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El truco de Tomás Gómez para ser el alcalde más votado: no pagar miles de facturas

La gestión de Gómez le hizo ser el alcalde más votado de España, pero había truco: en Parla se acumularon unas 4.000 facturas pendientes de pago.

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La gestión de Gómez le hizo ser el alcalde más votado de España, pero había truco: en Parla se acumularon unas 4.000 facturas pendientes de pago.
Tomás Gómez

El desastroso estado de las cuentas de Parla es de todos conocido y el actual alcalde de la ciudad madrileña, y con él todos los ciudadanos, sufren las consecuencias. Pero probablemente el principal culpable de la situación no es José María Fraile, sino su antecesor, el hoy líder del PSM, Tomás Gómez.

Y es que ya en la cuenta general del Ayuntamiento de 2008 se refleja que Gómez, que abandonó la alcaldía en noviembre de ese mismo año, había dejado el municipio en una situación especialmente delicada: con una pérdidas de 65 millones de euros sólo en ese año -32 más que en el ejercicio anterior- y deudas que superaban ya los 173 millones.

Lo más llamativo es que estas deudas se correspondían, en buena parte, con facturas impagadas: mientras que el propio Ayuntamiento reconocía deber cerca de 40 millones a largo plazo a entidades de crédito; las deudas con acreedores a corto plazo eran 132 millones, y la inmensa mayoría de lo que se puede encontrar bajo ese epígrafe son facturas de proveedores.

Externalizar para no pagar

La cuenta general supone un resumen bastante exhaustivo del estado contable del municipio y está elaborada por la propia entidad local, es decir, la de Parla se ha hecho en el propio Ayuntamiento y con los datos del municipio.

Libertad Digital ha tenido acceso a este estado de cuentas del consistorio parleño correspondiente al año 2008 y, analizando la ejecución de las distintas partidas presupuestarias y las cerca de 4.000 facturas impagadas la conclusión más evidente es que los impagos, provenientes en la mayor parte de los casos de los años previos a la crisis, no eran fruto de una súbita reducción de ingresos sino una forma habitual de funcionamiento que permitía a Tomás Gómez ofrecer servicios, arreglar calles y parques o repartir subvenciones y regalos sin preocuparse del coste.

A este modo de funcionamiento hay que añadirle un detalle nada trivial: pese a que ahora monte en cólera por lo que denomina "ataques a lo público", Tomás Gómez externalizó la mayor parte de los servicios municipales en Parla, desde la limpieza viaria a la recaudación de impuestos. De este modo, los impagos eran más sencillos y no derivaban en conflictos laborales, como habría ocurrido de tratarse de trabajadores municipales.

Facturas pendientes desde 2003

La situación, que todavía se ha deteriorado más al agudizarse la crisis, llevó a Parla a ser uno de los ayuntamientos de España que más dinero reclamó del Fondo de Financiación de Pago a Proveedores puesto en marcha por el Gobierno, con unos 250 millones, lo que le hizo ostentar el dudoso mérito de ser la cuarta ciudad con más deudas a proveedores de España, sólo por detrás de Madrid, Jerez y Jaén.

Así, muchas de las facturas que ya estaban impagadas en 2008 tuvieron que esperar cuatro años más para ser cobradas. En algunos casos estas deudas databan nada más y nada menos que de 2003, al principio de la primera legislatura de Tomás Gómez con mayoría absoluta.

Es el caso, llamativamente, de una factura de 256,80 euros cuyo concepto son "2 coronas de flores naturales para Pedro Fraile Fernández", que como habrán quizá hayan adivinado es el abuelo del actual alcalde, José María Fraile. También de 2003 es una factura de 4.971 euros que se adeudaba por los caramelos de la cabalgata de reyes.

Ni a la SGAE

Por supuesto, en la fenomenal acumulación de deuda de Parla el mayor protagonismo lo tienen grandes facturas por conceptos como la limpieza viaria y la recogida de basuras, el mantenimiento de parques y jardines y el famoso, y ruinoso, tranvía, pero hay otras que llaman poderosamente la atención por lo peregrino de los conceptos.

Así, por ejemplo, nos encontramos que las fiestas del año 2005 dejaron una deuda con la SGAE de más de 30.000 euros, a los que habría que añadir otros 6.900 por el festival flamenco de ese mismo año. Más todavía: estudiando detalladamente las facturas de ese periodo se pueden encontrar decenas de impagadas por los derechos de autor de diversas obras representadas en los teatros municipales de la localidad.

Lo más llamativo es que desde la combativa sociedad de gestión de derechos no se ha oído jamás una crítica a tan moroso alcalde, al menos que transcendiera a los medios de comunicación.

Y eso aún a pesar de que todo parece indicar que no pagarles se había convertido en una costumbre parleña: las fiestas de 2006 también dejaron una factura pendiente de más de 15.000 euros y en la ejecución presupuestaria de 2008 podemos ver cómo, pese a que sólo se habían presupuestado 21.300, el gasto final fue de 29.777 pero no se pagó ni un euro.

Fiestas y saraos

Algunas de las facturas impagadas se corresponden a actos y fiestas especialmente realizadas a mayor gloria del por entonces alcalde. Un excelente ejemplo de esto es el que se organizó para la entrega, en marzo de 2005, de viviendas públicas de alquiler y que supuso un gasto reconocido de más de 36.000 euros, entre otros conceptos por 4.000 botellas de agua que costaban 4.280 euros pero que, como todo lo demás, casi cuatro años más tarde no se habían pagado.

En esta línea podemos encontrar también la fiesta de inauguración de la sede de la Policía Local, en junio de 2006. La carpa, el catering y el cóctel contratados para la ocasión costaban 10.000 euros, pero la factura dormía en un cajón.

Los impagos se extienden también a la adquisición de regalos que no se sabe quién recibió, pero sí se sabe quién no pagó: varias compras de relojes en 2005 suman casi 10.000 euros.

En otras ocasiones se dejan por pagar regalos de concursos municipales, como el disco que grabó la artista Chari Bonilla, que dejó una factura pendiente de 5.104 euros, algo más barato que el grabado por la Casa de Andalucía, que suponía 6.960 euros, tampoco abonados, claro.

Colegios, farmacias…

Ninguno de los aspectos en los que el Partido Socialista de Madrid lleva a cabo una oposición más dura parecía importar mucho a Tomás Gómez siendo alcalde, al menos a la hora de pagar.

Los impagos municipales no eluden ámbitos como la educación. Por poner un ejemplo: sólo en gasoil para la calefacción de colegios correspondientes a 2005 se dejaron de pagar más de 73.000 euros.

Incluso en ámbitos tan apreciados por los políticos socialistas como la educación sexual dejó Tomás Gómez su rastro de deudas: varios cursos impartidos en institutos en 2006 y 2007 dejaron 18.000 euros a la espera de cobrar.

Y también hay facturas pendientes en el ámbito de la salud, para no dejarnos nada y a pesar de que los ayuntamientos no tienen competencias. Así, encontramos más de 9.100 euros correspondientes a "prestaciones farmacéuticas" que se dieron en 2006 y que en 2008 seguían sin pagar. En el presupuesto de ese año 2008 se reconocen obligaciones pendientes de pago de 62.412 euros pero sólo se han pagado 63.

Las grandes contratas, las más afectadas

No hay que olvidar, en cualquier caso, que las grandes contratas han sido las más perjudicadas por la política de Gómez, de la que el presupuesto de 2008 nos ofrece buenos ejemplos: una partida titulada "limpieza y aseo" que, por su importe, probablemente se refiera a la limpieza viaria y recogida de basuras.

El presupuesto por este capítulo supera los 15,5 millones, mientras que los gastos efectivamente realizados, y que el Ayuntamiento reconoce como obligación de pago, alcanzan los 14,7. Sin embargo, de estos se han pagado sólo 1,2 millones, menos del 10 por ciento.

Algo similar se puede ver en la partida "mantenimiento de zonas verdes" con un presupuesto de casi 6,5 millones y obligaciones de pago reconocidas de 5,9, pero de los que sólo se han pagado 462.000 euros.

Finalmente, encontramos otra partida de las importantes, la correspondiente a "tranvía" –aunque hay otros pagos relacionados con el tranvía en otras partidas–. El presupuesto roza los seis millones, de los que sólo se han gastado algo más de tres pero todavía se han pagado menos: 604.000 euros, una quinta parte.

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