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La avalancha de inmigrantes en Canarias desborda a la Policía e impide investigar qué hay detrás

Los policías denuncian sus terribles condiciones laborales y advierten de que su situación puede afectar seriamente a la seguridad de nuestro país.

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Los policías denuncian sus terribles condiciones laborales y advierten de que su situación puede afectar seriamente a la seguridad de nuestro país.
EFE

La llegada de más de 11.800 inmigrantes a Canarias en lo que va de año, la mayoría concentrados entre septiembre y octubre, está desbordando la capacidad operativa de la Policía de las islas. La situación más acuciante es probablemente la que se vive en el sur de Gran Canaria, donde el Puerto de Arguineguín ha llegado a acoger a más de 1.700 sin papeles en un mismo día.

En declaraciones a Libertad Digital, la Alternativa Sindical de la Policía (ASP) asegura que se está utilizando a todo el personal disponible en Gran Canaria para atajar la llegada masiva de sin papeles, incluso a aquellos agentes que no son de Extranjería. Sin embargo, y a pesar de que en estos momentos hay tres comisarías trabajando juntas (Las Palmas, Telde y Maspalomas), no dan abasto, porque "hay una descoordinación tremenda" y falta personal. "Están metiendo a compañeros de prácticas, que realmente lo único que hacen es ir a formarse y no están para hacer ese trabajo, faltan compañeros porque se han marchado, no se han cubierto las plazas de Extranjería de Maspalomas… Vamos, que es un caos tremendo lo cojas por donde lo cojas", resume Daniel González, secretario de Acción Sindical de ASP en Las Palmas.

Esta situación se traduce en un problema personal para los agentes, pero también en un problema de seguridad para toda la población. Para empezar, porque la falta de policías hace imposible investigar con qué intenciones llega cada inmigrante y si simplemente vienen en busca de una vida mejor o si su objetivo es la delincuencia o incluso el terrorismo. "Esa es la gran preocupación que tenemos, porque no hay un control exhaustivo para saber quién es esa persona realmente". No en vano, en estos momentos ni siquiera se requisan las pertenencias de los sin papeles, entre las que se han llegado a encontrar móviles con tecnología punta, de los "que se utilizan en guerra" y que impiden su geolocalización. "¿Quién controla todo eso con cuatro policías? –se pregunta Daniel González–. Y encima que tengan que estar doblando para cubrir simplemente la llegada de las pateras. Ya no hablemos de investigar nada".

De la misma manera, los agentes tampoco pueden indagar quién está detrás de la llegada de estos inmigrantes. Aunque sospechan que muchos de ellos salen de su país en barcos nodriza organizados por mafias, no tienen medios materiales ni personales para hacer frente a una investigación de estas características.

Amenazas para doblar turnos

Las carencias van desde lo anecdótico (apenas cuentan con un escáner para tres comisarias), hasta lo más preocupante: "Les están amenazando con que les suspenden vacaciones si no doblan turnos y están teniendo problemas familiares también por eso". Si aguantan, es por el compañero que tienen al lado, pero la situación empieza a ser insostenible. El problema ya no son únicamente las horas extra, sino el estrés con el que trabajan y las condiciones en las que, por ejemplo, cogen el coche para ir de un lado a otro: "A veces salen de madrugada, con la vista cansada y viendo hasta estrellitas. Duermen pocas horas y al día siguiente igual".

PCR sólo para inmigrantes

Por otro lado, el sindicato denuncia que, a pesar del riesgo con el que conviven cada día por la pandemia de coronavirus, nadie se hace cargo de hacerles una PCR periódicamente: "Quien la quiera, se la tiene que pagar, mientras que a los inmigrantes se las hacen gratuitamente". Y eso, a pesar de que, tal y como Cruz Roja ha confirmado a Libertad Digital, son muchos los sin papeles que, tras pasar los controles policiales, dan positivo y tienen que ser aislados.

A todos ellos se les traslada a un albergue en Arinaga. Sin embargo, hasta que llegan los resultados, permanecen en unas carpas en las que, según la policía, es imposible controlar que se junten unos con otros. "Simplemente tienen una vallita por detrás y obviamente es imposible controlar los movimientos que hacen ellos por las noches y como tienen al primo, al hermano, al amigo o al vecino… Pues se mueven de una carpa para otra", advierte Daniel González. Y lo mismo sucede cuando son trasladados a los hoteles: "De los hoteles salen. Y si a alguno les tratan de tener como recluidos, se fugan".

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