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La Fiscalía apaliza a Trapero aunque abre la puerta a pasar de rebelión a sedición

El exjefe de los Mossos insiste en la especie de que intentó parar el golpe del 1-O y que colaboró con Policía Nacional y Guardia Civil.

(Barcelona)
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El exjefe de los Mossos insiste en la especie de que intentó parar el golpe del 1-O y que colaboró con Policía Nacional y Guardia Civil.
Imagen del interior de la sala donde se celebra el juicio contra Trapero. | EFE

Puede que el exjefe de los Mossos Josep Lluís Trapero crea que los fiscales de la Audiencia Nacional son bobos. No de otro modo se entiende la persistencia del acusado en asegurar que el cuerpo que dirigía durante el golpe de Estado separatista puso todo su empeño y diligencia en evitar dicho golpe. La situación debe ser familiar para Trapero. Cuántas veces no se habrá topado en un interrogatorio con el tipo que pillado con las manos en la masa niega tener manos y afirma ignorar qué es la masa.

El fiscal Miguel Ángel Carballo sometió a Trapero a un duro interrogatorio, aunque permitió que el acusado dijera que no tenía ninguna relación con Puigdemont cuando fue ascendido a "major". Menos de un año antes, Trapero y Puigdemont habían formado un dúo musical en casa de la periodista Pilar Rahola, en el famoso guateque de la paella. Carballo no quiso atornillar a Trapero en ese extremo.

Más duro se mostró el fiscal respecto a la pasividad de los Mossos durante el 1-O. El fiscal preguntó qué actuación preventiva llevó a cabo la policía regional y ahí Trapero no supo qué decir, salvo que en su opinión la Comisaría General de Información seguro que llevó a cabo alguna investigación, si bien sin consecuencias prácticas. Qué causalidad. La mejor policía del mundo, según la propaganda tras los atentados islamistas del 17-A, es incapaz de desarticular un referéndum que llevan a cabo sus jefes políticos en despachos contiguos.

Las preguntas del fiscal retrataron a Trapero y su inconsistente versión del 1-O. El exjefe echó balones fuera, despejó responsabilidades hacia quien fuera su segundo, Ferran López, quien se hizo cargo del cuerpo con el 155 y fue purgado por Torra, y trató de mantener el tipo y la distancia respecto al govern golpista. Aguantó el chaparrón con su habitual pose altanera y algunas muestras de disgusto cuando era interrumpido.

Dado el tono y el contenido del interrogatorio, la gran duda es determinar cómo se lo montarán los fiscales Carballo y Pedro Rubira para rebajar lo de Trapero de rebelión a sedición. Los fiscales del Supremo no se apearon del delito de rebelión, pero la sentencia fijó que el golpe fue sedición a fin y efecto de reducir sensiblemente las condenas. Carballo le ha apretado las tuercas a Trapero y seguramente se las tenga que apretar a sí mismo si el propósito es conciliar la petición fiscal con la sentencia del Supremo, los nuevos tiempos en el Gobierno y el cambio en la Fiscalía General de Estado.

En su intervención inicial el fiscal abrió las puertas a la posibilidad de rebajar el cargo al final del juicio, pero de lo visto en la primera sesión del juicio no cuadra que la Fiscalía se vaya a someter al criterio de Dolores Delgado sin más. Salvo que el interrogatorio haya sido un brindis al sol, una demostración estéril de profesionalidad abocada a la melancolía.

Historia de dos mujeres

También destacó en esta primera sesión la petición de la letrada Olga Tubau respecto a la presencia en la sala de la que fuera intendente de los Mossos Teresa Laplana durante el registro de la consejería de Economía. Laplana está de baja. Desde entonces padece un estrés postraumático provocado por su encausamiento. Máximo respeto del tribunal y los fiscales, que no tienen inconveniente en que la acusada no asista a las sesiones en las que su presencia no sea imprescindible.

La diferencia de trato con la letrada de la administración de justicia que participó en el registro de la Consejería de Economía es brutal. Esa mujer fue insultada, vejada, menospreciada y ridiculizada por dirigentes y medios nacionalistas sin concesiones. Nadie se planteó que las vivencias de ese día, el encierro en la consejería, la presencia de miles de manifestantes en actitud hostil y el señalamiento digital por parte de los separatistas pudieran causarle alguna alteración del ánimo.

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