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Otra menor tutelada por la Generalidad de Cataluña acaba mal: fugas, prostitución y abusos sexuales

La madre pidió ayuda pero la niña acabó siendo ingresada en un centro de menores tutelado. A partir de ahí, su vida se convirtió en una pesadilla.

La madre pidió ayuda pero la niña acabó siendo ingresada en un centro de menores tutelado. A partir de ahí, su vida se convirtió en una pesadilla.
La madre de Laura niega el desamparo desde el principio. | MERCEDES

La historia de Mercedes -nombre ficticio- es la de una madre que recurrió a los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona para que le ayudaran a encarrilar a su hija adolescente, a la que llamaremos Laura, con la que tenía muchos conflictos. Pero de nada sirvió. Incluso fue necesaria la presencia de los Mossos d'Esquadra en varias ocasiones. Así que terminó interviniendo la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) de la Generalidad de Cataluña, hace aproximadamente dos años.

Cabría esperar que esto hubiera mejorado la situación, que -como deseaba su madre- hubiesen acabado los problemas de conducta de la niña, que hubiera vuelto a estudiar y que tuviera mejores expectativas de futuro. Pero nada más lejos de la realidad. Desde que la DGAIA entra en escena, Mercedes vive en una pesadilla y su hija está peor de lo que estaba. Laura, que ingresó en un centro de menores tutelado, ha acabado prostituyéndose y alejada de su progenitora.

El conflicto familiar que arrastraban se ha hecho aún mayor, a raíz de que la abuela materna de la chica se ha entrometido en el procedimiento y -sorprendentemente- los responsables de la administración autonómica lo han permitido. La mujer, que es la madre de Mercedes (aunque no quien la crio), intenta complicarle la vida. Tienen desavenencias desde hace algunos años y ha llegado a poner denuncias contra ella para intentar arrebatarle a sus hijos. Lo cierto es que a día de hoy casi lo ha conseguido.

La DGAIA le retiró la custodia de los tres pequeños alegando "desamparo preventivo", pese a que sus propios informes no acreditan que hubiera ningún peligro para ellos o motivo que justificase tal decisión. "Me dicen que es una cuestión de que no les pongo límites", señala Mercedes. Ella asegura que siempre se ha preocupado de su educación y que es la abuela -con quien ella ya no tiene relación- quien les influye negativamente. Sin embargo, a ésta le siguen permitiendo las visitas a los niños en el centro. "Conmigo siempre han estado bien cuidados, escolarizados y con seguimiento médico", asevera.

El grito de socorro

"Yo pedí ayuda porque mi hija adolescente estaba mal", explica Mercedes. La niña tenía problemas psicológicos y de conducta desde los 11 años. Incluso se autolesionaba. Ya tenía casi 15 años y la cosa no había ido a mejor. Para entonces ya "fumaba hachis y marihuana". Cada vez era más complicado hacerse con ella. Alentada por su abuela materna, se escapaba a menudo para irse a su casa y ésta aprovechaba para ponerla en contra de su madre. Era un entorno "tóxico" y poco "conveniente" para una adolescente.

Aunque no estaba de acuerdo con la decisión de la DGAIA de ingresar a su hija en un centro de menores y siempre ha negado el desamparo, Mercedes llegó a pensar que el internamiento de Laura podría ser bueno para ella. Al principio estaba un poco nerviosa, pero pronto comenzó a "hacer amiguitas". Y cuando "parecía que estaba bien", y su madre esperanzada con que podría producirse un cambio positivo en ella, "empezó a escaparse del centro".

Se había hecho amiga de una chica algo mayor que ella. Compraban alcohol y se emborrachaban. Y así hasta que entró en el mundo de la prostitución. Algunas compañeras del centro le comentaron a Mercedes que "iba con hombres a cambio de dinero" y "que acabaría mal". Tuvo la certeza de que la niña se prostituía después de conocer un sórdido episodio en el que la pequeña denunció que un hombre había abusado de ella.

Según consta en la denuncia, ella había quedado con un chico al que había conocido por las redes sociales para mantener sexo a cambio de 100 euros. Pero el que acudió al encuentro fue otro hombre, más mayor, que la habría forzado a hacer cosas que no quería. El pago se produjo y se ha investigado como un "acto de prostitución", aunque a la madre no se le ha informado en ningún momento del procedimiento abierto tras la denuncia de la menor.

Por otra parte, la comunicación con la niña es casi nula desde que hace unos meses fue entregada en "acogimiento provisional" a su abuela, a pesar de la oposición expresa de la madre, que lo ha dejado patente en varios escritos a los que ha tenido acceso LD. El pasado 20 de octubre, Mercedes solicitó "el regreso de Laura al centro tutelado en el que estaba, hasta que se resuelva el desamparo" o la chica cumpla los 18 años.

Querella contra la DGAIA

El 22 de mayo de 2022 el abogado de Mercedes interpuso una querella criminal -a la que ha tenido acceso LD- contra la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia de la Generalidad de Cataluña y las personas que resulten responsables en virtud de la investigación de delito de abuso y/o agresión sexual a la menor.

En el texto, se señala la responsabilidad de la administración autonómica teniendo en cuenta que la niña "mantuvo relaciones sexuales con personas mayores a cambio de dinero, estando tutelada por la DGAIA e interna en el centro" de menores y que "ni la DGAIA ni el centro facilitan información" a Mercedes de la mencionada agresión y/o abuso sexual, "dejando a la madre totalmente apartada de la vida de su hija".

Según nos ha explicado su abogado, aunque un responsable de la DGAIA acompañó a la menor a una comisaría para poner la denuncia por la agresión y/o abuso sexual, no ha habido ninguna iniciativa jurídica más por parte de la Generalidad de Cataluña, que no ha ejercido de acusación contra el presunto agresor de Laura, "incumpliendo" así con "su obligación de promover la persecución de delitos" y poniendo en entredicho "sus deberes de tutela, acogimiento y prestación de toda asistencia".

Cabe insistir, señala el letrado, en que "la Fiscalía es quien tiene la obligación de perseguir el delito" y "no ha actuado". Por su parte, el juzgado de instrucción "no ha querido continuar la investigación", al entender que "no hay delito". Tanto es así que el caso ha sido archivado. No obstante, el abogado de Mercedes -la madre de la menor- ha recurrido. Esa es la situación actual del procedimiento.

Le arrebatan otros hijos

Pero la pesadilla no acaba aquí. En septiembre del año pasado, fueron a su casa a quitarle a sus otros tres hijos. Mercedes también culpa de esto a la abuela, quien -dice- malmete contra ella, contando mentiras a los funcionarios. En cualquier caso, llama la atención que la DGAIA termine retirando la custodia de unos niños que -según recogen los informes- se encuentran en buen estado a una madre que quiere hacerse cargo de ellos.

Según nos cuenta, los pequeños -que entonces tenían 5, 6 y 11 años- están llevando "fatal" la separación. Y a su madre, se le cae el alma a los pies al ver en qué condiciones los tienen: "van oliendo a sudor, con piojos, las uñas sucias, negras y largas...". "Ellos nunca han ido como ahora", asevera Mercedes. Sólo le consuela saber que "los educadores los tratan bien y los quieren".

Ella asegura que en su casa "nunca ha habido nada raro... Ni alcohol, ni drogas, ni hombres, ni nada". "Yo siempre he vivido por y para mis hijos", insiste. "Estaban escolarizados, cuidados, limpitos, con buen seguimiento médico... Y todo esto se ha demostrado con informes". El último, recientemente. Además, se ha sometido al llamado ‘plan de mejora’ y ha hecho todo lo que le han pedido para recuperarlos.

La amenaza de la Generalidad

De momento, siguen sin devolvérselos. Y -asegura- no dejan de mentirle. "Me dijeron: cuando volvamos de vacaciones haremos ampliación de visitas", pone como ejemplo, "pero nada". Más bien al contrario, le reprochan que esté por el barrio donde está el centro. "No quieren que vaya ni a tomarme un café", explica Mercedes, "dicen que es provocación y que me cortarían los permisos con mis hijos". "Esto para mí es una amenaza", sentencia.

A ella le calma estar por ahí y asegurarse de que están a salvo. "Te aseguro que yo no voy a acercarme ni a hacer problema", indica en declaraciones a LD. Pero no se fía del "círculo de amistades" de su madre. Y en concreto de un búlgaro al que ha denunciado. "Subió en el Facebook que se quiere llevar a mi hija", exclama. Lo ve capaz. Se dedica "a cosas raras" y teme que cumpla con su amenaza. Laura será mayor de edad en tan sólo unos meses, y ya no podrá ser reclamada si se marcha voluntariamente.

En estos momentos, la abuela tiene a la chica en "acogimiento provisional". "La nena me odia", lamenta Mercedes, que teme que eso pase también con sus otros tres hijos. Las intenciones de su madre no son buenas, cree ella. De hecho, se llevaron bien mientras le echó una mano económicamente. Después, todo cambió. Lo relatado le lleva a pensar que "lo que busca es vivir de mi hija adolescente". Lo peor es que todo esto ha pasado porque la Generalidad de Cataluña lo ha permitido. Y Mercedes sólo quiere que le devuelvan a sus hijos.

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