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Torra, obligado a ir a la cárcel para que los presos de JxCat dieran su visto bueno a la crisis del 'Govern'

Puigdemont primero y luego Rull y Turull pilotaron la remodelación de la parte posconvergente del gabinete autonómico.

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Puigdemont primero y luego Rull y Turull pilotaron la remodelación de la parte posconvergente del gabinete autonómico.
El presidente de la Generalidad, Quim Torra | EFE

A las nueve de la mañana del jueves se personaba Quim Torra en la cárcel de Lledoners, donde cumplen condena los presos golpistas. Tenía que departir con Josep Rull y Jordi Turull los cambios en el gabinete después de que Puigdemont le hubiera dado instrucciones muy claras en una reciente visita del presidente al expresidente en el sur de Francia.

La intención de Torra era recuperar a Laura Borràs como consejera de Cultura y a la vez como portavoz del ejecutivo autonómico, algo a lo que tanto Puigdemont como los presos se opusieron tajantemente. Puigdemont quería mantener a toda costa a Borràs como cabeza visible del grupo posconvergente en el Congreso toda vez que tal grupo está roto y el traslado a Barcelona de Borràs supondría el ascenso del diputado Ferran Bel, fiel al PDeCAT. En cuanto a los presos, Jordi Turull se negó en redondo porque suponía el relevo como portavoz de su patrocinada Meritxell Budó.

La intentona final de Torra para recuperar a su amiga se vio frustrada en la visita a los presos. No así el relevo de Miquel Buch, al que Torra tenía enfilado desde el pasado octubre, cuando los Mossos tuvieron que actuar ante la violencia desatada por el separatismo en protesta por las sentencias a los golpistas. Sin embargo, no pudo elegir el nombre de su relevo. Josep Rull le impuso a Miquel Samper, su hombre de confianza en Tarrasa, ciudad donde Rull ejerce como una especie de cacique nacionalista.

Los lloros de Buch

La reacción de Buch ante su cese causó una gran sorpresa en el nacionalismo. Buch llegó a echarse a llorar en el acto oficial que presidía, la clausura de la escuela de verano del Instituto de Seguridad Pública, cuando fue advertido de que Torra le había cesado. Buch dijo no entender que le cesaran ahora y no el pasado octubre, aseguró que él no le dijo a ningún mando de los Mossos cómo tenían que afrontar las manifestaciones independentistas ("ni a ningún bombero cómo apagar un fuego" añadió) y que su cese no se podía entender como una purga contra los miembros del PDeCAT porque ya había roto el carnet y se había pasado a Junts per Catalunya (JxCat), el partido de Puigdemont.

La purga de Chacón

Sobre el caso de Àngels Chacón no hay duda alguna. Puigdemont la ha echado del Govern por no darse de baja del PDeCAT. Ni siquiera Torra niega que se trate de una represalia. Chacón era la componente del gobierno regional con el perfil más profesional. Al frente de Empresa y Conocimiento era respetada tanto por empresarios como por sindicatos y se elogiaba su papel en las negociaciones en el cierre de Nissan. Precisamente hoy ha trascendido que un fabricante de baterías eléctricas pretende invertir 3.500 millones de euros para reindustrializar las instalaciones de Nissan en la Zona Franca de Barcelona, una operación en la que tenían un papel clave la ya exconsejera Chacón. La purga ha sido el premio a su labor.

La conclusión de la crisis es que JxCat tratará de alargar la legislatura todo lo posible y que Torra, tras algunos intentos de adoptar un perfil propio aprovechando la gestión del coronavirus, vuelve a ser un títere de Waterloo tutelado de cerca por los presos fieles al prófugo.

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