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Rajoy señala a Podemos como la amenaza e ignora al PSOE

La secesión y el partido de Pablo Iglesias son, para los populares, los dos peligros para España. "Tengo pánico al desastre económico", dice Pons.

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El Partido Popular no disimuló su temor al efecto Podemos y se lanzó a contrarrestar sus proclamas. Sus encuestas apuntan a que el Partido Socialista es hoy la tercera fuerza política en intención de voto y Pablo Iglesias se ha convertido en la verdadera amenaza. Por eso, de forma directa o indirecta, prácticamente todo el mundo pasó al ataque en el ecuador de la convención nacional. El primero, el presidente: "¿Qué sistema quieren cambiar, el que da becas de 1.800 euros sin asistir?", cargó ante los jóvenes de su formación.

Mariano Rajoy entiende que si logra que el votante descontento abandone la abstención podrá hacer frente a la ola de Podemos. De ahí que, pese a su enmienda a la totalidad, la dirección piense que es bueno que José María Aznar siga subiendo al atril. El expresidente apeló a los principios del partido y Rajoy se presentó dispuesto a hablar "de política y de España", pese a que siga insistiendo en que la prioridad es la economía.

Entre los discursos de los primeros espadas, tomaron la palabra los cargos de base. "Soy de la casta de los electricistas", decían algunos. Otros eran "de la casta de los agricultores", de "los jubilados" o de "las administrativas". El objetivo: neutralizar los mensajes de Podemos. El presidente tiró del hilo: "He visto lo que hacen los políticos que no han visto un euro nunca. Que es gente razonable, sensata y honesta, y estoy orgulloso". E incluso se puso como ejemplo: "Empecé en la política pegando carteles".

Aznar alertó en la víspera sobre los que quieren "quebrar el sistema político con la coartada de la corrupción" y Esperanza Aguirre vio en Podemos a los "enemigos de la libertad". "Estamos en un momento crítico en la política, con el desafío secesionista y el nacimiento de una fuerza del comunismo más arcaico y con el populismo más demagógico (…) los comunistas quieren aplicar las fórmulas que han fracaso en otros países", alertó la líder del PP de Madrid, que fue la primera en advertir –antes del verano- de la necesidad de dar la batalla ideológica.

En plena precampaña, el PSOE quedó a un lado y Podemos ganó el protagonismo de las intervenciones. José Antonio Monago (Extremadura) citó a Wiston Churchill en el 50º aniversario de su fallecimiento y contrapuso su histórico "no tengo nada que ofrecer salvo sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor" con quienes "prometen el cielo sin esfuerzo", en relación a Iglesias.

Los vídeos que fueron proyectados durante toda la jornada avisaban sobre "los muros" que quieren construir algunos: los que quieren romper España, pero también los que hacen suyos discursos cargados de "ira", "odio" o "intolerancia". "Ningún huracán se llevará la gran casa que es España", proclamó Javier Arenas, en referencia a Iglesias y a Artur Mas. Esteban González Pons también los relacionó: "Algunos quieren partir España por la mitad (...) ni independentistas ni podemistas". Y miró a Grecia, donde Syriza podría ganar el domingo: "Tengo pánico al desastre económico".

"Ahora hay algunos que quieren cambiar el sistema. ¿Qué sistema quieren cambiar? ¿El sistema que les permitió estudiar toda la vida en colegios públicos si quisieron? ¿El sistema que les permite ir a la medicina pública sin pagar a lo largo de toda su vida? ¿El sistema que les permite entrar en la universidad? ¿El sistema por el que tienen becas sin asistir por importe de 1.800 euros al mes? ¿Ése es el sistema que quieren cambiar", fue el argumento de Rajoy, que almorzó con sus barones y trató tanto la cuestión de Podemos como la de Grecia.

Más calle y más tertulias

La estrategia, más allá del salir del mundo económico y tocar otros palos, pasa por tomar la plaza pública y acudir a todos los medios de comunicación, sean o no de la órbita política. Así, Carlos Floriano –en calidad de coordinador de campaña- dio la orden a las bases de hacer asambleas "en los barrios y pueblos" y de ir "casa por casa" para recuperar el voto perdido.

Frente al eslogan de la casta -que repite sin cesar Iglesias, con connotaciones negativas-, Floriano definió al PP como "un partido de gente normal y realista, que trabaja y que sabe que la gente lo está pasando mal". Orgullo de casta, repetían. "Llevo en el PP 25 años y antes, ahora y siempre estaré orgulloso de mi partido", enfatizó Arenas.

En su discurso de clausura, Rajoy llamará a la movilización y se definirá como el único hombre de Estado capaz de mantener la estabilidad. "No quiero cambiar el sistema. Lo que quiero es perfeccionarlo porque creo que es de los mejores y porque estoy orgulloso de mi país", aseveró ante los miembros de Nuevas Generaciones. El domingo insistirá en ello, como también en que no permitirá que Mas rompa España. Por primera vez en una convención, el PP pareció olvidar al PSOE -y en especial a Pedro Sánchez- para hablar de tú a tú a Podemos y relacionar su amenaza con el separatismo.

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