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Empieza la avalancha de presos trans en las cárceles españolas: "Se está poniendo en riesgo la convivencia"

Los funcionarios de prisiones están preocupados por la situación de inseguridad que genera la solicitud de cambio de sexo (y módulo) de varios reos.

Los funcionarios de prisiones están preocupados por la situación de inseguridad que genera la solicitud de cambio de sexo (y módulo) de varios reos.
Centro Penitenciario de Asturias, en Villabona. | EUROPA PRESS

El 2 de marzo de 2023 entró en vigor la conocida como ley Trans, que permite la autodeterminación de sexo a partir de los 16 años sin necesidad de presentar informes médicos o psicológicos. Ahora con expresar la voluntad de querer cambiarlo en el registro es suficiente. Las complicaciones derivadas de la aprobación de la norma en estos términos no han tardado en llegar. Era de esperar a la vista de lo que ha ocurrido en otros países como Escocia, donde se han visto obligados a recular tras el caso de Isla Bryson.

El famoso violador trans cometió los delitos por los que fue condenado antes del cambio de sexo pero se declaró mujer durante el proceso e inicialmente fue ingresado en un módulo femenino. Esto generó una gran polémica que desembocó en el traslado del reo a una cárcel de hombres y la dimisión de la primera ministra del país, Nicola Sturgeon. La posibilidad de que situaciones como esta se dieran en España era precisamente uno de los motivos por los que muchos se manifestaron en contra de la ley promovida por la ministra Irene Montero.

En menos de un mes, al menos seis presos ya han solicitado el cambio sexo en el registro con la intención de que les trasladen al módulo correspondiente. De momento todos son hombres que dicen sentirse mujeres y -por tanto- tendrían que ser instalados en un pabellón femenino. Está por ver cómo se resuelve esta situación, debido a que la norma ha entrado en vigor pero el protocolo de actuación que tienen los funcionarios de prisiones tiene 17 años. "Solo tenemos la instrucción del 2006, que -con la nueva ley- es una instrucción obsoleta", señala a LD el delegado de CSIF en Valdemoro y Estremera, Sergio García.

Protocolo obsoleto

"Hay un limbo legal", advierte, "pero sacar una nueva instrucción tampoco es la solución, porque la ley está por encima de la instrucción". Por lo que explica el representante de los funcionarios de prisiones, hasta ahora el tema estaba bastante controlado. El protocolo de Interior establecía un procedimiento por el que era necesario un informe médico y psicológico del preso que solicitaba el cambio de sexo.

"Era un equipo multidisciplinar el que se encargaba" y determinaba las circunstancias en las que el interno debía cumplir condena. Esto hacía "muy difícil" que se produjesen fraudes. Por tanto, la nueva norma no ha venido más que a complicarlo todo. No hace referencia alguna a cómo tienen que proceder con estos reos dentro de las cárceles. "Habría que sacar una disposición dentro de la propia ley o modificarla", asevera García.

Entretanto, cunde la preocupación entre los funcionarios y entre los propios reclusos. En este caso, entre las presas. Tanto los trabajadores de prisiones como las mujeres que viven en ellas son conscientes de que habrá otros condenados que se sumen a la petición de estos primeros seis hombres que han solicitado el cambio de sexo, a todas luces con el único objetivo de beneficiarse de un cambio de módulo.

¿Efecto contagio?

Los seis presos -de los que hay constancia- que han pedido el cambio de sexo registral se encuentran internos en la cárcel de Asturias. Todo apunta a que podría deberse a una especie de "efecto contagio" de unos reos a otros, con el mismo fin. Es decir, a una estrategia por parte de un grupo de internos que habrían encontrado una vía para hacer más llevadera su condena.

Sin duda, la mencionada cifra supera todas las estadísticas posibles. Estamos hablando de seis reclusos de un mismo centro penitenciario (el único que hay en el principado). Todos ellos son hombres que han manifestado sentirse mujeres "de repente", en menos de un mes y sin que haya constancia de referencias previas. Uno de ellos incluso ha señalado que quiere mantener su nombre masculino.

En definitiva, estamos hablando de seis internos en una prisión que tiene una ocupación de cerca de 1.000 reclusos. Es obvio que parece una cantidad totalmente desproporcionada. Más aún si tenemos en cuenta que son 80 los reos ‘trans género’ registrados en la totalidad de cárceles españolas, según datos de Instituciones Penitenciarias.

Esto quiere decir que hay 80 presos en una población -la reclusa- de alrededor de 46.000 personas. Si atendemos a la proporción que encontramos en el Centro Penitenciario de Asturias (6/1000), el número total de presos trans en España debería ascender hasta los 2.760 internos. Las cifras nos alertan de que algo anormal está pasando.

Peligro para las internas

Sin duda, una de las mayores preocupaciones que vienen de la mano de este ‘fenómeno’ es la que tienen que ver con los problemas que pueda ocasionar. "Es un peligro que un hombre vaya a una cárcel de mujeres", señala Sergio García, "pone en peligro la integridad física de las mujeres que tienen que cumplir condena con él".

No son elucubraciones, se da la circunstancia de que al menos uno de los presos que ha pedido el cambio de sexo en Asturias está condenado por violencia de género y acoso. Es fácil de entender el por qué de la preocupación que manifiestan los funcionarios de prisiones, como nos trasladan desde CSIF.

"Nosotros nos encargamos de la custodia, de la vigilancia, y la reinserción de las personas privadas de libertad", explica el representante de la central sindical, "y se está poniendo en riesgo la convivencia de la cárcel". "Se rompe la armonía de los módulos que proporciona la separación interior y la clasificación de la Ley Orgánica General Penitenciaria y del Reglamento Penitenciario", detalla.

"Ese es el problema", exclama. "Se teme el riesgo que puedan correr las internas", insiste. "No es lo mismo las mil actividades que realizan las mujeres en una galería en verano, si pueden encontrarse con un hombre". Sería necesario cambiar las instalaciones para "adecuarlas a la nueva normativa". Todo esto cuando ya de por sí "faltan recursos".

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