusiera su actitud.

El 1-O de cada día

Mientras los agentes de la Policía Nacional describen en el Tribunal Supremo las masas vociferantes, los acometimientos contra los policías, los lanzamientos de sillas, las patadas y puñetazos, los insultos y los gritos, unos estudiantes zarandean, insultan y amenazan a la candidata del PP por Barcelona en las generales, Cayetana Álvarez de Toledo, y a la eurodiputada Maite Pagazaurtundúa en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). El grupo de universitarios constitucionalistas S'ha acabat! (Se acabó) había organizado una conferencia con ambas políticas y es la segunda vez en tres días que los independentistas tratan de reventarles la cara.

Las imágenes de este jueves en la UAB remiten al 1-O. Si alguien necesita hacerse una idea de lo que es una masa o que entiende por "cívico" y "pacífico" el nacionalismo no tiene más que visionar la llegada Álvarez de Toledo a la Autónoma de Barcelona la víspera del comienzo de la campaña electoral.

La guinda del día de la sesión en el Supremo es el testimonio de un policía nacional que relata un suceso del día después del referéndum ilegal. El "pueblo" estaba envalentonado y encendido tras el 1-O. Al agente le tocaba dirigir la comitiva de tres vehículos policiales que se dirigían de Gerona a Figueras, donde estaban alojados temporalmente algunos de los funcionarios desplazados por la "operación Copérnico" para frenar el golpe de Estado.

Tres coches logotipados de la Policía Nacional en dirección a Figueras. El agente cuenta que durante el trayecto muchos conductores hacían sonar el claxon y les dedicaban gestos obscenos al adelantar o quedarse atrás. Un conductor decide ir más allá y empieza a dar volantazos, se mete entre dos de los vehículos policiales, pega frenazos y acaba por chocar con uno de ellos. La comitiva se detiene, comprueban que el conductor no ha sufrido daños y proceden a tomarle los datos.

Las luces policiales

Tres vehículos de la Policía Nacional con todo el aparato lumínico en el arcén. Comienzan a pararse coches, gente que sale de ellos, que rodea a los policías y se acerca en actitud cada vez más hostil. El policía que testifica dice que ni siquiera saben lo que ha pasado. Podía ser una atención a una persona que hubiera sufrido una avería. Dado el tenor agresivo de los "curiosos", el agente al mando del dispositivo decide que es mejor retirarse a tiempo, que no merece la pena requerir la presencia de la policía local para que le practique un control de alcoholemía al sujeto temerario que acaba de provocar un accidente.

El testimonio es novedad. En el juicio casi no se ha hablado de lo que pasó el día después. Sólo las menciones de algunos guardias civiles a las humillaciones sufridas por su hijos en el Instituto El Palau de San Andrés de la Barca. La declaración del oficial de la Policía Nacional es la última de la sesión. Las defensas renuncian a interrogarle. La sala se queda sin saber si estos conductores y pasajeros también gritaban "som gent de pau!" con el aliento en la cara de los agentes.

Marchena se pone serio

El aplomo y precisión del funcionario no invita a los ya típicos interrogatorios de los Pina, Van den Eynde y Melero. El policía enmudece a las defensas, que no tienen nada que preguntar sobre uno de esos incidentes típicos en Cataluña. A quién se le ocurre circular entre Gerona y Figueras con vehículos decorados con los logotipos de la Policía Nacional. En el apartado procedimental, al juez Marchena parece que se le ha acabado la paciencia con los letrados de los acusados. Àlex Solà, abogado de Cuixart, es el más reconvenido por el magistrado, que parece que esté redactando un manual de derecho procesal en cada intervención. Solà, como sus compañeros, trata de cargar las tintas sobre el uso de la fuerza y los ciudadanos heridos, pero no es el día. Marchena le pide lo mismo que a sus colegas, que haga preguntas y no inferencias, conjeturas o cuentos chinos, pero sin decir "cuentos chinos".

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