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José María Aznar y Pedro Sánchez, dos formas opuestas de actuar ante el chantaje de Marruecos

El expresidente siempre fue firme y nunca se plegó, mientras Sánchez ha regalado una de las bazas de máximo nivel que tenía España frente a Marruecos

El expresidente siempre fue firme y nunca se plegó, mientras Sánchez ha regalado una de las bazas de máximo nivel que tenía España frente a Marruecos
El rey de Marruecos, Mohamed VI, bajando de su avión oficial. | Flickr/CC/Paul Kagame

La democracia española tiene un poco más de 44 años. A lo largo de ese tiempo ha habido siete inquilinos en el Palacio de la Moncloa. El más breve fue Leopoldo Calvo Sotelo (UCD), que estuvo solo unos 22 meses al frente del Gobierno. El más longevo, Felipe González (PSOE), que dirigió el destino de nuestro país durante casi 14 años. Todos han tenido que lidiar con Marruecos, un país que unos días actúa como buen vecino y otros se convierte en el gran enemigo del sur, según le interese.

Cada presidente del Gobierno ha gestionado esta situación como bien ha sabido, podido, querido o le han aconsejado su batallón de asesores. Lo que está claro es que, pese a que históricamente ha habido una línea más o menos homogénea, hay diferencias entre unos y otros. El más firme de todos fue José María Aznar. El más dócil, José Luis Rodríguez Zapatero. Caso a parte es el de Pedro Sánchez, que ha renunciado a uno de los principales postulados históricos españoles.

Sin explicaciones públicas o parlamentarias de ningún tipo, sin consulta ni advertencia previa a los partidos de la oposición o, incluso, a la otra formación política que forma parte de la coalición de Gobierno, aprovechando un viernes por la tarde-noche, cuando la actividad política y periodística está ya prácticamente desaparecida, anunció Pedro Sánchez que España se plegaba a la exigencia marroquí de que nuestro país apoyase la marroquinidad del Sáhara Occidental.

El anuncio de cómo España cedía y echaba por la borda una de las bazas de máximo nivel que tenía frente a Marruecos —la importancia de las bazas de negociación en estos casos está en qué significan para el otro, no para tu propia país— se produjo poco antes de que se conociese que el teléfono de Sánchez fue atacado en 2021 con el software malicioso Pegasus, consiguiendo extraer de su terminal un total de 2,7 gigas de información.

El Gobierno no ha explicado qué información se extrajo del teléfono presidencial y no ha podido o sabido quitar tanto a la opinión pública como, incluso, al propio socio de Gobierno —la coalición Unidas Podemos—, la sensación de que el cambio histórico de la posición sobre el Sáhara se puede deber a que Marruecos —el país sobre el que se centran absolutamente todas las sospechas del espionaje telefónico— tiene documentos muy comprometedores sobre Pedro Sánchez.

Libertad Digital ha venido en los últimas días informando de cómo Begoña Gómez, la mujer del presidente español, ha extendido sus líneas de negocio desde que su marido está en La Moncloa, expandiéndolas desde África hasta las playas de Punta Cana. Unas oportunidades de negocio que también han llegado hasta Marruecos, precisamente en un momento de máxima tensión donde se estaba reconstruyendo las relaciones hispano-marroquíes.

Es por esto que a las dudas sobre si la cesión política de Sánchez a Marruecos con el Sáhara se debió al robo de documentos que se realizó de su teléfono móvil, se puedan unir asimismo a las dudas sobre si esa cesión también pudo tener como objetivo facilitar la expansión de los negocios de su mujer o si fue una compensación personal por el desgaste político que le iba a acarrear el cambio de posición sobre el Sáhara debido al chantaje.

Mientras Sánchez ha regalado a cambio de nada a Marruecos una de las bazas negociadoras de máximo nivel que siempre ha tenido nuestro país, Aznar siempre se mantuvo firme con el régimen alauí en este sentido. De hecho, apoyó el censo de saharauis realizado por la Minurso (la misión de la ONU para el Sáhara) y el plan para solucionar el conflicto de Sáhara Occidental basado en un referéndum de autodeterminación.

Una firmeza que no encajó nada bien un Mohamed VI que ascendió al trono en 1999, en plena polémica con el censo, y que también vio cómo España ponía contra las cuerdas el plan pesquero que el régimen de Rabat quería firmar con la Unión Europea porque marroquinizaba los caladeros saharauis y se apropiaba de su riqueza. Un monarca que había tomado el relevo de su padre (Hassan II) con aires duros reivindicando la marroquinidad de Ceuta y Melilla.

El primer ataque grave de Mohamed VI contra España llegó en julio de 2002, cuando una decena de efectivos de la Gendarmería Real tomaron el control del islote de Perejil. Lejos de escuchar las voces que desde la izquierda pedían negociar con Marruecos, incluso claudicar y ceder la soberanía del islote, Aznar ordenó recuperar la isla con una operación militar que acabó con los gendarmes devueltos a Marruecos como si fueran vulgares inmigrantes ilegales llegados en patera.

Una operación, denominada Romeo-Sierra, que realizaron operativos del Mando de Operaciones Especiales (MOE) del Ejército de Tierra, que contaron con el apoyo del Buque de Asalto Anfibio L-52 Castilla de la Armada -a cuyas miembros de operaciones especiales (FGNE) se entregó a los alauíes para que fueran trasladados a tierra- y con una superioridad aérea que garantizaban los cazas F-18 y Mirage F-1 -a los que sustituyen los actuales Eurofighter- del Ejército del Aire.

La herida causada a Mohamed VI por el incidente de Perejil fue tan intensa que el monarca alauí se la intentó devolver incluso cuando Aznar ya llevaba cuatro años fuera de La Moncloa. Fue en 2008, cuando el semanario L'Observateur du Maroc publicó que la entonces ministra de Exteriores francesa, de ascendencia marroquí, Rachida Dati, soltera y sin pareja conocida, estaba embarazada y que el padre del bebé era el ya expresidente español.

El director del semanario alauí era —y sigue siendo—Ahmed Charaï, un colaborador histórico de la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio de inteligencia exterior marroquí, que depende directamente del ministro de Defensa. Parece claro que lo publicado en ese momento fue con conocimiento de causa y alentado directamente desde el Gobierno de Rabat y el Palacio de Mohamed VI.

Aznar, una vez más, no se plegó ante Marruecos y denunció el bulo a través de un comunicado de la Fundación FAES, que ya presidía en ese momento. Dati se negó inicialmente a hacer público quién era el padre de su hijo. "Tengo una vida privada complicada y no diré nada sobre eso", dijo. Aunque actualmente ya se sabe que es el empresario y multimillonario francés Dominique Desseigne, casi treinta años mayor que ella y que enviudó en 2001.

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