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'El País' olvida el acoso del PSOE a Suárez y sitúa a Aznar en el origen de la "crispación"

Suárez es el protagonista indiscutible del día y hoy no es nadie quien no tenga algo que decir sobre el fallecido expresidente.

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"Adiós al mito de la Transición", titula El Mundo. "Adiós al político del consenso". Como en todos los periódicos, un sinfín de artículos hablan de Suárez. Aznar, Pedro J., Casimiro García-Abadillo, Julio Anguita... El editorial dice que "con Adolfo Suárez desaparece una figura clave, uno de los grandes, el hombre que fue capaz de dirigir España desde un régimen autoritario a un modelo de democracia plena en un tiempo récord y hacerlo en paz". "Tuvo también algunos errores que hoy estamos padeciendo. El modelo territorial es el más relevante". Pero hoy no es el día de los reproches. "Con Suárez se va la manera más noble de hacer política y de servir a España".

Pedro G. Cuartango no lleva bien estas cosas y dice que "la santidad es empalagosa y más en un país de envidiosos como este. Aquí solo se habla bien de la gente cuando se muere". Por eso tenemos un refrán que dice que Dios nos libre del día de las alabanzas. En resumen, a Suárez "la prensa le maltrataba, su partido le había retirado el apoyo, el Rey iba diciendo que su gestión era un desastre, el PSOE había puesto en marcha una operación de acoso y derribo, la iglesia le detestaba por la ley del divorcio, la banca no se fiaba de él y los militares le odiaban". Así que no vengan ahora con milongas. Lo mismo opina Federico Jiménez Losantos. "Lo echaron tras una campaña de desprestigio, sobre todo del PSOE, repugnante (…) Del 23-F al 11-M nos hemos acostumbrado a la conspiración institucional y a la manipulación informativa. En honor de Suárez, que se ahorró el 11-M, cabe decir que la casta política que lo liquidó es la que está liquidando España".

Entre los obituarios, que hay a porrones, más de los que se pueden leer en un solo día, destaca el de Lucía Méndez. "Coqueto hasta la exageración era muy descuidado con su salud, se alimentó de tabaco negro, café y ambición política". ¡Anda, si era de carne y hueso! "Cuando fue a pedir la mano de su novia, le dijo que antes de los 50 sería presidente. Delirios de grandeza, pensó el suegro", con penoso ojo clínico. "Dio los primeros síntomas del síndrome de la Moncloa en el 79. Sufría insoportables dolores y dormía con una pistola". Raúl del Pozo aporta su granito de arena con detalles de sus últimos días que no podía guardarse para sí mismo. "Aunque poblado de confusiones, Adolfo Suárez ha permanecido sentado en un sillón con máscara de oxígeno para evitar las flemas de la infección pulmonar. A pesar de los conatos de asfixia, no ha dejado de sonreír. Un hombre castellano, fuerte y silencioso, le ayudaba a orinar y defecar, lo limpiaba, le daba de beber porque en las últimas horas el enfermo no pedía agua, ni comida, ni hacía señales de ir al váter". Gracias, Raúl, sin duda la figura de Suárez no sería completa sin esa gran aportación. La familia estará encantada.

"El forjador de la democracia", titula El País. "El primer jefe de gobierno tras la dictadura franquista recibe el unánime reconocimiento de la sociedad española en su histórica aportación a la Transición". El mismo chorreo de firmas, entre las que descata la de José María Aznar, que no suele escribir en El País, y la plana mayor del PSOE -Felipe González, Rubalcaba, Guerra, Zapatero- con Cebrián a la cabeza. En el editorial dice que Suárez era "la persona adecuada en el momento oportuno". Y tras hacer un repaso por el momento histórico de Suárez dice con un morro que se lo pisa: "El consenso pasó a ser un recuerdo y la crispación se instaló en la vida política con la irrupción de Aznar". Lo de tahúr del Missisippi de Guerra, entre otras lindezas que le dedicó el PSOE de Felipe González a Suárez no es crispar. De cemento armado. Cebrián firma un ladrillazo de dos páginas en las que nos cuenta que le trató fatal. "Mantuve con él una relación personal cordial, aunque no tanto como para que se decidiera a parar la actividad frecuente del fiscal general del Estado contra mi persona y contra El País. Fruto de la misma fui procesado cinco veces y condenado a un año de cárcel por las opiniones editoriales del periódico sin que su gobierno se decidiera a indultarme".

Felipe González apenas dedica unas líneas de compromiso, al igual que Zapatero, mientras que Rubalcaba le llama "legado de concordia", "gobernante capaz y político inteligente y con coraje". Alfonso Guerra trata de pasar desapercibido en un corto artículo en el que como mucho dice que Suárez "le produce nostalgia", que tampoco es cuestión de hacer el ridículo.

ABC titula: "Muere Adolfo Suárez. El presidente que inventó otra España". El editorial habla del legado histórico. "El fallecimiento de Suárez ha supuesto una conmoción profunda para la sociedad española" porque su legado "significa mucho más que un repaso a los acontecimientos de la época". Todos sus columnistas hablan del expresidente. Felix Madero le da las "gracias", Isabel San Sebastián resalta su "dignidad", Carrascal su "valor", Ignacio Camacho, su "audacia", y Juan Manuel de Prada espera que "la divina caricia amorosa" de Dios "resarza a Suárez de los manoseos empalagosos y falsorros de sus panegíricos". No sé si va a tener suficiente fuerza la caricia.

La Razón se envuelve en una bandera de España. "Gracias, presidente". El editorial dice que Suárez fue "un hombre de su tiempo que, por encima de todo, conocía el pulso de la calle y sus anhelos" y ahora el hombre "se marcha en silencio, sin poder decir la última palabra". Pilar Ferrer viene con un titular optimista, positivo. "Muere Suárez , renace la transición. Tras fallecer el expresidente hay coincidencia en retomar el espíritu de los primeros años de la democracia, algo que parece imposible".

En La Razón escriben entre otros Duran Lleida y Sánchez Llibre, y Toñi Bolaño flipa con la última de Artur Mas, que ayer salió corriendo a compararse con Suárez. "En su atribulada búsqueda de referentes políticos el presidente catalán se ha identificado con Obama, Martín Luher King, Gandhi, Mandela y con el pueblo judío. Hoy le ha tocado Adolfo Suárez". Como un cencerro.

La Vanguardia dice "adiós a Suárez, el artífice de la transición". "La España en crisis eleva a Adolfo Suárez a la categoría de mito". Como cada uno coge el cacho de Suárez que le conviene, el conde de Godó escoge "el diálogo como legado". El diálogo también puede ser de besugos.

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