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Rajoy: "No voy a dimitir porque no me considero culpable"

El presidente niega la mayor y se reafirma en su puesto. "Bárcenas me engañó", asegura. En septiembre aprobará un plan contra la corrupción.

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"Los hechos sobre los que deseo informar a la Cámara se resumen en dos palabras: Me equivoqué. Señorías, lo lamento, pero así fue. Me equivoqué al mantener la confianza en alguien que ahora sabemos que no lo merecía". No es habitual que un líder político, que un presidente de la nación, reconozca error alguno, pero Mariano Rajoy lo hizo una y otra vez. Aunque, una vez pasado ese trance, advirtió: "Este ha sido todo mi papel en esta historia" porque "ni a mí ni a mi partido se nos podrá atribuir ninguna actividad ilícita". Más aún, "ni voy a dimitir ni voy a convocar elecciones legislativas, que quede muy claro".

Más de una hora de discurso inicial, 26 páginas en las que Luis Bárcenas fue prácticamente el único protagonista. Mentó la situación económica, sí, pero en ningún caso monopolizó su intervención. "Voy a referirme, como ustedes saben, al llamado caso Bárcenas", dijo nada más arrancar, reconociendo por primera vez que hoy esta cuestión "concentra la mayor atención" de los españoles y, también, "su mayor rechazo". Y aún añadió en su introducción: "Es importante que sepan qué es lo que está pasando, por qué está pasando, y qué repercusiones puede tener en los asuntos que a ellos más les importan".

Serio, vehemente, en ocasiones enfadado, solemne. Su equipo admite ahora que se había preparado el discurso a conciencia, sin dejar flecos al azar. También tenía reservadas varias "perlas" para las réplicas. Rajoy entró al ruedo porque, a su juicio, ha pasado algo terrible: que la imagen del país empieza a verse afectada. "A eso es a lo que vengo, señorías, a frenar esa erosión de la imagen de España que algunos cultivan; a evitar que el daño a los españoles, a sus intereses y a su futuro siga creciendo de manera irresponsable". Algo que nunca había confesado, a pesar de que su equipo lleve semanas intentando calmar las dudas de inversores o reuniéndose con medios de comunicación extranjeros.

Rajoy acudió al Senado, ante los representantes de la soberanía nacional, a desmentir "las mentiras, manipulaciones e insinuaciones maliciosas que han jaleado con entusiasmo, entre otros algunos dirigentes políticos". Y lo hizo con toda contundencia, lo que despertó enseguida el entusiasmo de la bancada popular, que no dudó en aplaudirle en constantes ocasiones y ponerse en pie tras cada una de sus intervenciones. El jefe del Ejecutivo hizo un relato de los cuatro años del caso: "Dí crédito al señor Bárcenas. Era una persona de confianza en el partido" cuando la trama Gürtel empezaba a conocerse, apuntó. "Lo digo con toda franqueza: carecía de razones para dudar de su inocencia, así es que me fié de él y le apoyé. Creí en su inocencia", insistió.

Según su versión de los hechos, la relación quedó rota "en el momento que llegaron datos que confirmaban la existencia de cuentas millonarias en Suiza no declaradas a la Hacienda Pública". Después de que, en el pleno, la oposición casi en bloque sacara a relucir los mensajes enviados a su otrora hombre de confianza, Rajoy reconoció que se los envió "y hablé con él". Pero también que, en contra de lo que dijo en su día, "le pedí que dejara la tesorería en julio de 2009". "Cometí el error de creer a un falso inocente, pero no el delito de encubrir a un presunto culpable", proclamó. "¿Me engañó? Sí. Lo tenía muy fácil, yo no condeno a nadie de manera preventiva", sentenció.

La tensión interna se convirtió, tras escucharle, en satisfacción y alivio en el PP. "Lo necesitábamos", coincidieron varios diputados. No sólo mentó en constantes ocasiones al extesorero, sino que se mostró "humano" porque "las personas nos equivocamos", en voz de uno de sus asesores. Tras el mea culpa, Rajoy pasó al ataque. Primero contra Bárcenas: "El acusado tiene derecho a mentir, a esconder la verdad, a negar los hechos, a fantasear", pero "yo no puedo decirles otra cosa sino que son falsas sus acusaciones y medias verdades".

Rajoy reconoció varios asuntos espinosos que están en el debate público: "¿Se han pagado sueldos? Sí. ¿Se han pagado remuneraciones complementarias por razón del cargo? Sí. ¿Se han pagado anticipos o suplidos a justificar por gastos inherentes al desempeño del cargo? También, como en todas partes. Es de justicia", afirmó. Fue entonces cuando se escucharon las primeras quejas de diputados de la oposición que rechazaron el cobro de sobresueldos. "Se ha pagado por un trabajo, se ha pagado en blanco y se ha incluido el pago en la contabilidad", respondió el presidente.

Jamás ha cobrado en negro, solemnizó. "Si todo lo que aparece en los papeles de Bárcenas tiene la misma consistencia que en lo que a mí se refiere, estamos ante una asombrosa e imaginativa colección de falsedades, como el tiempo y la justicia demostrarán", argumentó. E insistió: "No me corresponde a mí, ni al Gobierno, ni siquiera a la Cámara, sino a los jueces, establecer la verdad sobre las insidias".

Duro rifirrafe con Rubalcaba

El segundo ataque fue dirigido a quienes "aplauden y jalean las marrullerías de papeles y fotocopias; los que transforman cada insinuación en acusaciones vehementes, dan por bueno, seguro y probado todo lo que se publica e ignoran todo lo que se desmiente", dijo. Esto es, un mensaje a políticos pero también -interpretaron dirigentes del propio PP- a responsables de medios y líderes de opinión. Llegó a ser más concreto y, utilizando al propio Rubalcaba, lanzó un tremendo órdago contra El Mundo. "Los que se erigen en jueces para condenar sin pruebas, los que se dejan arrastrar por una prisa incontenible y prefieren no esperar a que se conozca la verdad", se reafirmó.

Al líder de la oposición le dedicó toda una batería de golpes dialécticos, que fueron a más tras escucharle pedir la dimisión. "No voy a dimitir porque no me considero culpable", le contestó. "No soy un compendio de virtudes como usted, señor Rubalcaba, pero soy una persona recta y honrada", le inquirió, llegando a sacar el caso de Luis Roldán. Sobre la moción de censura: "Vamos a hablar claro, señor Rubalcaba. No me amenace. No se amenaza con los instrumentos de la Constitución", afirmó casi gritando. En su opinión, no conviene plantearla, y la relacionó con los "sacrificios" de los españoles para salir de la crisis. "Si usted sabe todo esto, como lo sabe, ¿por qué siembra incertidumbres dentro y fuera de España? ¿Por qué alienta la sospecha de inestabilidad?¿Por qué sabotea la confianza que se han ganado los españoles en los mercados? ¿Qué cosa tan grande espera conseguir a cambio de que regresemos a la ruina?", le espetó al dirigente socialista mirándole fijamente.

Seguirá con su plan de reformas

Son cosas "muy serias, que no admiten ligerezas", llegó a decir, para a renglón seguido dejar bien claro que nadie ni nada le torcerá su hoja de ruta; su rumbo reformista. "Nada relacionado con este asunto me ha impedido ni me impedirá gobernar. No me preocupa eso que Rubalcaba llama 'ataques de sinceridad del señor Bárcenas', que sí son ataques pero no conocen la sinceridad", recalcó. Y, ante las peticiones de dimisión, ya avanzaba antes de que se materializaran de nuevo: "Si hubiera que dimitir por cada insidia que se propaga sobre nosotros, ¿cuántos de ustedes seguirían en la Cámara? ¿cuántos diputados quedarían hoy aquí?".

"No temo declaraciones de nadie, no vivo pendientes de ellas. Vive usted -Rubalcaba- bastante más pendiente de él que yo", destacó, provocando la sonrisa de varios de los suyos. De nuevo, y como mensaje claro, recalcó que "el gobierno gobierna y está decidido de garantizar ante el mundo la estabilidad". Y punto. "No permitiré que nada ni nadie dinamite el enorme esfuerzo que estamos haciendo todos", como si el daño no se le hiciera a él, al Gobierno o al PP sino a la nación en su conjunto. Apuntaló: "No modificaré el rumbo de reformas que hemos programado".

Tal y como avanzó este diario, prometió que en septiembre comenzará a verse el resultado del paquete de medidas de regeneración democrática -en otras palabras, contra la corrupción- ya avanzadas en el Debate sobre el estado de la Nación. "Tenemos que conseguir que los españoles vuelvan a sentirse confiados en que la política es limpia y honesta", y de ahí que pidiera a los grupos que se adhieran: por ejemplo, los tesoreros de los partidos tendrán que comparecer anualmente en las Cortes.

Férreo defensa del sistema

Su defensa del sistema, en su conjunto, también fue clara. "Algunos creen que la corrupción está extendida. Esa creencia no es sólo muy dañina, sino que es, además, radicalmente falsa", aseveró. Llamó a frenar "este deterioro" de la imagen de los políticos e instituciones. Un clima, en palabras del presidente, que podría causar "un daño irreversible, poniendo en peligro los logros conseguidos gracias al trabajo de todos".

Rajoy resumió su comparecencia: el daño es a toda España, no sólo al PP. Un rejonazo que "trataremos de corregir y superar" y por el que pidió a todos, en especial al PSOE, que cambien de estrategia, aunque ya dejó caer que tiene pocas expectativas: "Si alguno de ustedes piensa que es más conveniente enviar otro mensaje, hágalo, o siga haciéndolo. Yo, por mi parte, me esforzaré para que la voz de la España sensata, laboriosa y responsable suene más alto y con más fuerza que cualquier otra". Rajoy se marcha de vacaciones jaleado por los suyos y enormemente criticados por el resto. "He explicado lo que yo sé y lo que yo creo que se debe hacer para recuperar la confianza de los ciudadanos", concluyó consciente de ello. "Lamentablemente, en septiembre, seguiremos con esto", se reconocen abiertamente en Moncloa.

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