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La Dra. Esteva, sobre la ley Trans: "Nos preocupa la irresponsabilidad de decisiones tomadas sin pensar en la salud"

La coordinadora durante más de 20 años de la Unidad de Transexualidad de Andalucía advierte de los riesgos y denuncia que sólo representa al activismo

La coordinadora durante más de 20 años de la Unidad de Transexualidad de Andalucía advierte de los riesgos y denuncia que sólo representa al activismo
Manifestación de la Confluencia Movimiento Feminista en la Puerta del Sol | EFE
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La doctora Isabel Esteva

Isabel Esteva se jubiló hace poco más de un año, pero hasta entonces esta endocrinóloga había dirigido durante más de dos décadas la Unidad de Transexualidad e Identidad de Género de Andalucía. A lo largo de su trayectoria, ha podido compartir las vivencias de miles de personas que no se sentían cómodas consigo mismas, prestándoles toda la ayuda necesaria para, en algunos casos, cambiar de sexo y, en otros, dejar atrás otros problemas que les atormentaban y que les impedían ser felices.

Como ella, hay muchos profesionales repartidos por toda España que hoy se echan las manos a la cabeza al ver el anteproyecto de ley Trans aprobado por el Gobierno, que permite la libre autodeterminación de género desde los 14 años —desde los 12, incluso, si se cuenta con una autorización judicial— sin necesidad de informe médico.

Muchos evitan hablar del asunto por "miedo a ser perseguidos", pero la mayoría teme las consecuencias que esta ley pueda tener para la salud de muchas personas y especialmente de muchos menores. Por eso, lamentan que la ministra de Igualdad, Irene Montero, ni tan siquiera les haya escuchado.

"El debate ha sido entre el activismo y la ministra", lamenta la doctora. "Habla mucho, pero no sé si escucha". A la espera de que la ley Trans se tramite en el Congreso de los Diputados, la endocrinóloga narra su experiencia en Libertad Digital y advierte de que el anteproyecto del Gobierno confunde conceptos —una confusión que no cree ingenua— y va a dejar sin ayuda a muchos transexuales que realmente lo necesitan.

P: ¿Qué opinión le merece como experta el anteproyecto de ley Trans aprobado por el Gobierno?

R: El espíritu global carece de fundamentos conceptuales serios desde el punto de vista sanitario. Y fíjate, ya no me meto en la parte jurídica, porque voy directa a lo que yo he vivido, que es la parte sanitaria y la repercusión en la persona si ponemos tratamientos erróneos o si está confusa y no tiene profesionales que le acompañen a aclarar esa confusión.

Ayer, el ministro Juan Carlos Campo hablaba de los que tienen madurez y estabilidad, y digo yo… ¿qué es madurez y estabilidad en la identidad de género? Si no habéis definido a qué se llama madurez ni a qué se llama estabilidad. Pero es que tampoco se ha definido con qué se puede confundir una identidad cruzada, y tampoco se ha aclarado lo que es sexo y lo que es género. Y tampoco se habla nada de ninguna medida resolutiva de los problemas reales que tienen las personas transexuales, que son la falta de profesionales, las listas de espera o el subirles la autoestima y empoderarlos para que la sociedad les admita en un proceso de transición que es muy duro.

P: Para empezar, usted considera que hay una confusión de conceptos…

R: Sí, y creo que no es una confusión ingenua: todo metido en el mismo saco. Por supuesto que todos estamos a favor de las libertades individuales y en favor de las expresiones sociales, personales y de género diversas, pero lo que no se puede mezclar es lo que es una persona no binaria, con una persona transexual extrema o lo que es un niño que tenga algún sufrimiento personal o algún estrés postraumático o alguna situación vital muy dolorosa o que tenga confusión corporal y manifieste comportamientos que debe estudiar un psicólogo. Y nos han prohibido directamente que cualquier conflicto identitario pase por un psicólogo para ser atendido y escuchado. No se puede meter todo en el mismo saco a la hora de abordar las estrategias de tratamiento. Otra cosa es a la hora de definir terrenos de libertad, pero eso es otra cosa.

P: Se está abogando por una despatologización, que se vende como una gran victoria para el mundo trans, pero al final esto se traduce en una falta de seguimiento cuando hay personas que realmente sí lo necesitan…

R: Efectivamente, y no es que lo necesiten porque queramos ser paternalistas, ni protectores, ni jueces de nadie. Yo siempre pongo el mismo ejemplo: si cualquier persona que tiene insomnio, fracaso escolar, pesadillas o inseguridades personales va al psicólogo y pide a los profesionales que le acompañen a superar esos conflictos, cuanto más alguien que quiere cambiar el sexo, porque no se admite como es, ni su corporalidad, ni su mentalidad, ni su genitalidad.

Fíjate, además, en la contradicción que supone decir ‘quiero que me ayudéis a pasar al otro sexo’ y pedir un tratamiento en el que rechazo todo tipo de normas, pero a su vez tengo estereotipos de género sobre lo que deseo: si soy hombre y me siento mujer, quiero que me hagáis la mujer más perfecta del mundo, la más bella, la que tenga mayor tamaño mamario, más cara femenina, etcétera, etcétera. Y si soy chica y me siento hombre, quiero tener más músculos que nadie, la voz más ronca que nadie, más barba que nadie… Eso es reproducir los estereotipos sociales y eso es lo que llaman despatologizar: venir al médico e imponer tu criterio.

No lo van a hacer todas las personas transexuales, algunas van a pedir ayuda de otro tipo, pero la ley, en el fondo, ha convertido a los profesionales sanitarios en personas negativas para los transexuales y esa no es la experiencia que yo he recabado en todos estos años. El activismo no tiene nada que ver con el usuario que llega a las unidades. El activismo ha sido radical, pero el usuario de a pie no ha estado incómodo en las unidades. Ha estado incómodo por las listas de espera y por la falta de recursos, pero no por el trato recibido.

P: ¿Se ha contado con la experiencia de los profesionales que, como usted, han estado años al frente de las distintas unidades de transexualidad e identidad de género a la hora de redactar esta ley?

R: No se ha contado con nadie. El debate ha sido entre el activismo y las familias de algunos menores y la ministra de Igualdad. Si el debate se hubiera hecho con el Ministerio de Sanidad, el de Justicia y el de Educación, todos coordinados, se hubieran abordado diferentes parcelas. Nosotros hemos tratado a unas 10.000 personas en toda España, unas 3.000 en la unidad que yo he coordinado, en la que hay de todo, pero casi todo el mundo quería asegurar lo que estaba pidiendo y quería estar acompañado y con garantías. Y, de hecho, la Consejería de Salud de Andalucía hizo entrevistas aleatorias, por azar y anónimas, y el 95% de los usuarios estaba contento. Y estudios similares se han hecho en toda España y, sin embargo, el activismo sólo vende lo negativo y es que me están juzgando, me están controlando y yo no quiero esto.

El concepto de autodeterminación de género se ha aplicado para la despatologización, que nada tiene nada que ver con la libertad individual de ‘yo soy lo que soy y me siento como me siento y me tenéis que admitir’. Por supuesto, lo admitimos, pero lo que no se puede es no escuchar una historia, porque no todas las historias son de personas transexuales que necesitan ser tratadas, ni todas son muy claras en lo que exponen, ni todas tienen que operarse, porque a lo mejor dentro de un par de años se arrepienten de esa operación. Eso es lo que no se ha estudiado en la ley: la variedad de expresiones que hay de género y de situaciones clínicas complejas, muy complejas.

P: ¿Cuál es el perfil de las personas que acuden a las unidades de transexualidad y cómo se trabaja con ellas?

R: El perfil clásico del usuario que antes llegaba a la consulta era el de una persona que no vivía a gusto con su sexo propio y quería cambiar, no se miraba casi en el espejo porque no le gustaba su imagen y estaba continuamente pensando en transformarla y pedían ayuda. Y lo hacíamos durante meses con psicólogos y, si hacía falta por depresión o por ansiedad o por lo que fuera, con psiquiatría y con el endocrino.

¿Ahora qué es lo que hay? Pues el perfil que está llegando es el de personas mucho más jóvenes que antes, influenciadas mucho por las redes sociales y por los medios sobre lo aburrido que puede ser pertenecer a un sexo masculino femenino, con confusiones identitarias de todo tipo, no solo de sexo y género, sino religiosas, políticas, culturales, étnicas... Entonces, con ese tipo de persona influenciada que quiere la libertad extrema y que quiere que tú hagas lo que te pide, tienes que trabajar con ellos para saber qué es lo que te están pidiendo, porque a veces ni ellos mismos lo saben. Dicen que las unidades de 10 o 12 países están a favor de la autodeterminación, pero lo cierto es que nadie ha abandonado la entrevista clínica ni la presencia de profesionales que sepan hablar de sexo, género, evolución y personalidad.

P: ¿Qué le parece que se permita la autodeterminación de género a los niños a partir de 14 años o incluso 12 si cuentan con autorización judicial?

R: La excepción que sale en la tele o la excepción de la madre que te cuenta lo que está sufriendo su hijo, por supuesto que ocurre, pero hay que ver globalmente qué publica la ciencia internacional sobre esto. Nadie dice que un menor no tenga disforia de género y nadie dice que no haya que tratarlo. El problema es a qué edad se empieza a tratar y cómo es la historia de esa persona. ¿Es todo una disforia de género de la que no se sabe la causa? ¿O es una consecuencia de algún estrés vital sufrido en la infancia o de algún ambiente cultural, familiar o de algún rechazo a la imagen corporal, o que esté iniciando una anorexia o que no quiera madurar en su pubertad o un rechazo a una parte de su cuerpo, como pueda ser la mama? Todo eso hay que trabajarlo.

No todo es cambio de sexo y nosotros de lo que estamos en contra es de que esa persona solo trabaje consigo misma o con sus padres. Con todo mi respeto a los padres, todos queremos el bien de nuestros hijos, pero no somos expertos en todo lo que les ocurre y, cuando tenemos cualquier situación, consultamos a profesionales que sepan de ello. Ahora, si te dan un plazo o te dicen que hay que esperar a que el sujeto empiece mínimamente su pubertad para ver si sigue rechazando su corporalidad y dices que no… ‘No, es que yo ya quiero que le cambie usted los documentos y que empiece el tratamiento, porque mi niña o mi niño es muy grande y va muy adelantado y no voy a asumir que venga al psicólogo cada 3 o 4 meses’. Es muy complicado explicarlo, pero nosotros llevamos muchos años reflexionando sobre este asunto y ahora radicalmente somos los malos de la película y no tenemos muy claro qué ha pasado ahí, pero desde luego nos preocupa la irresponsabilidad de algunas decisiones tomadas sin pensar en la salud.

P: Ya sugería antes que la ministra se había dejado llevar por la opinión del activismo. Entiendo que usted cree que la ley Trans no representa a todos los transexuales...

R: Representa al activismo. A la persona transexual individual que llega a la consulta a pedir ayuda no la representa. Y el problema es que las personas confusas o personas que necesitan ayuda o familias que quieran contarte lo que ocurre en el seno de su casa, no van a encontrar profesionales expertos, porque los profesionales no quieren ya formarse en género, ni en sexo, ni en cambio de sexo ni identidad cruzada, porque piensan que, si esto es todo una variante de expresión social, ellos no tienen que intervenir y que, si intervienen, van a ser estigmatizados y perseguidos.

P: Su opinión es compartida por muchos compañeros de profesión, pero pocos se atreven a salir en los medios… ¿Por qué no hay más médicos que alzan la voz contra esta ley?

R: Hay muchos motivos. Algunos médicos no hablan porque no quieren exponerse a ser todo el día perseguidos porque sus ideas puedan parecer obsoletas, otros porque no tienen opinión, porque no han visto a personas transexuales en su vida y prefieren ser prudentes, y hay otros, muchos, que se han apuntado al carro de la modernidad y dicen ‘voy a sacar aquí todo lo que pueda y no voy a confrontar’… Pero hay muchos profesionales en las unidades públicas que ahora mismo están callados, sufriendo en su consulta la falta de apoyo que sienten por parte de sus instituciones.

P: ¿Qué le diría usted a la ministra de Igualdad si le estuviera escuchando?

R: Bueno, es que no escucha mucho. La ministra de Igualdad, si quisiera escuchar, habría llamado a los profesionales que trabajan en el día a día para entender las situaciones. Yo le diría que la ley, que todo el mundo está de acuerdo en no discriminar a nadie y en aumentar las libertades, debería haberse categorizado luego en apartados: personas que consultan en el ámbito sanitario, qué es lo recomendable o en el aspecto educativo… ¿Es recomendable que a un niño de 5 años le cambie todo? Pues a lo mejor hay que cambiar a un estado intermedio de respeto o no usar el género ni masculino ni femenino, pero a lo mejor tampoco hay que dirigirle ya la vida hasta que no se vaya viendo si la evolución ratifica sus cambios…

No sé lo que le diría, sinceramente, porque no sé si escucharía. He visto ya varias intervenciones y habla mucho, pero no sé si escucha. En cualquier caso, no ha convocado nada más que al activismo y yo de una ministra no espero sólo que represente a una parte de la sociedad, espero que se forme y represente a toda la sociedad lo máximo posible.

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