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Garicano, el cabecilla de un sector crítico de Ciudadanos en desbandada

El líder naranja en Europa se mantiene en la disciplina del partido pese a haber perdido su interlocución con Rivera y a sus principales aliados.

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El líder naranja en Europa se mantiene en la disciplina del partido pese a haber perdido su interlocución con Rivera y a sus principales aliados.
Francisco de la Torre, Toni Roldán y Luis Garicano, durante una reunión en el Congreso. | EFE

Se cuenta que en cierta ocasión, entrados ya los años ochenta, el ínclito Manuel Vázquez Montalbán, enfrascado en una conversación sobre por qué, a esas alturas, seguía siendo comunista, le dijo a su interlocutor, tratando de zanjar el diálogo: "Déjame que sea el que apague la luz". La frase, mutatis mutandis, bien se podría aplicar a alguien antagónico al autor de Carvalho, como Luis Garicano.

El economista de la London School Of Economics, líder de la delegación de Ciudadanos en Europa, afronta desde esta semana, tras la definitiva salida del partido de Javier Nart y Francisco de la Torre, con su correspondiente polvareda, la a priori difícil tarea de ser el último mohicano de los críticos de Ciudadanos, o el único que ha resistido la tentación de la desbandada de los desafectos a Albert Rivera iniciada el pasado 24 de junio por su pupilo Toni Roldán, quien renunció a sus cargos orgánicos, a su acta de diputado en el Congreso e, incluso, a su condición de militante.

Bien es cierto que Nart seguirá a su lado como eurodiputado, pese a haber abandonado primero sus cargos orgánicos y después la militancia, algo que el propio Rivera le afeaba este viernes, acusándole de, al quedarse en la Eurocámara, estar aprovechándose de los recursos del partido que, enfatizaba el líder naranja, "son de Ciudadanos". Por lo demás, y salvo el vicepresidente de Castilla y León, su amigo de tiempos universitarios Francisco Igea, a Garicano prácticamente no le quedan apoyos en un partido cuya área económica y de programas dominaba hasta hace bien poco.

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El eurodiputado Javier Nart | EFE

Baste decir que el acuerdo de Gobierno en Andalucía, fraguado a principios de año y primera de las coaliciones con el PP que salía adelante con el apoyo externo de Vox, fue cocinado en buena medida por los garicanistas, que influyeron decisivamente en el diseño de la actual Junta andaluza.

Así lo recuerdan, no sin cierta queja, fuentes de Ciudadanos en esa comunidad, que atribuyen a Toni Roldán el "empeño" de que hubiera una consejería independiente de Transparencia, cuando en principio Juan Marín pensaba integrarla dentro de su vicepresidencia. "Ahora resulta, como ya no están ellos, que Ignacio Aguado [vicepresidente de la Comunidad de Madrid] en Madrid sí integra esa competencia, cuando nosotros tuvimos que ponerla aparte", explican desde el entorno de la vicepresidencia andaluza.

El desafío a Rivera en CyL, germen de la revuelta

Pero al mismo tiempo, ya por entonces las primarias de Castilla y León, en las que Garicano e Igea desafiaron abiertamente a Rivera y lograron doblarle la mano tras la denuncia de un pucherazo aún por esclarecer, abrieron una brecha entre Garicano y Rivera que a la postre parece definitiva.

El resultado de las elecciones generales del 28 de abril, que además de suponer un aumento exponencial de Ciudadanos, que aumentó un 80% de sus escaños y desplazó a Podemos como tercera fuerza política de España, posibilitaba una suma con el PSOE de 180 diputados, cuatro más que la mayoría absoluta, terminaría por precipitar la guerra abierta entre el sector de Garicano y el aparato riverista.

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Franciso Igea y Francisco de la Torre, durante una Ejecutiva de Ciudadanos | EFE

Los primeros creían llegado el momento de, aun incumpliendo el compromiso de no pactar con los socialistas, dar "estabilidad" a España y evitar que su Gobierno estuviera en manos de los separatistas catalanes, como enfatizó en su discurso de despedida Roldán; los segundos, reforzados luego por el pacto de Sánchez en Navarra, creen que el líder del PSOE tiene "sus socios preferentes" y que, como repite Rivera, "nadie le obliga a pactar con ellos, se tira en plancha".

De fondo, los garicanistas culpan a Rivera de supeditar toda su estrategia al sorpasso al PP, un objetivo, dicen, "incierto" que por el camino estaría escorando a Ciudadanos al lado derecho. Los riveristas, en cambio, creen que no pueden resignarse a ser un partido bisagra, lo que les condenaría, estiman, a no poder alcanzar nunca la hegemonía política. "Rivera tiene una misión, que es ser presidente del Gobierno, y va dando los pasos que estima más convenientes para ello", comenta uno de los miembros más veteranos de la dirección del partido.

El voto por tramos de edad, la obsesión de Rivera

La posibilidad de superar algún día al PP, con la que el resultado del 28-A permitía soñar pero que el de las autonómicas y municipales de un mes después enfrió notablemente, es sólo una cuestión de tiempo según los estrategas más próximos a Rivera. Una y otra vez repiten como mantra que Ciudadanos supera a los populares en todos los tramos de edad salvo en el de las personas mayores. E incluso desde ese punto de vista consideran que la llegada de Pablo Casado no es tan beneficiosa para el PP, pues, argumentan, "en su terreno, el del voto joven, ya somos hegemónicos".

Por contra, estiman que un perfil como el de Mariano Rajoy consolidaba mucho mejor a la clientela electoral de los populares. Más a corto plazo, en el cuartel general riverista, donde ya se preparan para la más que probable repetición electoral el 10 de noviembre, estiman que de nuevo la corrupción jugará una baza importante en detrimento del PP.

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El concejal de Barcelona, Manuel Valls | EFE

"España suma, pero la corrupción resta" es una de las frases clave del actual argumentario naranja que el propio Rivera estrenó en su reaparición el pasado lunes. Un aserto que despeja de un plumazo la coalición electoral que propone Casado, aunque Ciudadanos sí podría aceptarla, como ha hecho en Navarra, en el País Vasco.

Por lo demás, Garicano mide mucho sus pasos pero no deja de abrir resquicios de crítica, sobre todo en su perfil de Twitter, al discurso imperante en su partido, estableciendo connivencias en ocasiones con Manuel Valls, el político que, sin ser de Ciudadanos, más rotundamente ha atacado nunca a Rivera. Toni Roldán, por su parte, también sigue muy activo en las redes sociales, dejando claras sus discrepancias con Rivera, e incluso realiza algunas incursiones en medios de comunicación.

Que eso sea, o no, el embrión de una nueva formación política sólo el tiempo lo dirá. A día de hoy el que durante el último lustro ha ejercido de gurú económico de Ciudadanos vive como un extraño en su propia casa, pero de momento no parece que vaya a efectuar mudanza política alguna. Conviene no olvidar que es la primera vez que Garicano está haciendo política desde una institución, con la posición de privilegio de ser el vicepresidente de los liberales europeos. Algo que le permite un alto grado de interlocución con todo tipo de líderes, recursos y, claro, visibilidad. Y ya se sabe que a las guerras conviene ir bien pertrechado.

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