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La agresividad y chulería de Sánchez "reflejan su nerviosismo: ha perdido el control"

Cabreo generalizado en la prensa -salvo en la afín de obediencia perruna– por los ataques de Sánchez.

Cabreo generalizado en la prensa -salvo en la afín de obediencia perruna– por los ataques de Sánchez.
Pedro Sánchez y el presidente del Gobierno de Canarias, Angel Víctor Torres en La Palma. | EFE

El Mundo

"El soberanismo desesperado agita el 17-A contra el Estado acusando al CNI" del atentado de las Ramblas. En fin, esa panda de chalados se agarra a un clavo ardiendo para llamar la atención. Iñaki Ellakuría dice que "cinco años después del atentado de Las Ramblas, éste ha quedado en el olvido, como si hubiera sido una anécdota y no la consecuencia de la penetración del salafismo en España . Una indiferencia que ha permitido al nacionalismo catalán secuestrar el relato en torno a lo ocurrido para seguir acusando "al Estado" de haberlo propiciado y/o permitido para abortar el procés". Iñaki, no hagas mucho caso de lo que diga el frenopático indepe. Y menos de lo que diga el sectario de Roures y la basura esa que publica en internet.

"Sánchez niega que vaya a cambiar ministros y acusa a los medios de "intoxicar": "No entra en mis planes"". Parecía Pablo Iglesias después de haber ido al dentista. Es sospechosa esa agresividad contra los medios, siempre ha habido rumores sobre cambios de gobiernos, con todos los gobiernos, unas veces se han cumplido y otras no, pero ningún presidente ha arremetido así contra los informadores. Por algo será, Sánchez no puntada sin hilo.

Y el PP ha respondido a la filtración del Gobierno a El País de un supuesto pacto para renovar el CGPJ con García Egea. "El PP acusa a Sánchez de "trilerismo" por "filtrar" un acuerdo sobre el Poder Judicial al que "el propio Gobierno no dio validez"". Es curiosísimo, la verdad. El Gobierno arremetía día sí, día también contra Casado por no renovar el CGPJ, le acusaba de no tener sentido de Estado y toda clase barbaridades, las mismas perlas que le dedica ahora a Feijóo, y resulta que habían firmado un acuerdo. Se ve que el Gobierno mentía, paren las máquinas.

El Mundo dice que "el presunto acuerdo entre PSOE y PP -cuyos extremos negociaron el ministro Félix Bolaños y el número dos de Pablo Casado, Teodoro García Egea- que el Gobierno ha filtrado no deja de ser un burdo intento de politización de la Justicia, al que tristemente la antigua dirección de los populares se prestó en un intercambio de cromos partidistas totalmente inadmisible". Y eso que Casado decía que eso no lo iba a hacer nunca. En fin, Casado, ¿quién es Casado? Sánchez es el único que le echa de menos.

El País

"El Gobierno y PP se enzarzan por el pacto sobre la ley del Poder Judicial". "Pedro Sánchez ha acusado al PP de mantener "una actitud obstruccionista, de no a todo"". Sí, tiene guasa el tío, el del no es no, y no es no y qué parte del no no ha entendido. "Según el PP, el Gobierno hace un ejercicio de "trilerismo político" al aludir ahora a ese documento, al que no dio "rango de vigencia", porque de haberlo hecho había reclamado antes al PP que cumpliera lo firmado. La nueva dirección de los populares asegura que cuando se retomaron las conversaciones tras la llegada de Feijóo las dos partes empezaron "con un folio en blanco"". El Gobierno lo niega, pero ya conocemos el problemón que tiene Sánchez con la verdad, se lleva fatal con ella. El País no comenta el ataque bestial de su jefe a la prensa por la chorrada del cambio de Gobierno, lo normal en Pepa Bueno.

ABC

"Parón estival para azuzar a la prensa y al PP". Le faltó abofetear a los periodistas que le escuchaban intimidados. Es su propio gabinete el que filtra esas informaciones sobre cambios de gobierno, que les diga a los suyos que dejen de intoxicar. Los periodistas que han publicado eso deberían romper el secreto profesional y estamparle en la cara al presidente los nombres de los socialistas que se lo han contado a modo de ¡zas! en toda la boca.

Además, como recuerda ABC "hace meses negó cambios en la Ejecutiva del PSOE y el Grupo Parlamentario que luego se produjeron". Ha quedado meridianamente claro que se va a hacer un Iglesias y que la prensa está en su punto de mira para los próximos meses.

Dice el editorial que "no es nueva la difícil relación del Ejecutivo de Sánchez con la libertad de información". "En su relación con los medios (naturalmente, con los no afines) Sánchez cada vez se aproxima más a las teorías del que fuera su vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, que llegó a asegurar que «la existencia de medios privados ataca la libertad de expresión», una sandez que supone una contradicción en términos". Y eso que tiene una auténtica corte de periodistas y tertulianos haciéndole la pelota todos los días. Ya le hubiera gustado a Rajoy o a Aznar.

"El líder del PSOE ha poblado su actual argumentario de parte de las abrasivas y descabelladas tesis de Iglesias sobre los 'poderes fácticos y malignos' que se oponen a la gestión progresista de la coalición de Gobierno en beneficio de unos fantasmagóricos «intereses ocultos» que nunca llega a concretar. Esta deriva quejumbrosa del presidente ha coincidido con su mala posición en las encuestas, donde hasta el CIS dirigido por José Félix Tezanos reconoce que Alberto Núñez Feijóo supera claramente a Sánchez en intención de voto". Quiere que el espejito le vuelva a decir que es el más guapo del lugar.

"Su perseverancia en la detección y señalamiento de los enemigos del 'progreso' de España revela el nerviosismo del líder socialista, que ayer, en vez de limitarse a negar que vaya a acometer cambios en su gabinete como han sugerido algunos periodistas, acusó literalmente a los medios de «intoxicar», permitiéndose incluso dar lecciones sobre el modo en que se tiene que informar. Ya embalado, llegó a hacer «un llamamiento a los medios para que informen»". Fue inaudito. Vaya tonito. Parecía que intentaba amenazar y asustar a los periodistas, algo indigno de un presidente del Gobierno.

"Y finalmente, e independientemente de que haga o no cambios en el Gobierno, la responsabilidad de que su palabra valga lo que vale la tiene él", que ha demostrado ser un redomado embustero sin remedio.

La Razón

"Sánchez, sin credibilidad: hace un año negó una crisis de Gobierno y a los diez días cambió a los ministros". Pero vamos, al margen de que mienta o no, le sobró la chulería. "Las palabras y el tono de Sánchez reflejan el nerviosismo que hay en el PSOE porque han perdido el control de la situación por completo". Vale, pero no hay que perder las formas y la educación. Las borderías, en casita si le deja Begoña.

Juan Ramón Lucas dice que "Sánchez acusa a la prensa que osa cuestionarle de querer intoxicar, por decir algo que él no piensa hacer. Sánchez, sí, el mismo que defiende con la misma vehemente severidad una cosa y la contraria si le interesa, el político más capaz para el digodiego de los que ha dado la historia española contemporánea, sale al patio de la prensa a acusar de intoxicación a quien afirma que va a hacer o no hacer algo". Menudos humos gasta el presidente. Habrá que bajárselos. "Los más avezados analistas sostienen que hay que atender a Sánchez y sus promesas para saber exactamente qué va a hacer: lo opuesto". Tampoco hay que ser un avezado analista. Basta con haber seguido mínimamente la trayectoria de Sánchez.

Hasta el socialista Tomás Gómez lo sabe. "Parece que Moncloa están ultimando una remodelación del gobierno. La decisión es el último coletazo que dejan las elecciones andaluzas. Después de los cambios en la dirección del PSOE, llegan en el gobierno. De momento Sánchez lo ha negado, aunque ya sabemos que siempre niega lo que va a hacer después". El mayor intoxicador de la democracia se llama Pedro Sánchez.

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