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Rajoy se erige como garante de la Constitución frente a "populistas y demagogos"

Todo el PP rubricó la declaración. La Constitución, proclamó Rajoy, sigue "tan viva como siempre" y debe protegerse frente a "cantos de sirena".

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Todo el PP rubricó la declaración. La Constitución, proclamó Rajoy, sigue "tan viva como siempre" y debe protegerse frente a "cantos de sirena".
Foto de Rajoy con los barones en La Granja | EFE

Nunca antes Mariano Rajoy había explicitado de manera tan contundente su defensa de la Carta Magna, con un manifiesto apodado ya la declaración de La Granja y suscrito por el poder autonómico y local del PP. "Sólo desde la Constitución seremos capaces de rechazar planteamientos de radicalidad y de ruptura", se subrayó en un cuidado escenario, con todas las banderas autonómicas. La orden había sido tajante: no podía faltar nadie porque la imagen de unidad era, en esta ocasión, tan importante como el mensaje -que, en realidad, no era ni mucho menos nuevo-.

España "necesita más que nunca" el texto de 1978, se apoyó por todos -también asistieron varios ministros-. Con la Constitución, el país "ganará el futuro y los españoles podremos compartir y ofrecer un proyecto común, ilusionante y solidario, basado en la riqueza de la diversidad y en la fortaleza de nuestra unidad", se puede leer en el texto, de seis páginas. Calladas quedaron las voces que, incluso dentro del PP, sugieren la necesidad de una reforma; todo en aras de la estabilidad y la vigencia del sistema.

Se leyó el documento en todas las lenguas cooficiales. "Es preciso ratificar la vigencia del Estado de las Autonomías como organización territorial idónea para gestionar el alto nivel de autogobierno conseguido y como instrumento que, desde la cohesión social, la colaboración y la lealtad institucional, nos permite alcanzar juntos las cotas de bienestar que merecemos los españoles", se aseguró. Esto es, no habrá más centralismo -en su día se pidió desde el propio PP que el Estado asumiera determinadas competencias- ni menos -como sugiere Pedro Sánchez-.

Fue, en síntesis, una loa al sistema y a la Carta Magna "de todos". La Constitución "no es intocable" pero "tampoco es un juguete", resumió el presidente. Fue un discurso solemne, pero se permitió una dura crítica dirigida al líder de la oposición. "Algunos no se han enterado", se quejó, para rechazar "bromas y frivolidades" que a su juicio sólo reflejan la "desorientación" de Sánchez, al que no citó.

Rajoy tampoco mentó a Artur Mas, pero a él lanzó una advertencia, que no por repetida suena igual de firme: "sobre la exaltación de las diferencias jamás se levanta nada útil para el conjunto". Esto es, y pese a no rechazar las divergencias, "para el PP no es negociable la soberanía nacional, la unidad de España y la libertad de todos los españoles".

No cierra la puerta a la reforma

El acto apenas duró una hora, suficiente en todo caso para que Rajoy se presentara como garante del sistema y de la Constitución, pese al latiguillo de que no cierra la puerta a retocarla y no se considera un "fundamentalista" de la causa. "Se ha reformado ya dos veces y se reformará las veces que lo exija el interés general de los españoles, el interés real de los españoles o el desarrollo del proyecto europeo", recalcó. Cabe recordar que en Bruselas se negocia de cara a una mayor unidad entre los distintos Estados miembros.

En todo caso, Rajoy pidió desoír "populismos, cantos de sirena, soluciones demagógicas, reclamos y eslóganes propios del oportunismo político, que solo contribuyen a la destrucción de lo que con tanto esfuerzo hemos conseguido". Un aviso también en clave interna, que no escuchó únicamente Pedro Sanz, el presidente de La Rioja, y fue por motivos médicos.

Rajoy, que incluyó su mensaje económico y afirmó que las reformas han de continuar, dio la "enhorabuena" por una Constitución que "es lo mejor que tenemos y hay que ponerlo en valor". "Conviene saber lo que tenemos, lo que somos y de dónde venimos", resumió, siendo interrumpido por aplausos en varias ocasiones. El texto de 1978, proclamó, dio lugar a unas instituciones "sólidas y estables" y de ahí, a su juicio, que la crisis se haya combatido mejor.

"Cómo será de buena la Constitución cuando no hemos necesitado modificar, reducir o ampliarla y han cabido dentro de ella tantas buenas ideas, reformas y caminos. ¡Cuánto será de buena!", argumentó. Rajoy llamó a echar la vista atrás y comprobar "cuánto hemos mejorado", por lo que rechazó esa autocrítica que se basa "en quitarnos méritos" y "nos desmotiva".

"Es normal que fuera nos vean como un gran país porque lo somos. España, cuando se pone en manos a la obra, es capaz de escalar puestos en los rankings", sacó pecho. Para el presidente, la Constitución "sigue tan viva como siempre" y es "la realidad que vivimos cada día". "¿A alguien se le ocurre otra cosa que hayamos hecho mejor?", se preguntó ante unos barones que -en su mayoría- le dieron plantón en su aniversario hace justo una semana. "Es tan buena porque es la de todos y no la de unos pocos. Queríamos una Constitución para reconciliarnos y lograr un régimen donde convivir y progresar", sentenció.

En síntesis, Rajoy hizo del espíritu de la Transición y la Constitución su bandera; un arma electoral con el que también pretende recuperar a su votante descontento. Y de ahí que exigiera que no faltara nadie a La Granja: el mensaje debía ser unitario. Después, almorzó con sus barones en un encuentro discreto, tal y como adelantó este diario. Y, por su puesto, no se abordó la espinosa cuestión de las candidaturas pese a que algunos de los asistentes volvieron a expresar previamente su malestar ante la indecisión vigente.

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