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Miles de españoles recuerdan a Rajoy que no todo cabe en la Constitución

Con orgullo, miles de personas se manifestaron en Madrid y Barcelona. Rajoy, mientras, afirmaba en La Vanguardia que en la Carta Magna "cabe todo".

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En la capital de España el lugar elegido por la convocante Fundación Denaes no podía ser más simbólico: la plaza de Colón que ya en muchas ocasiones ha albergado manifestaciones cívicas, junto a las estatuas de Vaquero Turcios sobre el Descubrimiento de América y bajo la enorme bandera que, también este jueves, ha sido el mejor emblema para presidir el acto.

Pero si en otras ocasiones los sentimientos que dominaban en Colón eran la emoción o incluso el estremecimiento, en esta concentración por la unidad de España en el ambiente se respiraban convicción, pertenencia y, por qué no, orgullo. Lo que sí se ha repetido respecto de anteriores citas en la misma plaza ha sido el mar de banderas rojigualdas, tantas esta vez que cada manifestante parecía llevar la suya.

Manifestantes que han disfrutado de sentirse españoles, de compartir ese sentimiento con otros y de demostrar que, pese a todo, hay una España que no se resigna y que está dispuesta a luchar contra la marea disgregadora.

Luchar a pesar de que hoy en día sea remar contracorriente; a pesar de que lo fácil, lo moderno y lo agradable sea dejarse llevar; a pesar, sobre todo, de la alarmante falta de liderazgo político que padecen los que hoy estaban en Colón y en la Plaza de San Jaime y los que les apoyan, sin duda parte de lo mejor de nuestra sociedad.

Un nuevo Himno de España

El acto ha contado como presentador con el vicepresidente de la Fundación Denaes, Iván Espinosa de los Monteros, y también con la intervención de varias personalidades, reservando el discurso estrella para el presidente de Denaes, Santiago Abascal.

Pero lo más sorprendente de la concentración ha sido, probablemente, la nueva letra para el Himno de España presentada en sociedad por Denaes aprovechando la inmejorable ocasión. Los versos, obra del escritor vasco Jon Juaristi, se han podido escuchar en dos ocasiones en la mañana madrileña: una interpretada por "un joven talento de Denaes", Ana Fernández de Córdoba; y una segunda que ha corrido a cargo de un rostro más conocido: la cantante hispano-cubana Yanela Brooks, a la que muchos conocerán por su participación en un exitoso un concurso televisivo.

La interpretación de Yanela, con un marcado estilo soul y un toque norteamericano, habrá hecho a muchos creer, bien que por un instante, que estábamos en un país en el que, como en los EEUU, es habitual escuchar y cantar tu himno en casi cualquier acontecimiento público.

España y libertad

Un sentimiento agradable pero que el resto del acto se había encargado de desmentir: no estamos en esa clase de país sino en uno en el que mostrarte orgulloso de lo que eres resulta sospechoso y en el que las partes parecen importar más que el todo; en un país, en suma, en el que la libertad se ve amenazada porque, tal y como bien ha recordado Santiago Abascal en su larga intervención, "allí donde España se ha retirado la libertad ha desaparecido".

Frente a esa realidad presente los discursos, y especialmente el de Abascal, han estado llenos de alusiones históricas a las gestas y los mejores momentos de un larguísimo pasado en común del que ya les gustaría presumir a otros: desde 1808 hasta el descubrimiento de América, pasando por personajes de todas las épocas como el Gran Capitán, Juan Sebastián Elcano, Daoíz y Velarde, Jaime I o Miguel de Unamuno, entre otros muchos.

Intervenciones que también han estado plagadas de referencias al valor de la unión, al afecto entre los españoles de las distintas partes de España y, sobre todo, a la imposibilidad de abandonar a aquellos que, pese a la presión y la discriminación, siguen sintiéndose y siendo españoles allí donde más difícil resulta: en el País Vasco y en Cataluña.

También en Barcelona

Precisamente en Cataluña se ha producido la segunda gran convocatoria del día, que también concluía en un espacio cargado de simbolismo: la Plaza de San Jaime de Barcelona, frente al Palacio de la Generalidad.

Se ha tratado de una manifestación a la que han asistido miles de catalanes convocados por el Movimiento Cívico de España i catalans, y que ha decorado con centenares de banderas de España y Cataluña el centro de la ciudad condal.

Como en Madrid la convocatoria barcelonesa ha surgido de la sociedad civil a través de diferente asociaciones y movimientos, y también como en la capital se ha contado con el apoyo de unas pocas personalidades de distintos partidos, especialmente Ciutadans y UPyD.

El presidente del Movimiento Cívico de España i catalans, Manuel Parra, ha sido el encargado de leer un manifiesto en el que se llamaba a la "concordia y unión entre todos los catalanes y el conjunto de los españoles, porque la unidad de España es la mejor garantía de su pluralidad interna".

¿Abandonados?

Las dos manifestaciones celebradas este día de la Constitución pueden considerarse sendos éxitos y, sobre todo, el inicio de algo que con el tiempo quizá llegue a ser muy importante, la primera expresión de un discurso que es necesario y que muchos quieren escuchar.

Sin embargo, las convocatorias dejan también un cierto regusto amargo: comprobar que la inmensa mayor parte de nuestra clase política prefiere mantenerse al margen de un movimiento que tiene la voluntad de defender lo que ellos, los políticos, deberían alejar de todo peligro.

Es posible, es probable, que comprobar que hay españoles valientes incomode a unos políticos que, día tras día y artículo tras artículo, no hacen sino demostrar su falta de gallardía.

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