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Irene Montero recibió un aviso antes de viajar a Nueva York: silencio sobre Melilla o menos presupuesto

El mensaje de Moncloa fue claro: silencio de todos los ministros. Y el que no lo cumpla, verá las consecuencias en sus partidas presupuestarias.

El mensaje de Moncloa fue claro: silencio de todos los ministros. Y el que no lo cumpla, verá las consecuencias en sus partidas presupuestarias.

Irene Montero tenía muchos motivos para alejarse en una escapada a EEUU con su amigas ministeriales. La presión de los medios de comunicación para que contestara a las preguntas sobre las muertes en el valla de Melilla crecía día a día. Ella había recibido la orden de Moncloa de que debía permanecer en silencio. Pero el desgaste de la otrora embajadora de los derechos de los inmigrantes era obvio ante la prensa y Podemos no está para presiones extra. Y menos cuando el mensaje de Moncloa fue rotundo: la incoherencia de Pedro Sánchez defendiendo a los agentes marroquíes que provocaron más de un veintena de muertes debe contar con un muro de silencio de todos los miembros del Gobierno. Y el que no lo cumpla, verá las consecuencias en sus partidas presupuestarias. E Irene Montero no quiere perder el control de las partidas con las que riega a sus colectivos de potenciales votantes.

Las vacaciones de lujo de Irene Montero y su séquito ministerial en Nueva York con cargo al presupuesto público ha generado una de las mayores polvaredas contra Podemos. Mientras toda España se sumerge en una nueva crisis de potentes dimensiones, el séquito de Montero se sacaba fotos turísticas en los más populares lugares de Nueva York y Washington. Y todo ello, con un viaje en Falcon incluido, y una agenda ministerial de contactos literalmente injustificable.

Y es que, como ha publicado Libertad Digital, Montero anunció un inaplazable y fundamental encuentro con la Oficina de Derechos Humanos de la ONU para abordar "la sentencia del Supremo sobre el derecho al aborto de las mujeres estadounidenses". Y acabó viéndose con David Stacey, director de Asuntos Gubernamentales del Comité de Derechos Humanos de la ONU, y Andrea Gillespie, abogada de la fundación Human Rights Campaign por la defensa de los derechos LGTBI, quintas filas que nada tienen que decir sobre el aborto ni determinan la postura de EEUU ante la ONU.

La ministra anunció también otro decisivo encuentro para "impulsar políticas que rompan con la desigualdad y una legislación antirracista" y acabó citada con Chiraag Bains, asistente adjunto del presidente y director adjunto del DCP para la Justicia Racial y la Equidad. Un asistente, con nula capacidad de decisión sobre nada. Eso sí, Igualdad aseguró que el mencionado cargo "dirige las políticas relativas a la Justicia Racial y la Equidad". Un asistente adjunto.

O, sólo por poner otro ejemplo, Irene Montero alardeó de una reunión clave para abordar "las acciones legislativas de ambos Gobiernos contra la violencia machista". Y resulta que se vio con Jennifer Klein, directora Ejecutiva del Consejo de Políticas de Género de la Casa Blanca, nombre que describe a la asesora independiente de un Consejo consultivo, con cero decisión ejecutiva y ni hablar de la legislativa. Esto es, el viaje no tenía objetivo gubernamental. Y, menos, en la era de la videoconferencia. Pero sí vino como anillo al dedo como parapeto. Y es que la relación de Irene Montero con su propio Gobierno se ha agriado un poco más tras el episodio de las más de veinte personas que murieron en el lado marroquí de la valla de Melilla en el último asalto inmigrante.

A Montero le impusieron el silencio —como se pudo comprobar en la rueda de prensa del Consejo de Ministros— y le exigieron, como al resto de ministros, que no hubiera fisura en este asunto con el presidente. Sánchez defendió a los agentes marroquíes en lo que nunca hubiese defendido en caso de haberse producido a manos de agentes españoles. Toda España piensa que lo hizo por sumisión a un Marruecos ante el que no deja de mostrar pleitesía tras descubrirse el espionaje a su móvil. Y dejaba con el flanco descubierto a un Podemos que dice defender a la inmigración ilegal hasta que, eso sí, se juega sus sillones… o sus presupuestos. Y, en esta ocasión, fue lo segundo.

Porque el mensaje de Moncloa suponía que, quien rompiera el pacto de silencio sobre Melilla, vería trasladar sus anuncios y partidas estrella a otros departamentos. Y el Ministerio de Igualdad es el idóneo para ser vaciado. Básicamente, porque es un departamento inventado: todas sus partidas se pueden derivar. ¿Cómo? Las de ayudas sociales, llevándolas al Ministerio de Derechos Sociales; las de protección a las mujeres, dándoselas a Interior; las de promoción educativa, a Educación; las de incentivos fiscales, a Hacienda; las de ayudas laborales, a Empleo; o las de apoyo en cotizaciones, a Seguridad Social. Y eso hubiese supuesto el fin de la distribución de las prebendas feministas desde las manos de Irene Montero. Y, por lo tanto, el fin del abanderamiento del feminismo.

Y Nueva York, especialmente vivido en viaje gratis con amigas, no es mala plaza para olvidarse de esa pesadilla.

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