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Las víctimas: Manuel, el creador de los cereales con miel que pudo dar el último adiós gracias al doctor Mostaza

El virus se está llevando consigo a la generación de pioneros de la España de la posguerra.

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El virus se está llevando consigo a la generación de pioneros de la España de la posguerra.
Manuel Rodríguez Villasante (en el centro) rodeado de su mujer y sus hijos | LD

Un escenario de tristeza y amargura se abre paso en cualquier planta de hospital de la España del coronavirus. Pero entre el horror y los miles de fallecidos que aparecen como un frío número, entre la vida y la muerte, hay historias, rostros de una generación que reconstruyó los cimientos de un país roto por la guerra. Gente grande de elevado espíritu moral, fuerte y formal hasta el final de sus días, los hospitales están llenos de personajes dignos de vidas de películas de John Ford, y que ahora nos están dejando con el peor de los finales imaginables.

Manuel y el médico

Pero en medio de la frustración y la impotencia se abren paso la grandeza de historias como la relación de amistad que trabaron un paciente en los últimos días antes de morir y un médico.

Manuel Rodríguez Villasante fue hospitalizado en el Hospital Universitario la Paz el 19 de marzo. Debido a su empeoramiento lo derivaron al Hospital Carlos III. Allí en el piso 3, en la cama 11 iba a celebrar el que sería su último cumpleaños sin los suyos a los que ya sabía que no vería jamás.

Allí lo esperaba el médico internista Jose Maria Mostaza Prieto, un reputado profesional de la medicina conocido como doctor Mostaza. Él y un equipo de médicos y enfermeros iban a ser su enlace con este mundo. Su última familia, su último arropo y refugio antes de partir.

Mielitos

Manuel fue un empresario pionero. Fue el primero que distribuyó en España la harina a granel evitando a los obreros que tuvieran que cargar sacos. Todo un alivio y avance que consiguió con su fábrica de harina La Gloria en Humanes, un pueblo de 1.496 habitantes en la actualidad (Guadalajara).

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Manuel creó los cereales Mielitos

Poco después se trasladó a México. Allí se fijó en la marca Kellog´s y observó cómo fabricaban cereales. A Manuel se le ocurrió al llegar a España endulzar los granos de trigo hinchado con la Miel de la Alcarria. Y arrasó en todo el país. Su nueva empresa Chimen tuvo tanto éxito en la comercialización del nuevo producto, que los niños de los 60 y 70 se inflaban de cereales bautizados como Mielitos. Tan buenos estaban que los cines de la época se llenaban de los famosos envases de cartón sustituyendo a las palomitas.

Y no solo eso, además fundó un aeroclub, a Manuel le encantaba volar. También tuvo algún que otro accidente con su avioneta, pero esto no lo amedrentaba para seguir despegando, nos cuenta su hija Felicidad Rodríguez.

La llamada del doctor Mostaza

El valiente aviador cumplía el 24 de marzo 88 años. Ninguno de sus hijos ni su esposa podía estar con él. El maldito virus lo tenía allí postrado en la UCI sin poder moverse. Ese día su hija Felicidad recibió una llamada: "El día 24 por la mañana sonó mi teléfono, y me dijo soy el doctor Mostaza y tengo a mi lado a su padre para que lo felicite. En ese momento, las lágrimas corrieron por mis ojos, quería abrazar a ese doctor no solo porque estaba cuidando de mi padre, sino porque nos dio la oportunidad de escuchar su voz por última vez".

Uno a uno, los hijos de Manuel pudieron felicitarle a través del teléfono del doctor. Ese mismo día, por la noche, volvió a sonar el teléfono de Felicidad Rodríguez. Era otra vez el doctor Mostaza.

"Me dijo que mi padre estaba muy flojito de oxígeno y que quizás no le quedaba mucho tiempo, y un hombre hecho y derecho como era este doctor se puso a llorar diciendo que no podían más, y que estaban intentándolo todo. Por si fuera poco, el doctor Mostaza nos regaló aún dos cosas más, nos dijo que nuestro padre era un ser excepcional y que le había comentado que unos hijos como nosotros eran difíciles de encontrar. Todo el mundo se puede imaginar lo que significa estas palabras para nosotros en estos momentos tan duros".

Petri se despide de su amor

Pero hubo algo más, otro gesto más. En esta historia caben más héroes. La doctora Hernández del Hospital Carlos III cogió a Petri, la esposa de Manuel, el amor de su vida, y junto al enfermero Gerardo, la vistieron de astronauta y la acompañaron a despedirse de su marido. Entre plásticos y mascarillas, Petri pudo dar el último adiós a su hombre, al padre de sus hijos. A Manuel ya le quedaban horas para abandonar este mundo.

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Manuel Rodríguez y su esposa Petri

Al día siguiente, tras su cumpleaños, el creador de los cereales con miel, el aviador tenaz, el español aventurero de las Ámericas murió no sin antes haber escuchado las cartas de sus nietos que fueron leídas por el equipo de enfermeros y médicos a los pies de su cama. "El doctor Rodríguez me llamó el 25 de marzo a las siete de la mañana para decirme que le quedaban pocos minutos de vida a mi padre. Yo se lo agradecí muchísimo, y me contó que todas las cartas que le habíamos mandando hijos, nietos el día anterior se las habían leído y que las pondrían con él en su cama para su último viaje".

Su hija añade: "Mi padre tenía un alto nivel de conciencia que no tienen ni por asomo los que gestores del Gobierno de esta crisis. Espero que cuando esto termine se trate a los médicos como debe ser y no como si fueran escoria. Gracias por rendir homenaje recordando a quienes se están yendo, son los pioneros que levantaron España y no se merecen este final tan cruel en soledad. No me caben las palabras de agradecimiento para el doctor Mostaza y su equipo porque nos permitieron despedirnos por teléfono y hacer que mi madre pudiera ver a mi padre por última vez. No todo el mundo ha podido hacerlo. Y este equipo de sanitarios lo hizo con mi padre, no tenían por qué hacerlo y lo hicieron. Gracias, dios mío. Gracias", nos relata con tristeza su hija.

El deber

El doctor Mostaza ha informado a Libertad Digital que están ayudando a despedirse de los familiares a todos los pacientes que tiene en su haber. Están facilitando el último adiós para evitar que mueran solos nuestros abuelos. No quiere entrevistas porque está haciendo "lo que tiene que hacer", lo que entiende que haría otra persona en su lugar.

Su familia quiere agradecerle a través de este medio su acto de gratitud y que haya compartido con ellos el dolor. Porque al doctor le ha dolido y le sigue doliendo lo que ve. Demasiado crudo, demasiado distópico.

Misterios de la vida que algo tan pequeño como este maldito virus se lleve a personas tan grandes, entre ellas Manuel Rodríguez Villasante. Pero él es solo uno más entre los miles que se están falleciendo desgraciadamente por el Covid-19. "Personalmente fue un hombre bueno que nos enseñó con su gran amor y paciencia que el dinero no es lo que importa en la vida, sino ser honrado, generoso y decir la verdad. Estos momentos son tristes, pero nos queda la profunda alegría de haber tenido un padre como él", señala la hija de Manuel.

Agradecimientos a su familia por compartir su historia con el mundo. No caerá en el olvido, no será un número. Aquí nuestro homenaje a los pioneros españoles, gracias por vuestro legado.

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Manuel Rodríguez (a la izquierda) en el Aeroclub fundado por él (Guadalajara)

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