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Aznar llama a recuperar la "ambición" que demostró él en el Gobierno

No congregó a ningún ministro ni a la cúpula del PP, pero volvió a abarrotar el auditorio. Aznar reclamó más "política" y volver "a la gran ambición".

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José María Aznar volvió a abarrotar un auditorio de entregados fieles, unas mil personas. La expectación mediática tampoco menguó. Pero la fotografía cambió con respecto a la presentación del primer volumen de sus memorias. Entre ése y el segundo ha pasado prácticamente un año. Suficiente para que el expresidente rompiera su calculado silencio para denunciar la "lánguida resignación" de su sucesor, ya fuera por su falta de contundencia frente a la amenaza secesionista o por la política fiscal contraria al programa del PP. También ha dado toques de atención en la lucha antiterrorista.

La relación con Mariano Rajoy ha ido volviéndose más compleja, más difícil. Y, un año después, el hoy presidente no estuvo arropándole, como tampoco ningún miembro del gabinete gubernamental. Aznar es presidente de honor del PP, pero nadie del núcleo duro de la formación asistió. Más aún, en paralelo, María Dolores de Cospedal protagonizaba un acto a pocos kilómetros. No acudió ningún vicesecretario general, ni tan siquiera Javier Arenas. De la dirección, únicamente estuvo Jaime Mayor Oreja, pero en calidad de exministro del Interior.

Sí estuvo la denominada vieja guardia al completo. Siempre está. Pero en esta ocasión ocuparon la primera fila. José Luis Ayllón, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, representó al Ejecutivo. También acudieron Jaime García Legaz -responsable de Comercio- e Ignacio Cosidó -director general de la Policía-. Ante la ausencia del PP nacional, de nuevo el de Madrid se hizo notar: desde Esperanza Aguirre a Ignacio González pasando por consejeros, alcaldes y diputados. Ana Botella, alcaldesa y cónyuge, fue una de las grandes protagonistas.

Dicen los suyos que a Aznar poco le importan esas ausencias. Ante sus fieles, aquellos que nunca faltan a sus convocatorias, hizo una encendida defensa de la "gran ambición" que movió a su Ejecutivo, un "equipazo" del que nombró a los presentes. "Con momentos de amargura, en todas las acciones y decisiones políticas que tuve que tomar, mi único interés fue España. Ése sigue siendo mi compromiso: servir al interés general de España y de los españoles", proclamó.

Aznar volvió una y otra vez al pasado "para abordar los problemas que hoy tenemos delante". La historia "de una gran ambición para España", tituló, en referencia a su época en el poder. "Entonces y hoy compartimos algunas cuestiones básicas. Con la letra pequeña no se hace la buena historia", defendió. El expresidente apuntó entonces a la estabilidad institucional, a una "idea básica" del derecho y la legalidad, a la lucha contra el terrorismo o a una hoja de ruta en favor de la unidad nacional. Unos principios que, afirmó, nunca se pusieron en cuestión durante su mandato.

Capítulo especial le dedicó a Cataluña, pero fue un análisis muy general. No mentó a Rajoy para reclamarle más mano dura ni denunció el plan de Artur Mas. "Tenemos que tener cuidado de no perder lo que ganamos", avisó. "El nacionalismo radical no puede romper la mesa definitivamente" y, para ello, llamó a involucrar a todas las instancias sociales. "Yo creo que en España existe una gran mayoría social para defender y ponerse de acuerdo en esta idea", y ahí reside "el éxito de España".

Dura crítica a la clase política

Integración frente a separación, recetó. "Ésa es la historia de una gran ambición que tenemos que recuperar", resumió sin Rajoy escuchándole. Precisamente, la crítica más clara al Gobierno vino a la hora de abordar la crisis política en general. En relación a los gobernantes actuales, expresó una preocupación: "La política es más importante que nunca y el problema es que no se hace suficiente y al no hacerse pasan algunas cosas. Los políticos renuncian a su ámbito de responsabilidad y decisión y son otros poderes los que toman decisiones, y eso no es bueno". Y volvió a mirar al pasado: "Nosotros no estábamos en el Gobierno para que nos resbalasen las cosas".

Aznar reclamó, sin citar a nadie, que se evite por todos los medios que el nacionalismo acabe rompiendo "la mesa". José María Fidalgo y Josep Piqué, con los que compartió protagonismo, elogiaron su discurso. El objetivo final es que "el interés general prevalezca sobre cualquier interés particular, mezquino". Ésa es "la gran esperanza de futuro", sentenció con cierta contundencia.

Sus últimas palabras fueron en clave personal: "Hay momentos para la amargura pero hay que interpretarlos dentro de una trayectoria histórica general que en la manera de lo posible hay que salvaguadar". Los aznaristas creen que no se ha sido justo con él, y él se reivindicó. Tras sus palabras, una larga ovación y una foto que sí se repitió con respecto a 2012: una interminable fila de seguidores que, durante un largo rato, estuvieron esperando para que les firmara el segundo volumen de sus memorias: El compromiso del poder.

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