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El norte de España, el talón de Aquiles de la implantación nacional de Ciudadanos

La última crisis en el País Vasco evidencia una de las deficiencias de estructura del partido naranja.

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La última crisis en el País Vasco evidencia una de las deficiencias de estructura del partido naranja.
Rivera, en el Consejo General de Ciudadanos. | EFE

"Yo no podría ser candidato a presidir el Gobierno de mi país si mi partido no fuera capaz de tener ni un solo concejal de más de dos mil seiscientos electos en Euskadi, señor Rivera". El dardo político se lo lanzaba el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, al líder de Ciudadanos el pasado 25 de julio, durante la segunda sesión del debate de investidura, en la que se constataba el fracaso del secretario general del PSOE para lograr la confianza necesaria de la Cámara Baja para seguir en la Moncloa, tras su ya para entonces creciente desencuentro con Pablo Iglesias.

Dos meses antes, Ciudadanos perdía en las elecciones de mayo a los dos únicos representantes que tenía en el País Vasco, un juntero y un concejal, acentuando la residualidad de una formación que en 2016, cuando ya era un partido nacional consolidado, se quedó fuera del Parlamento de Vitoria, allí donde incluso UPyD obtuvo una exigua representación (un escaño por Álava) en 2009 y 2012.

En las generales de abril Ciudadanos obtuvo también un resultado residual, pero muy probablemente sus 7.000 votos en Álava (y los 5.000 de Vox) frustraron el escaño del popular Javier Maroto, uno de los hombres fuertes de la dirección nacional del PP, en favor de Bildu, que entró así con cuatro parlamentarios en el nuevo Congreso.

¿Negociador o tránsfuga?

Con todos estos datos sobre la mesa, y con el ofrecimiento de una coalición electoral global bajo la marca España Suma hecho por el PP a Ciudadanos este verano, similar al Navarra Suma que integra a populares, naranjas y Unión del Pueblo Navarro (UPN) en la Comunidad Foral, la dirección de Ciudadanos en el País Vasco inició hace dos semanas contactos con sus homólogos del PP, que saltaban por los aires este jueves, con la destitución fulminante del hasta entonces Secretario de Organización naranja en esa comunidad, Javier Gómez Calvo, al que el propio Albert Rivera llegaba a acusar de querer "irse a otro partido".

Calvo, en cambio, sostiene que pretendía llegar a un acuerdo y que entendía su destitución al decantarse finalmente la cúpula naranja por descartar totalmente una opción, la de la coalición electoral con el PP, que llegó a contemplar parcialmente este verano.

Afirma, sin embargo, que le sorprendió la manera en que el partido le acusaba poco más o menos que de tránsfuga y que nunca tuvo intención de pasarse a las filas de los de Alfonso Alonso. El líder de los populares vascos, precisamente, reprochaba a Rivera su escasa "altura de miras" por haber frustrado una coalición que habría llevado el nombre de Vascos Suman.

Galicia, otra implantación fallida

Así las cosas, Ciudadanos concurrirá en solitario el próximo 10-N en Álava, Vizcaya y Gipúzcoa sin posibilidad alguna de obtener representación en ninguna de esas tres provincias. Pero lo cierto es que el fracaso de una implantación por la que ha trabajado en vano el secretario de Organización Fran Hervías, uno de los miembros de la cúpula naranja de mayor confianza de Rivera, no es muy distinto del del resto de regiones del norte de España, un territorio que se le resiste a Ciudadanos. Baste decir que entre Galicia, Asturias y Cantabria apenas suman 139 cargos públicos.

En la primera de esas comunidades, como ocurrió en el País Vasco, no se logró entrar en 2016 en el parlamento gallego. En las generales de abril el partido naranja obtuvo sendos escaños por La Coruña y Pontevedra que el 10-N tendrá difícil revalidar. La militancia gallega está cada vez más desmoralizada tras varios bandazos dados desde Madrid en la estrategia de implantación. La campaña de 2016 fue dirigida por Pablo Yáñez, el exdiputado por Salamanca que más tarde perdería la confianza de la cúpula riverista por el escándalo del pucherazo en las primarias de Castilla y León, algo que soliviantó a buena parte de los dirigentes gallegos, que le achacaban falta de conocimiento del territorio.

Precisamente en 2020 volverán a celebrarse las elecciones autonómicas gallegas y vascas, y las perspectivas siguen sin ser precisamente buenas para los de Rivera, que sigue teniendo en el norte un importante talón de Aquiles.

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