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¿Juicio a los golpistas? La masa, las porras y gente que vuela

El juez Marchena se cansa de las defensas, el colegio de las hijas de Puigdemont y su carta de agradecimiento a Trapero.

(Barcelona)
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Un momento del juicio por el golpe de Estado en el Supremo. | EFE

Los abogados de los golpistas están muy cansados. Las largas sesiones, el aplomo de los testigos y el arbitraje del juez Marchena pueden con ellos. Las declaraciones de los policías nacionales que intervinieron en el 1-O, ya sean antidisturbios, de información o policía judicial, no presentan fisuras y construyen un relato demoledor sobre lo que ocurrió esos días y jornadas aledañas.

Marina Roig, una de las abogadas de Jordi Cuixart, siempre pregunta a los agentes si vieron personas con las manos en alto que decían "som gent de pau". El letrado Àlex Solá, del mismo equipo, repite la fórmula: "¿Vio si la gente levantaba los brazos y 'hacía' cánticos?" La tesis es que los concentrados en los colegios en ningún caso opusieron resistencia y fueron arrasados por la fuerza actuante sin mediar palabra.

Los agentes refieren, en cambio, lesiones incompatibles con el teórico pacifismo separatista, patadas en las pelotas, patadas cuando estaban en el suelo, patadas en las piernas, puñetazos en el ojo, golpes varios, escupitajos y lluvia de botes de refrescos, botellas de agua, conos de tráfico, vallas de obras y macetas. Cuanto menos se adornan los testigos en los detalles, más contundente resulta la testifical. Y cuanto más se adornan las defensas, más quedan en evidencia.

Según el marco de los abogados de los golpistas, se juzga a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por su actuación durante septiembre y octubre de 2017. Más en concreto por el uso de la fuerza para impedir el referéndum ilegal. Pasó con las declaraciones de los miembros de la Guardia Civil y pasa en las sesiones dedicadas a los testimonios de los agentes del Cuerpo Nacional de Policía (CNP). La fiscal Consuelo Madrigal ha advertido al tribunal de la circunstancia a colación de una pregunta de Marina Roig. "¿No es menos cierto que entraron (a un colegio) pisando a la gente?" preguntó la letrada a un policía y saltó la fiscal: "¡No se juzga a la Policía!". Marchena dio la razón a Madrigal. Ya antes el presidente de la sala había amonestado a Solá por incurrir en las preguntas del tipo "¿vio gente sangrando por la cabeza y volando por los aires?" El juez intenta ser didáctico, aunque también se le nota una cierta fatiga. Está harto de repetir siempre lo mismo o parecido. "Pregúntele al testigo por lo que él percibió por sus sentidos. No le pida que confirme lo que usted da por probado". Solá le reprochó a Marchena que la Fiscalía había llevado a cabo el mismo tipo de estratagema. En ese punto, el juez se dejó ir un tanto. "No es ese un buen camino", le dijo. Por un momento pareció Clint Eastwood espetando a un delincuente aquello de "alégrame el día".

El colegio de las hijas de Puigdemont

El epicentro de la sesión de tarde es la Escola Verd, un colegio de Gerona en el que la masa separatista opuso especial resistencia. Antidisturbios y agentes judiciales cuentan y no paran sobre la agresividad de la gente de paz. Un policía refiere que desde un balcón les lanzaron una maceta que impactó contra el techo de una furgoneta. Otro que iba de paisano con un chaleco de la Policía Nacional narra cómo le dieron un puñetazo en el ojo. Hay dos patadas en los genitales referenciadas. Hubo que emplear las defensas. Las porras.

Palabra tabú

Porra es una palabra tabú en el juicio. Ni siquiera la utilizan los abogados de las defensas, que prefieren la expresión defensas reglamentarias. En la Escola Verd salieron las porras a pasear. Según la policía, no hubo más remedio. Había que contener a la enardecida y violenta "masa", otra palabra estrella en el Tribunal Supremo. La masa es el único punto de acuerdo entre Mossos, Guardia Civil y Policía Nacional. La masa son los manifestantes separatistas, el grupo de gente, a partir de cientos y hasta miles, que trata de impedir el cumplimiento de una orden judicial.

El abogado de la CUP y la masa

Declina la sesión y otro de los abogados de Cuixart, Benet Salellas, exdiputado de la CUP en el parlamento catalán, pregunta a un policía que "¿qué es la masa?". Marchena no puede más. "¿Que qué es la masa? ¡Por favor! Veinte días llevamos hablando de la masa, señor Salellas", se exclama el juez. "Haga otra pregunta", indica al soliviantado letrado, que protesta tras las enésimas consideraciones jurisprudenciales del magistrado sobre el propósito, sentido y alcance de la práctica testifical.

Salellas pregunta el número de identificación a todos los policías que actuaron en la Escola Verd. Las defensas confían mucho en la parte documental del juicio, cuando se visionen los vídeos. Consideran que en el dicho colegio, como en muchos otros, las fuerzas policiales se manejaron con inusitada brutalidad. Pero la Escola Verd no es un centro de votación del 1-O cualquiera. Es el colegio de las hijas de Puigdemont. Ha salido el tema un par de veces.

La carta al "major"

El periodista Arcadi Espada reprochaba al fiscal Fidel Cadena el lunes en su crónica de El Mundo que no hubiera incidido en la carta que el expresidente de la Generalidad remitió al "major" de los Mossos Josep Lluís Trapero el 20 de octubre. El documento es una sentida muestra de afecto hacia el policía que asegura que había planeado la detención de su colega de paellas tras la proclamación de la república. Ahí va uno de los párrafos de la misiva: "Para mí, la policía que diriges es un modelo y es un orgullo. No te hablo sólo como presidente, sino sobre todo como ciudadano y como padre de dos niñas pequeñas que se preguntan todavía hoy por qué había tanta violencia policial en su escuela tan querida. Su santuario de paz, de amistad, de alegría ... violado sin contemplaciones por policías españoles. Han aprendido, de manera traumática, que en Cataluña teníamos una policía completamente diferente; la quieren y a la vez la respetan mucho... pero nunca les ha dado miedo. Nunca se han despertado a media noche gritando de miedo porque soñaban que las venían a buscar, como ahora tristemente les está pasando".

Esa policía diferente, los Mossos, miraban para otro lado, coinciden los testigos. La masa, mientras, pateaba testículos de policías nacionales y coreaba ser gente pacífica.

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