
Pinchazo estrepitoso de las convocatorias de la izquierda en la calle. Lo que pretendía ser una gran exhibición de músculo social en las inmediaciones del Congreso de los Diputados para presionar a favor del intervencionista decreto de vivienda del Gobierno ha quedado reducido a un tímido encuentro de unos pocos centenares de manifestantes. Ni el despliegue mediático ni el agónico llamamiento de la Moncloa han logrado movilizar a una ciudadanía cansada de parches regulatorios.
Una escasa concentración que no ha impedido que los manifestantes expulsaran a empujones a los periodistas de Libertad Digital que pretendían ejercer su trabajo de informar. Entre ellos, había personas con banderas republicanas y algunos con el rostro tapado.
La jornada parlamentaria culminó con una severa derrota para el Ejecutivo. Con 178 votos en contra (PP, Vox, Junts y UPN) frente a 172 a favor, el Pleno del Congreso tumbó el Real Decreto-Ley promovido por el Ministerio de Vivienda. La votación, celebrada de forma individual y por llamamiento público de cada uno de los diputados, escenificó el absoluto aislamiento parlamentario del Gobierno en materia económica y urbanística, rechazando un paquete de medidas que ahondaba en los topes al alquiler y la persecución a los propietarios.
Ni siquiera la intervención fuera de guion de Pedro Sánchez logró salvar el texto. Minutos antes de arrancar la votación, el presidente del Gobierno tomó la palabra para rogar a la desesperada un voto "valiente" y "coherente" a unos grupos parlamentarios que ya tenían decidido su voto. Por su parte, la ministra Isabel Rodríguez y los socios a la izquierda del PSOE recurrieron al habitual argumentario demagógico, acusando a la oposición de alinearse con "los buitres" en lugar de con "la gente".
Rabieta en las puertas de la Cámara
A las puertas del Palacio de las Cortes, el ambiente osciló entre el silencio ensordecedor y la rabieta ideológica. Durante la votación por llamamiento, el reducido grupo de manifestantes se sentó en el suelo pegado a las pantallas de sus teléfonos móviles para seguir el sentido del voto de cada señoría.
Tras confirmarse el 'no' de la Cámara Baja, la tensión contenida dio paso a abucheos, cánticos de "vergüenza, vergüenza", llamamientos extemporáneos a una "huelga general" e incluso lágrimas entre algunos de los congregados. Incapaces de asimilar el varapalo democrático al decreto, los convocados optaron por descalificar el trabajo institucional al grito de "la lucha está en la calle, no en los ministerios" y "sus beneficios, nuestra miseria".
Ante la evidente falta de convocatoria y tras constatar que el decreto no saldría adelante, la marcha dio media vuelta y emprendió una marcha improvisada de retirada hacia la Puerta del Sol, escenificando el desinflado de una protesta que arrancó con ínfulas de gran movilización y concluyó en un discreto paseo por el centro de la capital.
