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Las memorias de Marcelino Oreja explican mucho más de lo que él supone.

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Acabo de leer someramente las memorias de Marcelino Oreja (La Esfera de los Libros, 2011) y resulta asombroso el comprobar como una parte de la derecha española, principalmente la democracia cristiana, fue capaz de cometer errores tan graves como el estado de las autonomías, la genuflexión constante ante los nacionalismos o el complejo infinito ante la izquierda y aún hoy, décadas después, sus miembros siguen orgullosísimos de lo que hicieron en su día.

El caso de Marcelino Oreja refleja perfectamente a estos personajes. En lo que se refiere al País Vasco, que él conocía bien, y donde fue el primer delegado del gobierno, con rango de ministro, el bueno de D. Marcelino parte de la tesis compartida por Suárez y el resto de la tropa ucedista, que podemos resumir de la siguiente manera:

"Los nacionalistas vascos tenéis toda la razón en vuestras reivindicaciones. El franquismo os negó vuestros derechos históricos como pueblo, pero aquí estamos "los demócratas de toda la vida" para restablecerlos. Os vamos a dar un concierto económico, las riendas de la educación para que adoctrinéis a las futuras generaciones en el odio a España y todo lo que queráis, porque hay que reparar este agravio histórico. Ahora bien, no vamos a consentir que os paséis de ciertos límites".

Naturalmente la aceptación de la primera premisa justifica cualquier desafuero posterior, que es exactamente lo que ha ocurrido tanto allí como en Cataluña, pero lejos de avergonzarse de la forma en que nos vendieron, esta generación genuflexa y lanar sigue blasonando de sus servicios a España. En lugar de recluirse en un Monasterio a pedir perdón el resto de sus días, inundan los consejos de administración mejores pagados y siguen dando clases de moral democrática.

Oreja, el democristiano, fue capaz de asistir una mañana al entierro de tres jóvenes guardias civiles asesinados por la ETA, y en la tarde de ese mismo día acudir al velatorio de un etarra muerto no aclara en qué circunstancias. "Aún hoy -escribe en sus memorias- creo que hice lo correcto". Bonita frase para la reflexión de aquellos que pensábamos que esas cosas sólo las hacía Setién.

El colofón de su carrera política, en pago a los grandes servicios prestados a la patria, consistió en nombrarle jefe del cotarro burocrático europeo para acabar dirigiendo una gran multinacional. Oreja está en posesión de 35 altas condecoraciones del estado.

Menos mal que su sobrino Jaime ha lavado sobradamente el apellido.

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comentarios
1 AnkHor, día

Hoy seré muy escueto don Pablo. Mi opinión sobre Marcelino Oreja, después de haberle sufrido como jefe en cierta empresa, es la siguiente: Un perfecto meapilas, en la más peyorativa de sus acepciones.

2 nacaital, día

Completamente de acuerdo con el comentario anterior. He llegado a oir anécdotas, digamos, curiosas de este personaje, que no creo necesario reproducir aquí. Sí me gustaría dejar constancia de mi sorpresa por la admiración que todo el mundo siente por Jaime Mayor. Este señor, en el mejor de los casos, cumple con su obligación, siempre que pasemos por alto su ausencia en una famosa votación que provocó unas consecuencias lamentables.

3 et_rusk, día

No es de extrañar si miramos a la evolución política española con ojos abiertos: http://etrusk.blogspot.com/2010/09/sobre-las-derechas-izquierdas-otra-vez.html

4 DasBoot, día

Todos esos politicuchos que prostituyeron España y a su gente durante la tan cacareada transicion me merecen desprecio unos, odio algunos y respeto pocos. Tomaron un pueblo inocente en politica e ilusionado por el cambio y diseñarón un sistema para su particular beneficio. Como a la joven a la que el proxeneta engaña y prostituye, lo que hicieron con España fue un gigantesco estupro. Y a base de tanto aguantar, la vieja prostituta ya no tiene fuerzas ni voluntad de sacudirse el yugo a la que esta uncida. Aguanta a esos vampiros con resignacion y desesperanza, sabiendo que mientras viva los tendrá encima. A no ser que alguien la libere.

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