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Batiburrillo ideológico de Pedro Sánchez en la ONU

El presidente del Gobierno pasa de puntillas por asuntos como el Sáhara Occidental o Gibraltar, pero abunda en los postulados de la izquierda.

El presidente del Gobierno pasa de puntillas por asuntos como el Sáhara Occidental o Gibraltar, pero abunda en los postulados de la izquierda.

La salud global, la crisis alimentaria, la transición ecológica, la transición digital y la igualdad de género, esos son los desafíos a los que se enfrenta la comunidad internacional según Pedro Sánchez. Así lo ha asegurado el presidente del Gobierno español durante un discurso ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, con el que ha concluido su agenda en Estados Unidos.

Sánchez se ha dedicado a promover su propia sección, se ha presentado como una especie de salvador que lleva al país por la senda de la prosperidad y ha presumido de una España que resulta poco menos que irreconocible. Como es obvio, el del PSOE ha acudido a la ONU como presidente del Gobierno español, pero ha dedicado su intervención para algo personal: hacer campaña para su candidatura a presidir la internacional socialista, que anunció apenas unas horas antes de su comparecencia.

El Jefe del Ejecutivo no sólo ha hecho propaganda de su propia gestión, sino que ha levantado todos los estandartes que la izquierda española e iberoamericana llevan a gala, desde la transición ecológica a la igualdad de género. Incluso ha elogiado la figura del comunista Gustavo Petro, que no sólo militó en la organización terrorista del M-19 sino que reivindicó a este grupo en su toma de posesión como presidente.

"Colombia inicia una nueva etapa de esperanza", ha dicho Sánchez a la llegada al Gobierno de Petro. Sánchez no sólo ha olvidado el pasado del colombiano sino que tampoco ha recordado su presente, marcado por las expropiaciones de tierras que acometerá (después de haberlo negado en campaña), o las controvertidas declaraciones que realizó durante su intervención en la propia Asamblea, pidiendo en el fin de "irracional guerra contra las drogas" en un momento en el que la implicación de diversos gobiernos con los narcotraficantes es uno de los problemas acuciantes de Iberoamérica.

De hecho, en un momento de notable hipocresía, el propio Sánchez ha hablado en su discurso de la lucha contra las drogas cuando el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, ha aprovechado su presencia estos días en Estados Unidos para reunirse con su homólogo de la narcodictadura bolivariana.

La solución mágica, el "multilateralismo"

Pese a su irrelevante papel en la arena internacional, Sánchez ha situado a España a la vanguardia en la respuesta ante las distintas crisis que sufrimos. Entre ellas, la crisis alimentaria generada por la guerra, aunque ni siquiera se ha atrevido a mencionar la invasión rusa de Ucrania, iniciada por orden de Vladimir Putin el pasado 24 de febrero.

Respecto a otro de sus temas fetiche, el presidente del Gobierno ha asegurado que la crisis climática ha puesto en jaque al planeta. Una vez más, sin aportar la más mínima prueba de ello. También ha querido destacar que -en su opinión- la pandemia ha exacerbado las desigualdades en todo el mundo.

Ante esta situación, el Jede del Ejecutivo ha afirmado que "es comprensible el hartazgo, especialmente entre los jóvenes nacidos con este nuevo milenio". Sin embargo, ha querido ofrecer una esperanza tanto a los jóvenes como a la comunidad internacional.

Atención porque la solución a todo es el "multilateralismo", que es como él llama a la cooperación. Un hecho curioso -y seguramente no casual- es que esta era la base del primer discurso de Barack Obama ante la Asamblea en 2009, al que la intervención de Sánchez se parece bastante.

El precio del multilateralismo

La concepción del "multilateralismo" del presidente del Gobierno se ha concretado en un reparto de millones que Sánchez ha anunciado a boca llena ante la Asamblea de las Naciones Unidas. Por supuesto todo a costa del contribuyente español al que, por el otro lado, se exige un esfuerzo fiscal cada día mayor y se amenaza con nuevos impuestos. El nuevo cargo a las arcas del Estado para su lucha por la igualdad de género: 100 millones de euros que entregará a organizaciones como ONU Mujeres, el enorme chiringuito de las Naciones Unidas para temas relacionados con el feminismo.

Otro momento espectacular de la intervención ha sido cuando Sánchez ha constatado "retrocesos" en derechos de las mujeres. Llama la atención que mientras mueren mujeres en las calles de Irán, en su lucha por liberarse de la dictadura islamista, él ha puesto como ejemplo de esta pérdida de derechos nada más y nada menos que a Estados Unidos. Ni Irán, ni Cuba, ni Afganistán... EEUU. España por el contrario, ha asegurado, "es líder en la conquista de derechos en la defensa de la igualdad real y efectiva".

De puntillas por el Sáhara

Como ha venido haciendo los últimos años, Sánchez ha hecho referencia a la situación del Sáhara Occidental. Aunque, eso sí, ha eludido hacer mención al cambio de postura del Gobierno español, que quedó patente -el pasado mes de marzo- cuando avaló el plan de autonomía de Marruecos. Lo aceptó como la vía "más seria, creíble y realista".

Una posición que se ha visto reforzada por el reconocimiento de la "marroquinidad" del Sáhara Occidental, realizado por el propio Sánchez y que fue agradecido por Mohamed VI durante el 69° aniversario de la Revolución del Rey y del Pueblo. Con él se abría -dijo- "una nueva página en las relaciones de confianza y el fortalecimiento de la asociación de calidad" con nuestro país, al que tildó de "amigo".

Ante la Asamblea de la ONU -claro está- ni una palabra sobre este extremo. Sánchez ha abogado por "una solución política mutuamente aceptable y en el marco de la Carta de las Naciones Unidas y de las resoluciones del Consejo de Seguridad". Lo que sí ha reiterado es la idea -repetida en los últimos meses como un mantra- de que "no podemos arrastrar conflictos del pasado". Es decir, la tesis con la que el ejecutivo español justifica el cambio de posición hacia el plan de autonomía marroquí.

Nada esta vez sobre el derecho de "libre determinación" del pueblo saharaui, algo a lo que la ONU hace referencia en sus resoluciones. Sí lo incluyó durante su alocución de 2018, pero desde entonces no lo ha vuelto a mencionar. Deja la pelota sobre el tejado de la ONU y el Enviado Personal del secretario, Staffan de Mistura, cuya labor ha considerado "fundamental".

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