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Mahasandhi, la secta del mercurio del 'lama de Murcia': drogas, esclavos, mutilaciones y crucifixiones

La obediencia al gurú, el quiromasajista José Manuel Cánovas -al que llamaban ‘Trascendencia Total’-, era incuestionable.

La obediencia al gurú, el quiromasajista José Manuel Cánovas -al que llamaban ‘Trascendencia Total’-, era incuestionable.
La Fundación Mahasandhi promociona sus retiros y actividades a través de las redes sociales. | FACEBOOK

"Para ser un hombre de paz, tenía un revolver y una colección de armas blancas en su casa", destaca a Libertad Digital uno de los agentes de la Sección de Sectas Destructivas de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional que participó en la detención de ‘Trascendencia Total’. Así se hacía llamar José Manuel Cánovas Rivera, un quiromasajista español de 50 años que lideraba la comunidad Mahasandhi -aparentemente de carácter budista- que se instaló en municipio murciano de Albanilla hace alrededor de 15 años.

El gurú era conocido en la zona como el ‘lama de Murcia’, fundamentalmente porque vestía con los ropajes propios de los maestros budistas tibetanos. Sin embargo, las "enseñanzas" que difundía desde su "centro de convergencia de estudios y prácticas de Dharma" no eran más que un batiburrillo elaborado con elementos de distintas religiones y creencias que utilizaba a su antojo para dirigir a sus adeptos. El guía espiritual levantó un complejo de 100.000 m2 en un paraje desértico y apartado en el que poder operar con total libertad.

Es una especie de aldea que cuenta con casas cueva, albergue, templos, bunkers y laboratorios, en los que "el iluminado" -señalan las fuentes policiales consultadas- "practicaba la alquimia". José Manuel fabricaba unos "elixires milagrosos" que daba a sus fieles y también vendía (a través de plataformas online y herbolarios). Algunos de sus exadeptos aseguran que solía darles "unas gotas de un producto que desconocían". Los testimonios de los seguidores de ‘Trascendencia Total’ que lograron salir de su círculo de influencia han sido fundamentales para el desarrollo de la operación.

De hecho, la investigación se inició a raíz del correo electrónico que uno de ellos envió a sectasdestructivas@policia.es informando de algunas de las prácticas que se realizaban en el seno de la comunidad. El denunciante indicaba claramente que bajo el paraguas de la fundación y haciendo uso de "sustancias psicotrópicas y tóxicas" la organización obtenía de sus miembros "trabajo gratuito, dinero y bienes". Comportamiento que respondía a la forma de proceder habitual de muchas sectas, especialmente de las de corte chamánico que están tan de moda.

Sin embargo, el remitente mencionaba algo que los agentes especializados en sectas destructivas -confiesan- no habían visto antes en España: el mercurio. Un metal altamente tóxico que, como pudieron comprobar en el desarrollo de la operación, almacenaba en grandes cantidades en un zulo que tenía oculto en el municipio de Abarán. Durante los registros practicados el día de la detención del gurú, encontraron 180 kilogramos guardados en aquella pequeña habitación blanca.

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Zulo en el que el gurú guardaba el mercurio. POLICÍA NACIONAL.

Según la citada fuente policial, el detenido pretendía obtener "mercurio purificado" utilizando técnicas de alquimia, convencido de sus "efectos energizantes y vitalizadores", y obligaba a los miembros de la comunidad, que empezaban a presentar "síntomas de neurotoxicidad", a realizar el proceso de conversión. Los investigadores aún no tienen muy claro cuál era el objetivo final de la elaboración. Tampoco tienen constancia de que los fieles de José Manuel lo ingirieran directamente.

Y, si lo hicieron, no lo saben. La obediencia al líder era incuestionable. Así que se tomaban lo que él les diera, sin preguntar. De lo que sí han tenido conocimiento los agentes del caso -por el testimonio de os denunciantes- es de que el gurú "lo utilizaba en las ceremonias, con unas bolas de mercurio que se pasaban entre ellos" y también se lo facilitaba a los miembros de la comunidad en pequeñas cantidades, "en forma de amuletos, para mejorar su apertura a la espiritualidad", nos explican.

Vejaciones, castigos y malos tratos

Sin duda, la faceta más oscura de la secta es la que tiene que ver con las mutilaciones y los castigos físicos denunciados por un grupo de exadeptos. Según se desprende de la investigación, formaban parte de las "técnicas de manipulación coercitiva" que el gurú utilizaba para someterles, siempre con la excusa del progreso de su espiritualidad. En el mundo que José Manuel había creado en el refugio del desierto, esas prácticas parecían tener sentido.

Era habitual que ‘Trascendencia Total’ les obligara a hacer largos ayunos de comida y agua, durante los que "les suministraba sustancias psicoadictivas, como la ayahuasca o el peyote", logrando un "control absoluto" sobre ellos. Si alguno osaba a desobedecer o cuestionarle, tenía castigo. Los denunciantes hablan de ‘crucifixiones’, que consistían en atarles a una cruz e insultarles mientras realizaban el trayecto que había entre el templo y su vivienda.

Otra práctica de sus ceremonias, según estos testimonios, era la de ordenarles que se tocaran la cavidades nasales con la punta de lengua y cortarles el frenillo uno a uno cuando constataban que no podían hacerlo. Una mutilación que podía llegar a realizarles durante varias semanas seguidas, por salvaje que parezca. En definitiva, vejaciones y malos tratos a los que su ‘maestro’ les sometía de forma continuada y que explican el lamentable estado mental y físico en el que se encuentran los miembros de la secta.

Bajo el control del gurú

Aunque algunos se han marchado, la mayoría de ellos continúan viviendo en el seno de la comunidad Mahasandhi después del ingreso en prisión de su líder. "El resto sigue residiendo allí, tienen su domicilio en las casas de la fundación. Es muy difícil que los que integran estas sectas se percaten de que son víctimas de un grupo de manipulación coercitiva", nos explica otro de los agentes que participó en la operación policial.

Hay que pensar que casi todas estas personas se han alejado de aquello que conocían antes de ingresar en la comunidad, en la que entran en busca de respuestas a sus problemas. El nuevo grupo les ofrece dejarlos atrás y alcanzar un mayor grado de espiritualidad, si siguen sus directrices. Y, con la ayuda de las sustancias estupefacientes, las siguen a pies juntillas.

En esta secta en concreto, incluso existe la figura de las "renunciantes". Mujeres que "se entregaban a su líder y hacían voto de silencio". José Manuel vivía con dos de ellas e su casa cueva. "Hacía todo lo que les ordenaba, estaban a su servicio", nos explican los investigadores. Aunque, al menos de momento, no han podido constatar si esa entrega también incluía el acceso carnal.

Explotación y tráfico de drogas

Las dos "renunciantes" vivían en la casa del líder con José Manuel y su mujer. María Ángeles, conocida como Geli, no era sólo la traductora del gurú cuando hacía voto de silencio (le leía los labios y hablaba en su nombre). "Participaba en los ilícitos de los que se acusa a este hombre", aseguran los agentes con los que hemos podido hablar. "Era consorte y estrecha colaboradora".

A él se le imputan delitos de asociación ilícita (con el objeto de delinquir) y contra la salud pública (por suministrar a sus adeptos sustancias peligrosas) pero también: contra el medio ambiente, "por el vertido clandestino de los deshechos de manipular el mercurio en una fosa séptica sin control"; contra los derechos de los trabajadores, a los que "obligaba a trabajar gratis"; contra la integridad moral, "por las vejaciones" a las que los sometía.

Por último hay que hacer mención al tráfico de estupefacientes, dada la cantidad de cannabis hallada durante los dos registros simultáneos que siguieron al hallazgo del zulo del mercurio, en la finca de Abanilla en la que residía el arrestado con un grupo de seguidores -aunque registraron sólo la casa de José Manuel y los espacios comunes del complejo, no entraron en el resto de viviendas- y en la nave que tenía en un polígono industrial de Lorquí para elaborar "los elixires que comercializaba".

Junto a 90.000 euros en metálico, un revólver, una colección de armas blancas y múltiples enseres para la práctica de la "alquimia", los agentes encontraron 19 kilogramos de marihuana. "Es muchísimo, se infiere que es para el tráfico", comenta uno de ellos. Y aún la investigación no ha terminado, en estos momentos se encuentran trabajando en el informe de delito económicos.

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