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La madre de Yaiza prefirió matar a su hija de 4 años que "dejarla en un ambiente hostil" (con su padre)

La defensa de Cristina Rivas, asesina confesa de su hija de 4 años, pide su absolución alegando que el crimen pretendía ser un suicidio ampliado.

La defensa de Cristina Rivas, asesina confesa de su hija de 4 años, pide su absolución alegando que el crimen pretendía ser un suicidio ampliado.
Cristina Rivas, madre y asesina confesa de Yaiza, en el juicio. | EUROPA PRESS

La Audiencia de Barcelona acoge desde el pasado lunes el juicio a Cristina Rivas, la mujer que mató a su hija de 4 años -Yaiza- mientras dormía, el 31 de mayo de 2021. Según confesó ella misma durante la instrucción, la noche anterior al crimen administró a la pequeña una pastilla de Lorazepam y por la mañana -antes de que se despertara- la asfixió con una bolsa de plástico.

Su cuerpo fue hallado en la cama de la habitación que compartía con su madre en la casa de sus abuelos maternos, en el municipio barcelonés de Sant Joan Despí, después de que su padre diera la voz de alarma. La pareja estaba separada y Yaiza pasaba una semana con cada progenitor. Ese lunes, a la menor le tocaba irse con Sergio Peiró. Pero, cuando éste fue a recogerla de sus clases de teatro, la menor no estaba.

Cristina había decidido que lo mejor para la niña era que muriera. Eso es lo que se desprende de las palabras de su defensa, que solicita su libre absolución o -en su defecto- que se le aplique la eximente de trastorno mental transitorio. Una de sus abogadas ha argüido que Cristina "amaba a su hija" y que "antes de dejarla en un ambiente hostil, decidió que se fuera de este mundo con ella".

Del suicidio al asesinato

El plan de la mujer -supuestamente- era el de realizar "un suicidio ampliado", ha señalado la letrada. Incluía su propia muerte, pero no logró su objetivo. Cuando el padre de Yaiza detectó la ausencia de la pequeña, contactó con su abuela materna y ésta acudió rápidamente a la casa para averiguar qué podía haber ocurrido. Para entonces, la menor llevaba horas fallecida. Pero su madre -que se había tomado un puñado de pastillas- estaba viva.

Las acusaciones piden prisión permanente revisable para la mujer, que ahora tiene 38 años, y advierten al jurado de que la defensa utilizará la "muy manida" estrategia de "psiquiatrizar" el caso. "La maldad existe", ha señalado la abogada Mireia Gómez, "no le pongamos el disfraz de enfermedad mental". En la misma línea, el fiscal Félix Martín ha comentado que "si un padre mata a su hija, prefiero pensar que está loco" pero "no tiene por qué" ser así.

Victimización de la acusada

Las abogadas defensoras de la asesina confesa -Alba Escoda y Eugenia Sobrino-, que han calificado el crimen como "un suicidio ampliado por desesperación", también han denunciado una supuesta "campaña de difamación" de los medios de comunicación contra su cliente. Argumento que se cae por su propio peso si comparamos la repercusión de su caso con otros similares que tuvieron lugar en fechas cercanas.

Cuando Cristina Rivas mata a Yaiza, había pasado sólo algo más de un mes del doble filicidio perpetrado por Tomás Gimeno. El varón desapareció con sus hijas -Anna y Olivia Zimmerman, de 1 y 6 años de edad- el 27 de abril de 2021 en Tenerife. Las mató con el objetivo de hacer daño a su expareja. El cuerpo de la mayor no se halló hasta pasados 40 días, añadiendo más angustia si cabe al dolor de la pérdida.

El asesinato de las hermanas Zimmerman conmocionó al país y los medios hicieron una amplia cobertura del caso, que la izquierda se apresuró a calificar de "violencia vicaria". A pesar de la proximidad en el tiempo y de que -como veremos a continuación- su madre tenía la misma finalidad que Gimeno, el crimen de Yaiza pasó prácticamente inadvertido. Tanto es así que la Generalidad de Cataluña tardó ocho días en ponerse en contacto con su padre.

"Yo la parí"

Cristina Rivas y el padre de Yaiza -Sergio Peiró- empezaron a salir cuando ambos tenían 18 años. A lo largo de su relación, hubo varias idas y venidas (algunas rupturas). Pero, aun así, decidieron formar una familia. Las cosas no fueron bien para la pareja y poco después del nacimiento de Yaiza decidieron separarse. Ahí comienza la lucha por la custodia. Según ha relatado la familia paterna de la pequeña, se convirtió en un infierno. Ella siempre quería imponer su criterio, bajo el argumento de "yo la parí".

A lo largo de los alrededor de 2 años y medio que transcurrieron desde la separación hasta el crimen, Cristina intentó volver con el padre de Yaiza en varias ocasiones. La última poco antes de decidir quitarle la vida a su hija. Pero él, que ya tenía una relación con otra mujer, rechazó su oferta. Y ella puso en marcha su maquiavélico plan. Lo tenía todo pensado y calculado. Todo menos las pastillas que necesitaba para lograr el objetivo de suicidarse.

El día de los hechos, avisó al colegio de que la niña estaba "enferma" y no acudiría a clase. También llamó a la clínica en la que trabajaba para comunicar que no iría. Paseó al perro y -cuando tuvo todo preparado- se tomó la cantidad de pastillas que tenía prevista. Llegados a este punto cabe recordar que no fue mortal. Cuando su madre llegó a la casa después de las 17.30 horas (que es cuando el padre de Yaiza la avisa de que no había ido a clase de teatro), su nieta estaba muerta pero Cristina seguía con vida.

Las notas de la asesina

Sobre una cómoda de la habitación, la mujer había dejado varios sobres. Dos de ellos dirigidos a su madre. Uno contenía una tarjeta Visa y su número PIN, para que sacara el dinero que quedaba en la cuenta; el otro, una nota para pedirle perdón por lo que había hecho. Similar a este último, había uno muy cariñoso para su abuela. Junto a ellos, se encontró otro con la documentación que demostraba que su coche era ya propiedad de su padre y que el vehículo acababa de pasar la ITV.

Y aún había un último sobre, el más importante de cara al juicio. Es el que tenía como destinatario al padre de su hija: "Para Sergio, el culpable de todo esto. Gracias". En el texto, Cristina le decía al que fuera su pareja durante años que él podía hacer lo que quisiera con su vida pero no con la de Yaiza. "Me la llevo yo conmigo que para eso la he parido yo", señalaba, "no te la vas a quedar tú". "Decide si la entierras o la incineras. Es cosa tuya", concluía la carta.

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