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Las defensas de los golpistas en el juicio por el 1-O niegan todas las acusaciones menos la desobediencia

Los letrados actúan de cara a la galería independentista y renuncian a los argumentos técnicos para hacer alegatos políticos y banalizar la violencia

(Barcelona)
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Las defensas de los golpistas en el juicio por el 1-O niegan todas las acusaciones menos la desobediencia
Andreu Van Den Eynde, abogado de Oriol Junqueras y Raül Romeva | EFE

Cataluña, otoño de 2017. Relato de las defensas de los golpistas: No pasó nada. A lo sumo, desobediencia al Tribunal Constitucional, cargo que solo lleva aparejada la inhabilitación. El referéndum del 1-O, el asedio a la comitiva judicial que registraba la consejería de Economía, la ruptura del orden constitucional, la proclamación de la república, todo lo que ocurrió entre septiembre y octubre de hace casi dos años nada tiene que ver con un golpe de Estado ni con la rebelión. Ni siquiera con la sedición que pide la Abogacía del Estado siguiendo las instrucciones del Gobierno en funciones.

El cuadro que pintan los abogados persiste en los mantras separatistas, en su gran capacidad de movilización, pero siempre "cívica, pacífica y festiva", en las supuestas trayectorias pacifistas de los acusados, en que tras años de movilizaciones no se ha tirado ni un papel al suelo. Niegan la violencia, las coacciones, las amenazas, las baladronadas, los llamamientos a la revuelta y el plan coordinado para separar a Cataluña de España. Y alegan que se juzga a una ideología, que hay una causa general contra el independentismo, que las pruebas son inconsistentes y que nada más se registraron un par de patadas a dos agentes, dos coches de la Guardia Civil "rotos" y una silla voladora que se estampó contra un policía durante el 1-O.

Algunos de los abogados de los procesados por el golpe de Estado se tienen en gran consideración. Las intervenciones finales de Andreu Van den Eynde (letrado de Oriol Junqueras y Raül Romeva) y de Javier Melero (que representa al exconsejero de Interior Joaquim Forn) han ocupado toda la mañana en la penúltima sesión del juicio en el Tribunal Supremo. No han sido los informes que cabría esperar de unos letrados cuyos clientes se enfrentan a penas de hasta 25 años. Pretendían el lucimiento y actuaron para las cámaras que retransmiten el juicio.

Los chistes de Melero

Melero, el más prestigioso de los defensores, abogado estrella en cuya cartera de clientes figuran Artur Mas y Oriol Pujol, no ha tenido su mejor día en la sala del Supremo a pesar de que ha dispuesto más de ochenta minutos para su alegato gracias a la generosidad de dos compañeros que le han prestado quince y diez minutos de sus turnos. Sin embargo, parte de ese tiempo se ha consumido en florituras impropias de la gravedad del proceso, en impostados elogios a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, en "homenajes" a los funcionarios Paco y Piedad, chistes sobre Franco y el 18 de julio y una alusión final al filme Amanece que no es poco para reivindicar a una Guardia Civil que solo se tenga que preocupar por quienes plagien William Faulkner.

Entre tan insólitos comentarios, Melero espigó algunos argumentos defensivos, tales como que ningún cuerpo policial cumplió la orden judicial o que los procesados se avinieron sin oposición a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Según el relato del abogado, no hubo una proclamación de la república catalana, sino la cesión sin resistencia del limitado poder autonómico. "Ni se arrió la bandera ni se comunicó a los cuerpos diplomáticos la independencia".

Destacó también su petición de disculpas por haber sido quien pidió las comparecencias como testigos del exjefe de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero, y al exjefe de la Brigada Móvil (los antidisturbios), Carles Hernández, cuyos testimonios mostraron la determinación de Puigdemont y Junqueras de no desconvocar el referéndum ilegal a pesar del riesgo de violencia o la actitud soberbia y altanera de Jordi Sànchez durante el registro a la consejería de Economía del 20 de septiembre.

Antes que Melero intervino Van den Eynde, que abogó por una sentencia que sea "una oportunidad para solucionar un conflicto político" y censuró el lenguaje utilizado por la Fiscalía: "Tenemos dos coches rotos y ellos hablan del apocalipsis". También calificó de "panfleto sin valor" el documento Enfocats que detallaba los pasos a seguir en el procés. El discurso de Van den Eynde, que a veces parecía dirigirse a alumnos de Derecho, provocó los bostezos y cabezadas de Junqueras.

El vehemente Pina

Mucho más vehemente e incisivo se mostró Jordi Pina, letrado de Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull. Pina trató de desmontar los escritos de las acusaciones, aseguró que en Cataluña no hubo un clima insurreccional y a tal efecto llegó a utilizar la histórica manifestación a favor de la unidad de España del 8 de octubre para decir que en el ambiente descrito por las acusaciones tal manifestación no hubiera sido posible.

El letrado cargó además contra las pruebas de las acusaciones y sus interrogatorios, llegó a decir que algunos de los mensajes atribuidos a sus mandantes no eran suyos y que los fiscales no preguntaron por su autoría. También intentó restar valor a sus pronunciamientos y declaraciones públicas, negó como sus compañeros que hubiera violencia y cerró su intervención en catalán calificando a sus clientes de "gente de paz".

Indisposición de Roig

Tras Pina debía haber intervenido la letrada Marina Roig, que defiende a Jordi Cuixart, el presidente de Òmnium, pero pidió aplazar a este miércoles su intervención por una indisposición. El siguiente en presentar su informe fue el letrado Josep Riba, del exconsejero de Justicia, Carles Mundó, uno de los tres procesados en libertad provisional junto a Santi Vila y Meritxell Borràs. A Mundó se le acusa de desobediencia y malversación y Riba ejecutó una defensa estrictamente técnica, respetuosa con el tribunal y sin adornos. Fue la suya la intervención más contenida y probablemente la más eficaz.

Este miércoles, salvo contratiempos, concluirá el juicio con el resto de las defensas (quedan cinco) y las palabras finales de los acusados, que dispondrán cada uno de quince minutos para sus alegatos.

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