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Rajoy entra en campaña con duros golpes a Rubalcaba pero sin candidato europeo

Sin candidato, el PP entra en campaña. Rajoy fue muy duro con Rubalcaba y recuperó la herencia. No citó ni a Aznar ni a Mayor pero sí a Quiroga.

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El momento final de la convención | Tarek/PP

Un auditorio a rebosar de militantes aplaudiendo a rabiar. Las tres primeras filas repletas de altos cargos: miembros del Gobierno, barones territoriales, la dirección nacional del Partido Popular en pleno... Y un grito por encima de cualquier otro, a pesar de que la intención inicial era vender la recuperación económica: "¡Unidad!". Como repetían los portavoces oficiales, "hay un gran ambiente, todos estamos con el presidente". Pero sólo hacía falta rascar un poco: "No hay contenido, falta política", según un dirigente madrileño. "¿Aznar? Sí ha estado, lo ha inundado todo pese a su ausencia", resumía en privado.

"Éste es el PP, nuestro partido, y presidirlo es una responsabilidad inmensa y honor impagable por el que siempre os estaré agradecido", concluyó el presidente tras casi una hora de intervención. Entonces, se reprodujo la foto del 2008, sin Esperanza Aguirre e Ignacio González, los grandes ausentes. Esas tres primeras filas de cargos subieron al atril y rodearon a un exultante Mariano Rajoy. "El PP es un partido fuerte porque está unido y porque en él se puede confiar", proclamó, recibiendo la ovación de los más de 1.500 cargos reunidos para la ocasión.

Por supuesto, el presidente no mencionó a José María Aznar. Tampoco a Jaime Mayor Oreja, de cuya renuncia se habló largo y tendido en los pasillos, ni hizo un llamamiento a los descontentos que han buscado refugio en otros partidos, por ejemplo en Vox, como así le recomendó Esperanza Aguirre. Durante casi una hora se reafirmó en "su plan" y se revolvió contra quienes le acusan de variar la histórica postura del PP contra ETA: "La victoria de la democracia, la disolución incondicional de ETA y la derrota definitiva del terrorismo con todas sus consecuencias es el único final aceptable de toda esta historia, el único", afirmó con contundencia.

No citó a Aznar ni a Mayor, pero sí tuvo una mención especial y muy simbólica para Arantza Quiroga, que el mes próximo será corroborada como presidenta del PP vasco en un congreso extraordinario. "Juntos, todos, codo con codo, con Arantza al frente, vamos a poner todo nuestro empeño para conseguir" el final de ETA, afirmó. Entonces, ella, protagonista indiscutible los tres días del cónclave, se puso en pie para recibir el aplauso de los cargos congregados en Valladolid.

Vapuleo a Rubalcaba

No hubo autocrítica. Tampoco anuncios importantes, a pesar de la expectación creada sobre la reforma fiscal. Y, por supuesto, los populares siguen sin saber el candidato a las europeas a pesar de tener ya en sus manos el manifiesto electoral. Si bien, se notó que los comicios están a la vuelta de la esquina. Rajoy dejó a un lado su tono institucional para recuperar el de la oposición y atacar a Alfredo Pérez Rubalcaba una y otra vez.

Como ocurría con Zapatero, en ningún momento dijo su nombre. Pero la mayor parte de su intervención la utilizó para quejarse de su falta de altura y recordar como dejó el PSOE el país hace poco más de dos años. "Conviene no olvidar las cosas. La memoria es muy volátil, sobretodo la de algunos cuando les conviene. Hace dos años recibimos a España al borde de la quiebra. Suena muy duro, pero es la verdad. Estaba tambaleándose", puso en contexto.

De nuevo, la herencia; hacía tiempo que no le dedicaba tanto tiempo. "Cada mañana era un sobresalto, una angustia nueva", recordó. Incluso llegó a decir: "No sabíamos si podríamos mantener los servicios sociales. Muchos creían que no podría resistir" y que España estaba abocada al rescate o a la salida del euro. "A partir de ahí, nos arremangamos y acometimos la tarea. Detuvimos en seco la caída. No es por presumir. Nadie nos ha regalado nada. Alguien en este país tiene que reconocer lo que fuera de España nos reconocen todos", arengó a sus cargos.

"No ha habido en España un proceso de reformas tan importante", sentenció, en lo que muchos vieron un sibilino golpe a Aznar. Aunque, sin duda, el que más recibió fue Rubalcaba. "Nos criticaban cada decisión que adoptábamos, todas, y ahora continúan", dijo, para añadir: "Quienes lo hacían son los mismos que tanto nos habían pregonado en falso brotes verdes y amaneceres luminosos. ¡Los mismos!".

"Va a ser España la que se va a llevar la crisis por delante", ofreció como titular redondo. "Hemos pasado de la resignación a la esperanza, del conformismo al reformismo", pregonó. En otras palabras, ahora "respiramos" aunque "hay que seguir empujando". Y siguió con los ataques a Rubalcaba: "Todo tiene un límite. ¿Cómo es posible que venga alguien y diga a los españoles que no se ha hecho nada? ¿Cómo puede decirlo quién lo dice? ¡El que fue vicepresidente de un Gobierno que llevó a España a la ruina!", recalcó cosechando una nueva ráfaga de aplausos.

Claro que su último golpe estaba todavía por llegar. Al líder de la oposición le habló como si le tuviera delante: "Tú, o te callas o reconoce el mérito de la gente", le espetó. "Queda mucho por hacer, pero otra cosa distinta es decir que los esfuerzos no han servido para nada. Tú eres parte destacada en la causa de este calvario", se reafirmó.

Sin detalles de la reforma fiscal

La cercanía de las elecciones pesan y así se notó en el tono y el fondo del discurso. Pero el propio Rajoy había avanzado que daría detalles sobre un asunto capital -el de los impuestos- y no ofreció concreciones. "No es un objetivo a corto plazo. Estamos diseñando un programa completo de reducción de impuestos. Ahora podemos hacerlo", afirmó, consciente de que si algo ha quemado a las bases es la escalada impositiva, contraria al programa electoral. Antes, se excusó, "las prioridades eran otras".

Rajoy se envolvió sin reparos aparentes en la bandera de ese programa incumplido durante la primera etapa de la legislatura: "Haremos la reforma fiscal de acuerdo con lo que decía nuestro programa", prometió, sin citar el IVA -que según Cristóbal Montoro no sufrirá variación- ni el IRPF, que en principio bajará a partir del 2015. Sí reiteró que la bajada de impuestos será "paulatina" a lo largo de los años.

Sobre el resto de reformas que faltan, también pocas novedades más allá de los grandes titulares. Se revisará el modelo de financiación autonómico, se avanzará en el adelgazamiento de la administración, el sistema energético seguirá sufriendo cambios y, por fin, se avanzará en la unidad de mercado. "Este Gobierno no va a parar en su impulso reformista", certificó.

Sin candidato a las elecciones europeas

Incluso sacó pecho de las medidas contra la corrupción que se empezaron a aplicar tras el caso Bárcenas, aunque sólo fue una pincelada en su largo discurso -15 páginas-. Con Miguel Arias Cañete en la foto pero sin ser proclamado ni mencionado, Rajoy lanzó un último mensaje: "Tenemos que ganar las elecciones europeas. Este partido va a ganar las elecciones", auguró, a pesar de las encuestas. "Viva España y viva Europa", le ayudó Joseph Daul, presidente del Grupo del Partido Popular Europeo en la Eurocámara.

Para ello, para darle la vuelta a las encuestas y ganar los comicios, Rajoy sabe que necesita al partido unido. "Hemos vivido tiempos mejores y peores, pero nunca hemos flaqueado", les dijo a los suyos, contrariados tras una semana de renuncias y plantones. El presidente pidió cabeza alta y pareció dar su particular portazo a quienes le están poniendo en duda: "Nuestro ideal es España y el bienestar de los españoles", proclamó tras tres días negando fracturas. Si bien, y así lo admiten en privado, este PP está, cada día, más alejado de Aznar.

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