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El giro de Rivera hacia la abstención le reconcilia con el sector crítico de Ciudadanos

Garicano no oculta su entusiasmo, mientras que Valls regatea elogios por un apoyo pasivo a Sánchez que siempre reclamó.

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Garicano no oculta su entusiasmo, mientras que Valls regatea elogios por un apoyo pasivo a Sánchez que siempre reclamó.
Albert Rivera y Luis Garicano, en una imagen de archivo. | EFE

A las doce y media del mediodía de este lunes, desde Estrasburgo (Francia) el líder de la delegación de Ciudadanos en el Parlamento Europeo, Luis Garicano, publicaba un mensaje en su perfil de Twitter que sonaba a armisticio, o por lo menos a tregua, en la feroz guerra desatada en Ciudadanos desde el pasado 24 de junio, cuando su pupilo, Toni Roldán, abandonó todos sus cargos en el partido naranja, su acta de diputado e, incluso, se dio de baja como militante.

"Ciudadanos, con Albert Rivera al frente, ha sido, es y será el partido responsable y comprometido con el futuro de nuestro país. Nuestra propuesta lo demuestra. Ahora le corresponde a Casado [Pablo] y a Sánchez [Pedro] demostrar su sentido de la responsabilidad" escribía Garicano, a quien se veía muy satisfecho por los pasillos de la Eurocámara, desde donde mantenía también una fructífera conversación con el número dos del partido, José Manuel Villegas, el hombre que lleva meses tratando de tejer complicidades en la medida de lo posible y apagando fuegos con los descontentos con el rumbo estratégico de Ciudadanos.

La petición de algún tipo de colaboración con Sánchez, dado que PSOE y Ciudadanos suman holgadamente (180 escaños) la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados, fue uno de los principales puntos de crítica de Roldán en su discurso de despedida.

De hecho, el propio exportavoz económico naranja en el Parlamento, muy activo este septiembre en las redes sociales, en ocasiones con pronunciamientos muy críticos, sarcásticos incluso, con Rivera, no tenía más remedio que rendirse al giro estratégico imprimido por el presidente de Ciudadanos tras la reunión de la Ejecutiva del partido, que aprobaba ofrecer la abstención al PSOE a cambio de tres condiciones: fin del Gobierno nacionalista en Navarra, explorar la aplicación de nuevo del 155 en Cataluña y rechazo de las subidas de impuestos acordadas con Podemos desde el último, y a la postre infructuoso, acuerdo entre los socialistas y los de Pablo Iglesias para los Presupuestos Generales del Estado. Roldán, sin embargo, no pasaba por alto que la que fue su organización había cambiado de postura: "Es muy positivo que Albert Rivera rectifique y dé un paso para lograr acuerdos con la única fórmula que suma".

Valls, elogios a regañadientes

De la imagen de reconciliación en el seno naranja se desmarcaba, en cambio, el concejal de Barcelona, Manuel Valls, alguien que nunca llegó a formar parte del partido naranja. El ex primer ministro francés reconocía el valor del gesto de Rivera, anunciado en una rueda de prensa en la sede central del partido en Madrid, pero lamentaba que llegue, a su juicio, en un momento inadecuado.

De manera algo críptica, Valls afirmaba que la propuesta "llega tarde y no debe ser nunca un movimiento electoral" y añadía que "pase lo que pase, la respuesta de los constitucionalistas a la sentencia de los políticos presos ha de ser de unidad y cohesión, y de respeto a la Justicia y al Estado de derecho".

Una forma de desvincular la respuesta al desafío secesionista con la investidura que hace apenas cuatro días, el pasado jueves, parecía suscribir el mismo Rivera quien, preguntado en una rueda de prensa en el Congreso sobre por qué no condicionaba la aplicación del 155 a su apoyo a la investidura de Sánchez, aseguró que no admitía, en ese terreno, ningún "cambio de cromos".

¿Cambio de tono o de rumbo?

Al margen de Valls, un escollo más difícil de superar que otros, Rivera parece aplacar a un sector crítico que, además, también le venía reprochando el acercamiento a Vox, gracias al que Ciudadanos ha logrado en el último año importantes gobiernos como los de Madrid (a nivel autonómico y en la capital) Murcia o Andalucía, en este último caso con el concurso de los ‘garicanistas’ tanto en la negociación del acuerdo del Gobierno con el PP como en el diseño de la nueva Junta andaluza. Un cese de las hostilidades que podría suponer un bálsamo de paz, sobre todo de cara la más que posible repetición de las elecciones el 10 de noviembre.

Las especulaciones sobre la creación de un nuevo partido por parte de esos críticos podrían quedar aplacadas con la reconciliación entre Garicano y Rivera. Lo cierto es que el presidente de Ciudadanos venía modulando su discurso desde la vuelta de vacaciones, como quedó de manifiesto en su discurso de la semana pasada en el pleno del Congreso. Era la primera vez que se subía a la tribuna desde la investidura fallida de julio y, esta vez, no salieron de su boca expresiones como "la banda" o "el botín" espetadas a la bancada azul del Gobierno.

El tiempo dirá si es sólo una cuestión de tono o Rivera ha modificado, al menos parcialmente, y quien sabe si influido por los críticos, su rumbo político.

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