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Declaran a su hija en desamparo por el turbio historial de su madre y la Justicia se resiste a quitarle la custodia

Su ex —que huyó con la niña a más de 500 km— acumula un sinfín de denuncias por abandono de menores, tráfico y consumo de drogas e inquiokupación.

Su ex —que huyó con la niña a más de 500 km— acumula un sinfín de denuncias por abandono de menores, tráfico y consumo de drogas e inquiokupación.
Padre desamparado | David Alonso Rincón

Desde que se aprobara la Ley de Violencia de Género, y tras una legislatura en la que la ya exministra Irene Montero normalizó la defensa de las madres secuestradoras, cada vez son más los hombres que alzan la voz contra el escandaloso "trato de favor" que policías, jueces y políticos conceden a las mujeres en casos de divorcio, en claro detrimento de sus derechos, pero también de los de sus hijos. El caso de Enrique es un ejemplo paradigmático donde los haya.

A pesar de que los Servicios Sociales han declarado a su hija de 7 años en desamparo por la mala vida que lleva su expareja, la Justicia se resiste a quitarle la custodia. Con un sinfín de denuncias por abandono de menores, tráfico de drogas, inquiokupación y consumo de alcohol, su ex sigue a día de hoy viviendo con la pequeña en Tarragona -a más de 500 kilómetros del que fuera su hogar- y con otras dos hijas fruto de otras dos relaciones igualmente tormentosas.

A ninguna ha querido ponerle los apellidos de su padre. "Las registra como madre soltera para poder vivir de las ayudas", dice Enrique, que, al igual que su pareja anterior, se convirtió en víctima de "denuncias falsas" cuando trató de reclamar su paternidad. "¿Tú sabes lo que es ir al calabozo sabiendo que no has hecho nada? Eso es la destrucción de cualquier hombre", dice con impotencia.

Hoy, todas las denuncias están archivadas, pero la juez ha decidido darle una oportunidad más a la madre, a pesar de los durísimos informes de los Servicios Sociales, cuyas trabajadoras reconocieron ante los tribunales la "inestabilidad" y el "riesgo" al que somete a la pequeña, apoyándose en las denuncias "por abandono de las menores, por consumo de tóxicos y varios incidentes en los que siempre ha estado presente el consumo". Entre otros episodios, citaban su detención en mayo del año pasado a altas horas de la madrugada, mientras las niñas se encontraban solas en casa.

"A cualquier hombre con un informe así no le dejan ni acercarse a su hija. ¿A qué tienen que esperar? ¿A que aparezca ahogada en la bañera?", se pregunta el padre entre la rabia y la desesperación. El mejor resumen de su historia lo hacía hace unas semanas el último abogado al que le presentó toda la documentación del caso: "Enrique, aquí tienes una bomba de relojería, pero el problema es que estamos en España, así que lo tienes jodido". Aun así, él no se rinde y busca visibilizar su caso para denunciar la tremenda injusticia a la que tanto él como decenas de padres se ven sometidos cada día.

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El origen de los problemas

Su historia se remonta a 2016, el año en el que conoció a su ex en Benidorm. Aunque su relación nunca estuvo exenta de discusiones, los problemas más serios comenzaron a raíz del nacimiento de su hija un año después y más concretamente cuando Enrique se enteró de que la había registrado como madre soltera. Aquello provocó una discusión que terminó con una denuncia por violencia de género. "La acabó retirando porque era evidente que yo no la había pegado, pero claro, yo le dije que tenía que reconocer a mi hija, y en verano me la volvió a liar: puso un móvil a grabar debajo de la mesa y me empezó a decir que si yo maltrataba a la niña", explica.

Al descubrirlo, la bronca fue a más. Ella alegó que él la había pegado. Sin embargo, frente a una pequeña brecha que, según Enrique, él no le hizo, el hombre presentó un parte de lesiones mucho más grave: "Me clavó un cuchillo en la mano y, cuando la propia Policía Local me acompañó al hospital, me reconocieron todas las heridas que yo tenía: mordiscos, arañazos por todo el cuerpo…". No era la primera vez que ella le maltrataba. De hecho, Enrique ya contaba con un parte previo, lo que llevó a la Fiscalía a pedir dos años de cárcel para su ex, frente a los seis meses que pedían para él.

"Al llegar el caso al juzgado y ver sus antecedentes, descubrieron, además, que ya había interpuesto otras dos denuncias a otros hombres por violencia de género, con lo que ya empezaron a dudar de ella, porque no podía ser que todas sus parejas la maltrataran, así que nos invitaron a llegar a un acuerdo", asegura Enrique. Finalmente, pactaron retirar las denuncias que ambos se habían cruzado y todo quedó archivado. Sin embargo, lo peor aún estaría por llegar.

La demanda de paternidad

Tras aquel episodio, ella decidió hacer las maletas e irse a Tarragona con un familiar, por lo que, si quería volver a ver a su hija, a Enrique no le quedaba más remedio que presentar la demanda de paternidad y confiar en que el proceso judicial fuera lo más rápido posible. El juicio se celebró en abril de 2018, pero las medidas cautelares no llegaron hasta noviembre. A partir de aquel momento, se le permitió ver a la pequeña en fines de semana alternos y, cuando se aprobaron las medidas definitivas, se estableció que ella tenía que abonarle el 40% de los gastos de desplazamiento, algo que no hace, tal y como queda acreditado en los documentos a los que ha tenido acceso LD.

Con todo, el proceso se fue alargando: "Me peleó hasta los apellidos y ya llegó un momento en el que tuve que decirle al juez que los pusiera en el orden que le diera la gana, pero que yo quería tener a mi hija reconocida cuanto antes". Ese momento no llegó hasta principios de 2020. Con todos los papeles en regla, Enrique acudió entonces al Ayuntamiento, al hospital y a la guardería para dejar constancia de que él era el padre y que pudieran informarle de todo.

La mala vida de su ex

La primera sorpresa se la llevó precisamente en el centro escolar, donde le comunicaron la infinidad de faltas de asistencia que acumulaba su hija, tal y como corroboran los informes firmados por la propia Consejería de Educación a los que ha podido acceder este periódico. "Además, me dicen que mi hija no llevaba muda, que no llevaba pañales… Se los tenía que mandar yo desde Madrid", asegura Enrique, que incluso tuvo que saldar varias cuotas de la guardería sin pagar. "La mitad del dinero se lo di a mi ex para que lo pagara y se lo gastó en otras cosas", subraya.

Según Enrique, al ver que él trataba de que a su hija no le faltara de nada, los familiares de su ex empezaron a dudar de si todo lo que ésta contaba era cierto e incluso se sinceraron con él. "Me dijeron que dormía a las niñas y se iba de juerga. Claro, al día siguiente tenían que llevar a la niña a clase, porque ella estaba dormida", apunta el padre, que también recibió información por otras vías. "Me llegaron a mandar una página web de ‘pasión’ en la que salía una foto suya, y sé que era ella, porque detrás se veía a mi hija, con los ojos tapados, pero era ella", añade sin dar crédito a cómo la Justicia puede permitir que una menor viva en estas condiciones.

Las denuncias a Servicios Sociales

A partir de ese momento, Enrique comenzó a presentar toda una serie de denuncias a los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Vilaseca, donde su ex ya tenía un expediente abierto por no llevar al colegio a su hija mayor (fruto de una relación anterior). La primera de ellas data del 5 de junio de 2020 y, en ella, además del informe de la guardería que también corrobora este extremo, ya hace alusión a sus dudosos comportamientos: "He recibido información por parte de los familiares de la madre, donde me relatan el abandono que sufre mi hija, así como su hermana mayor por las salidas nocturnas, dejando solas a las menores en el domicilio". Y, en base al relato de sus allegados, añade: "Padece depresiones y consume distintas sustancias que creo que no son recomendables para la salud y menos para velar por los intereses de mi hija".

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Al no recibir respuesta alguna, Enrique siguió presentando todo tipo de escritos. En ellos, denunciaba también el uso fraudulento del libro de familia anterior para seguir recibiendo ayudas como madre soltera, así como otros extremos. "Como ustedes saben, se encuentra en una vivienda okupa e inmersa en un proceso de desahucio, lo cual me genera una preocupación mucho mayor de que mi hija se pueda encontrar en la calle, teniendo que pasar por una experiencia traumática por culpa de todo esto, cuando tiene un padre que se puede hacer cargo de la custodia", reza uno de los múltiples escritos a los que ha tenido acceso LD.

Tras interponer la cuarta denuncia, ya en mayo de 2021, y desesperado al ver que nadie hacía nada al respecto, se personó directamente en el Ayuntamiento, donde le dijeron que ya habían dado traslado al Consejo Comarcal en vista del riesgo que percibían para la menor. La situación, sin embargo, cada vez era más grave. Al ser desahuciada del piso en el que vivía de inquiokupa, la reubicaron en una vivienda social a la que, según Enrique, se fue a vivir con un hombre con antecedentes penales y problemas con las drogas.

La pasividad de la Justicia

Confiando en que los Servicios Sociales investigaran y recabaran pruebas que le permitieran acudir con un relato más sólido a los tribunales, Enrique siguió ejerciendo la custodia en los términos en los que la Justicia había determinado, hasta que en 2023 se enteró de que su nueva pareja, con la que ha tenido una tercera hija a la que también ha registrado como madre soltera, la había denunciado precisamente por abandono de las menores y tráfico de drogas. De hecho, en el escrito también se menciona que la mujer había sido detenida porque "la pillaron bajo los efectos del alcohol en una pelea en la calle mientras las niñas estaban en casa durmiendo". Enrique comprobó que efectivamente así había sido, pero, como ese fin de semana solo estaba con sus otras dos hijas y no con la suya, no le dejaron personarse en la causa.

Aun así, aquello fue la gota que colmó el vaso. Se presentó en el Consejo Comarcal y contó todo lo que sabía. Los Servicios Sociales procedieron entonces a declarar a las menores en desamparo y Enrique acudió a los tribunales para solicitar la aplicación del artículo 158 de medidas urgentes de protección de menores para hacerse cargo de su hija. Su sorpresa llegó cuando, tras la vista oral, en la que las trabajadoras sociales corroboraron punto por punto lo denunciado por el padre, la jueza dictaminó que la decisión no revestía de carácter urgente, puesto que la madre de su ex se había trasladado a vivir con ellas para tratar de reconducir la situación.

De esta forma, y a pesar del tremendo historial de la mujer, optaba por darle una nueva oportunidad e invitaba a Enrique, en todo caso, a solicitar la modificación de medidas de custodia por el cauce ordinario. "Todo el mundo sabe que eso no es inmediato y que cuesta más y más dinero. ¿De dónde lo saco? -se pregunta desesperado-. Cada fin de semana que me toca son 400 euros de gasolina, más la pensión, más el Taekwondo que le pago yo, porque viviendo donde vive quiero que aprenda a defenderse, y más el dentista, en el que me he gastado más de 1.700 euros porque tiene la boca destrozada por la dejadez de su madre".

Aun así y tras meses ahorrando, Enrique ha conseguido reactivar el caso. "Llevo 7 años luchando por mi hija. Me pego las palizas más grandes de mi vida en la carretera los fines de semana que puedo estar con ella: me hago 1.100 kilómetros los viernes y 1.100 kilómetros los domingos para traerla y que vea sus abuelos, a sus tíos y a sus primos, y esto me está afectando física y psicológicamente -dice antes de acudir al hospital donde le están tratando por una reciente subida de tensión-, pero confío en que, cuanto antes se haga Justicia".

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