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Los padres de Sandra Bermejo piden que se deje de hablar de su vida: "Ni era bipolar, ni estaba en tratamiento"

Los familiares de la joven madrileña sólo quieren que se investiguen los asuntos pendientes en relación con su muerte para poder comenzar su duelo.

Los familiares de la joven madrileña sólo quieren que se investiguen los asuntos pendientes en relación con su muerte para poder comenzar su duelo.
Sandra Bermejo, hallada muerta en el Cabo de Peñas (Asturias). | FACEBOOK

"Ni tenía depresión, ni era bipolar, ni estaba en tratamiento", así de tajante es el portavoz de la familia de Sandra Bermejo con el que ha podido hablar Libertad Digital y que pide respeto para la joven fallecida. "Desgraciadamente está muerta, que dejen de hablar de su vida personal. No lleva a ningún sitio", explica. "El pasado 23 de diciembre", recuerda, "encontraron su cadáver".

"Sólo queremos que se investiguen las cuatro cosas que quedan pendientes y empezar nuestro duelo", comenta durante la conversación. No son días fáciles para los que querían -quieren- a Sandra. No fue hasta el día 4 de enero cuando les confirmaron que el ADN del cadáver hallado en el entorno del Cabo de Peñas era compatible con el de la madrileña, desaparecida el pasado 8 de noviembre.

Según nos cuenta, se quedaron en shock. Unos días antes les habían dicho que "no coincidía el odontograma (radiografía bucal)" y que -por eso- "descartaban que se tratase de Sandra". Se equivocaron. Cometieron el peor de los errores posibles. El dolor, al conocer la noticia, fue aún mayor. Un daño al que ahora se suma al que causan las mentiras y medias verdades que se están publicado sobre la joven, a raíz de la filtración de algunas de las actuaciones policiales.

La caja de Pandora

No entienden la finalidad de seguir hablando de Sandra. "Está muerta", insiste, "y no es una persona pública". "Que dejen de hablar de su vida personal y se investiguen las circunstancias de su muerte, eso es lo que quieren sus padres", nos asegura, "y ese es el mensaje que quiero transmitir". Ellos están sufriendo mucho "por la imagen que se está dando ella" y "más ahora". "Era una chica dulce y brillante, que nunca dio un problema".

"Sabíamos que cuando contamos a la policía lo del ayahuasca y los grupos esotéricos con los que se relacionaba, estábamos abriendo la caja de Pandora", reconoce. "Pero en ese momento sus padres sólo querían que la encontraran", "que lo miraran todo" y "saber la verdad". Ellos eran conocedores de esta faceta de Sandra, "algunas cosas podían no compartirlas, como lo del ayahuasca" pero "ella lo decidió así y no hay que juzgarla". "No ha hecho daño a nadie", sentencia.

De este asunto, a la familia sólo le importa en tanto en cuanto pudiera tener algo que ver con lo que ocurrió el día de su desaparición o con su muerte. Ellos siguen pensando que pudo haber terceras personas implicadas, ya sean de ese círculo o no. "Nunca dijimos que no estuviera en el mar, lo que hemos dicho es que no creemos que se haya suicidado", recuerda. "Para nosotros, fue un accidente o alguien le hizo algo".

No fue un suicidio

El entorno de Sandra no tiene dudas a este respecto, no se suicidó. Eso es lo que piensas sus familiares y amigos. Pero no sólo porque dejara la casa ordenada, la nevera llena y su agenda organizada para los días siguientes a su desaparición, porque aquel día no tenía planificado ir al Cabo de Peñas (fue porque sus pacientes le cancelaron las citas de la tarde) o porque había pagado una actividad del club de lectura a la iba a acudir unos días más tarde.

Hay otros muchos aspectos que les llevan a la misma conclusión. Para empezar, su forma de ser. "Ella veía la vida como un regalo", explica nuestra fuente, "nunca haría algo así". Además "estaba muy ilusionada" con su primer sobrino, que nació el 17 de octubre, y un viaje a Madrid que tenía previsto para verle a él y estar con su familia. "Eso no quita que hubiera momentos en los que estuviera triste, como nos pasa a todos", advierte.

No tenía depresión

"Se ha dicho de todo", señala, "hasta que era bipolar". Pero lo único que es verdad de todo lo que se ha comentado en ese sentido es que "iba a terapia" y "no pasaba por su mejor momento", señala, "pero eso no es motivo para pensar que se pudiera haber suicidado". "Sabía gestionar perfectamente sus cosas, era ella la que nos ayudaba a los demás", añade.

A Sandra le encantaba la naturaleza y el mar, "le daba calma". "Ella era muy espiritual", nos recuerda. Le gustaba vivir en Gijón, donde residía desde julio de 2020. Con la llegada de la pandemia, se agobió en su piso de Madrid y decidió instalarse allí. Pero "cuando llegaba el invierno y se veía sola", a veces se preguntaba si había sido la mejor decisión.

"No sé qué hago aquí, si tengo a toda mi familia en Madrid", llegó a reconocer. Pero nada preocupante más allá de morriña o las etapas que podemos pasar "cualquiera de nosotros", nos asegura. "Somos una familia de los más normal", señala, "cada uno con nuestras cosas, pero nos respetamos y siempre hemos estado muy unidos".

No estaba en tratamiento

"Sandra no tenía ningún trauma familiar, como se ha llegado a decir", afirma, "es una más de las muchas cosas que se han dicho". Pero aquí lo importante es lo que pensamos "las personas que la conocíamos de verdad" y "lo que confirma su terapeuta". La familia ha estado en contacto con la psicóloga de la joven madrileña -de 32 años- desde su desaparición.

Ella, que la conoce muy bien, "tampoco cree que se haya suicidado". "Y así se lo ha transmitido a la policía", nos asegura. Se conocían desde 2016, fue su profesora en un master. Desde entonces, iba a terapia con ella de forma intermitente. "Lo hacía por crecimiento personal y desarrollo profesional", nos explica, "como es habitual entre los psicólogos".

La joven madrileña era de las que pensaba que "todo el mundo debería hacer terapia y conocerse a sí mismo". En cualquier caso lo que la profesional que atendía a Sandra desde hace seis años es que "ni tenía depresión, ni era bipolar, ni estaba en tratamiento" y -más importante todavía- "no tenía ideas suicidas".

Los cabos sueltos

De hecho la psicóloga le preguntó por este asunto la última vez que hablaron, el 4 de noviembre, y Sandra le contestó que "no". "Que estaba un poco deprimida o no pasaba por su mejor momento es una cosa, tener una enfermedad o decidir suicidarse es otra", reflexiona. Ellos tienen claro que no se quitó la vida y es lo que van a seguir pensando. Ahora sólo esperan que se investiguen los cabos sueltos.

Nuestra fuente se refiere a "los coches que vieron unos percebeiros aparcados junto al de Sandra en el Cabo de Peñas" a unas horas en las que no solía haber nadie, "las últimas conversaciones" de la joven y todo lo que se desprenda del estudio del duplicado de la tarjeta SIM, y alguna otra pista que han facilitado a la policía y que no pueden desvelar hasta que se investigue.

Por lo que han sabido, la camisa blanca que se encontró en un acantilado y que -se pensó- podía ser de Sandra no va a despejar ninguna incógnita, ya que se ha realizado el análisis de la prenda y no se han encontrado restos de ADN. Por tanto, no han podido confirmar si pertenecía a la joven no ha dado ninguna información que les permita esclarecer cómo llegó hasta el lugar donde se encontró.

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