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Miles de inmigrantes sin mascarillas y robos en las calles: el miedo se apodera de Ceuta

Los padres evitan llevar a los niños al colegio y comerciantes y hosteleros expresan su preocupación: "Miedo. Ésa es la palabra".

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Los padres evitan llevar a los niños al colegio y comerciantes y hosteleros expresan su preocupación: "Miedo. Ésa es la palabra".
Cientos de inmigrantes esperan en la playa de Castillejos para cruzar a Ceuta | EFE

El Colegio Público Pablo Ruiz Picasso de Ceuta ocupa un lugar privilegiado frente a la playa de Benzú. Sin embargo, sus profesores nunca querrían haber sido testigos de lo vivido en las últimas horas. La avalancha de inmigrantes llegados a nado desde Marruecos ha atemorizado al personal de un centro que este martes atendía a los pocos alumnos que acudían a clase entre el nerviosismo y el miedo.

"Miedo. Ésa es la palabra", nos resume al otro lado del teléfono la secretaria del colegio. "Nos han llamado muchos padres para preguntarnos si había clase y les hemos dicho que sí, pero muchos no han venido", explica con voz temblorosa. En los pasillos, en la sala de profesores… Nadie habla de otra cosa. Todo el mundo se pregunta qué va a pasar con los miles de inmigrantes, muchos de ellos menores, que desde este lunes vagan sin rumbo por las calles de la ciudad.

"Decenas de positivos" en las calles

"Si ya de por sí esto asusta a cualquiera, imagínese lo que sentimos en plena pandemia cuando vemos a toda esta gente sin mascarilla y nos enteramos de que entre los que la policía tiene hacinados ya hay decenas de positivos", advierte a Libertad Digital el dueño de la Farmacia Benzú.

Este establecimiento —ubicado frente al espigón que ha sido testigo de esta crisis migratoria sin precedentes— mantiene sus puertas cerradas a cal y canto, y sólo las abre cuando llega un cliente. "No sabemos si puede venir una avalancha o qué va a pasar —se justifica—. A mí me ha dado miedo esta mañana al venir a trabajar ver que todo el centro de Ceuta y todos los alrededores estaban minados de inmigrantes".

Locales sin clientes

En el centro, precisamente, muchos comerciantes y hosteleros han optado por no abrir sus puertas. Los que se han atrevido a hacerlo, lamentan la falta de clientes: "Evidentemente, hoy es un día para no salir. Te ves abrumado por la cantidad de juventud marroquí que hay en las calles y que no sabe ni a dónde va ni qué va a comer", nos cuenta el dueño de El Refectorio, un conocido restaurante del centro de la ciudad. "Hay muchas personas mayores que tienen miedo a un tirón o, en fin, a lo que es una ciudad que no está debidamente protegida", explica.

A 300 metros, el dueño de la Pastelería Vicentino corrobora la imagen dibujada por su compañero: "Hoy es un día lamentable. Ahora mismo no hay nadie y no vienen por miedo. Cuando he ido a abrir, a las 7 de la mañana, tenía a 30 o 40 inmigrantes en la puerta y ha sido una locura".

En conversación con LD, este hostelero nos cuenta que las autoridades les están recomendando cerrar. "¿Y quién nos cubre las pérdidas? —se pregunta indignado—. Al final, como siempre, los perjudicados somos nosotros". Su terraza, que habitualmente luce macetas y flores, ha quedado desierta. "Se lo han llevado todo", denuncia. Y aun así no puede quejarse, porque el suyo no ha sido el negocio peor parado.

El asalto a una popular cafetería

A las 5 de la mañana un grupo de inmigrantes asaltaba la popular cafetería Aire, en el Paseo de las Palmeras. "Han reventado las puertas correderas y han entrado al local —nos cuenta su dueño—. Han arrancado la caja registradora de cuajo, se han llevado el dinero, alcohol y hasta las PDA (los pequeños ordenadores portátiles de mano, que se utilizan para tomar nota en muchos establecimientos)".

José Antonio Muñoz —porque a diferencia de otros hosteleros él no quiere ocultar su nombre—calcula que los daños ascienden a 3.000 euros, ya que, afortunadamente, en la caja apenas había unos 300 euros en efectivo, que son los que suelen dejar para poder ofrecer cambio a los clientes cuando abren.

"Esta mañana hemos sustituido todo y hemos abierto como cualquier otro día, porque estamos en nuestra tierra, en España, en Europa, y me niego a dar otra imagen que no sea la de normalidad", explica indignado. Aun así, dirige su rabia contra el Gobierno de Pedro Sánchez: "Que actúe y haga las cosas como las tiene que hacer".

A su juicio, "es incomprensible que se haga una valla de tantos kilómetros con tantos millones de euros y que luego no sean capaces de tener un espigón con 500 metros dentro del mar para que no puedan entrar a nado. Esto es absurdo, un despropósito", sentencia.

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