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Puigdemont y Junqueras enredan a Sánchez en una lista de peticiones que supera la "simple" amnistía

Competición entre Junts y ERC para explotar la debilidad de los socialistas en la negociación sobre la investidura.

Competición entre Junts y ERC para explotar la debilidad de los socialistas en la negociación sobre la investidura.
El exvicepresidente y líder de ERC, Oriol Junqueras, y el expresidente de la Generalidad y líder de Junts, Carles Puigdemont. | Europa Press

La ley de amnistía sería ya una "pantalla superada" (según la terminología separatista) en las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez. A pesar de las dificultades para encajar una ley de esas características en el ordenamiento constitucional y los escollos relativos a la exposición de motivos de la norma (el "relato" de los socialistas) de la norma, ese ya no es el problema. La principal dificultad radica ahora en contentar al mismo tiempo a Junts y ERC o, lo que es lo mismo, a Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, dos personajes que se odian y se desprecian sin disimulo desde mucho antes de perpetrar el golpe de Estado de octubre del 17.

La desconfianza y las disputas entre las dos grandes facciones del independentismo son de tal calibre que puede hacer embarrancar las operaciones para investir a Pedro Sánchez. Contentar a los dos a la vez no va a ser fácil. En ERC hay celos del protagonismo de Puigdemont, por lo que el partido republicano ha subido la apuesta. A la amnistía habría que añadir un paquete de medidas económicas como la condonación de la deuda autonómica y el traspaso de los trenes (asunto de envergadura menor) y el establecimiento de una hoja de ruta entre el Gobierno y el Govern catalán que desemboque en un referéndum de autodeterminación acordado.

A esas peticiones ha respondido Junts con una nueva exigencia relativa a la consideración de Cataluña como "nación". Según algunas fuentes socialistas, ese no sería un problema, puesto que tal consideración ya está inserta en el preámbulo del Estatuto de Autonomía de Cataluña, pero con la salvedad de que tras la sentencia del Tribunal Constitucional tal referencia "nacional" no tiene eficacia jurídica interpretativa. Y eso es lo que pretendería "arreglar" Puigdemont en paralelo a la ley de amnistía.

La autodeterminación

El expresidente de la Generalidad prófugo ya ha dejado algunas pistas de esa intención tanto en el discurso en el que sentó las bases de la negociación, el 5 de septiembre en Bruselas, como una reacción posterior a la información de La Vanguardia en la que se aludía a una discusión entre negociadores sobre considerar Cataluña como "minoría nacional". En dicha reacción, de hace tres días, Puigdemont recordaba las siguientes frases de ese discurso: "Cataluña es una nación, una vieja nación europea que ha visto atacada su condición nacional por los regímenes políticos españoles desde 1714, hecho por el que ve en su independencia política la única manera de continuar existiendo como nación".

Frente a esas palabras, que sitúan la autodeterminación en las negociaciones, los socialistas acentúan que Puigdemont no ha puesto sobre la mesa la fecha de un referéndum de autodeterminación para seguir negociando y que sus emisarios se han centrado en la amnistía. No es el caso, por cierto, de los negociadores de ERC, que aprovechan cualquier oportunidad para fijar la autodeterminación como horizonte a alcanzar en esta legislatura.

El verificador

Lo que sin duda ha tenido un impacto nulo en el contexto es la votación del "Consell de la República" de Puigdemont a favor de bloquear la investidura. El ente creado por el prófugo a efectos representativos está en fase de disolución y la baja participación en la consulta avala las manos libres de Puigdemont para negociar. Tampoco parece existir grandes problemas en el tema del mediador que verifique el cumplimiento de los acuerdos, entre otras razones porque para llegar a ese punto primero se tienen que alcanzar dichos acuerdos.

La intención de Puigdemont de agotar los plazos es en lo que confían los socialistas para no tirar la toalla y para descartar la repetición de las elecciones. De haber acuerdo, será sobre la campana y el principal problema, poner de acuerdo a dos interlocutores, Junts y ERC, cuyos líderes ni siquiera se hablan.

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