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Rajoy insta a los barones a asumir la marca PP y su "relato" económico

Barones, ministros y altos cargos arroparon a un Rajoy que asegura que España se juega su "estabilidad" y necesita un PP "en plena forma".

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Mariano Rajoy asegura que el Partido Popular tiene "un relato" de éxitos, y ordenó a los suyos que se dejen de críticas y embrollos internos y salgan a la calle a proclamar a los cuatro vientos el fin de la crisis económica. El presidente no entiende por qué no se reconocen sus logros y a su alrededor se dedican a enredar. "¡Tenemos que estar orgullosos!", arengó a los suyos, descartando cambios internos de ningún tipo, entre vehemente y enfadado por el espectáculo interno vivido en Semana Santa.

El presidente pareció explotar ante un partido que, tras la hecatombe electoral en Andalucía, ha puesto en duda su mandato y hoja de ruta. Su entorno reconoce que se irritó al leer que ya se habla de renovación y cambios cuando él piensa que es el mejor candidato a la Moncloa. Más aún, se indignó al comprobar cómo su secretaria general, a la que respaldó públicamente, y su vicepresidenta se tiraban los trastos a la cabeza públicamente a través de sus entornos. Y llamó al orden, aunque asegurara que el PP sigue siendo "un partido unido".

Se pone como ejemplo

Para Rajoy, no hay que cambiar nada porque, en lo mollar, el suyo es un balance de éxitos. "Un cambio en la política económica que se está haciendo supondría un riesgo cierto para España y la recuperación", sentenció ante el poder político del PP, al que llamó a hacer suyo su discurso. "Es lo que le preocupa a la gente", insistió en varias ocasiones, desdeñando las últimas quejas de sus barones. "Nos dirán con razón que les hemos defraudado en cosas, pero nosotros podremos decirles sin engañarles que hemos acertado en lo importante y los resultados están a la vista", se justificó.

Fue una Junta Directiva Nacional importante para la vida interna del partido, de esas que se califican de "histórica". "Prietas filas porque la silla nos la jugamos todos", se reafirmaron ministros, altos cargos y barones tras escuchar al líder. Pero el ambiente fue espeso, como quedó constatado al inicio de la reunión, cuando nadie aplaudió a la llegada de Rajoy. "Silencio sepulcral", resumió un integrante de la Junta. Después, ya con el micrófono encendido, el presidente fue recibiendo el calor de los suyos hasta la ovación final, con todos los cargos puestos en pie.

Nada más empezar, el jefe del PP -que tras largo tiempo volvía a verse cuestionado por los suyos en todos los medios- no se anduvo por las ramas: "En política, como en la vida, conviene distinguir lo importante de lo que no lo es, tener claro los objetivos y no distarse con asuntos menos importantes, trascedentes o irrelevantes". Lo repitió una y otra vez, y de forma muy enérgica. "Tiempo muerto" hasta después de la elecciones de mayo, como ya publicó este diario. "Lo que nos debe importar" es la economía y ganar las comicios, fue el resumen de Rajoy, que pidió que hicieran propio desde barones a concejales.

La economía como eje

Rajoy cree que la victoria es posible porque el PP tiene "razones que se entienden muy bien" y "hemos gobernado con valentía y determinación". La economía lo es todo, dijo sin medias tintas. Nada de política propiamente dicha, como reclamó en la víspera Esperanza Aguirre, salvo una referencia general a los principios del partido y una muy breve mención sobre la corrupción. "Esto no ha sido fácil. Nos ha tocado gobernar en el momento más difícil, pero ya podemos presentar resultados", sacó pecho, recibiendo los primeros aplausos.

Si algo hizo el presidente fue reivindicarse. Gesticulando, alzando la voz. "Los desequilibrios económicos o ya han pasado o están pasando a mejor vida y se han puesto bases sólidas para la economía del futuro que esperemos que nadie pretenda destrozar", arguyó. "Hay resultados, la gente los ve", apuntó también en varias ocasiones. "Algo habrá notado el consumidor". Y señaló los "magníficos" datos de paro y Seguridad Social de marzo.

Así, aunque quede "mucho por hacer", el presidente defendió su legado político y aseguró que "el cambio de verdad en España" se produjo a finales de 2012, cuando términos como "rescate" o "prima de riesgo" empezaron poco a poco a olvidarse. "Con el aval del pasado pero atendiendo al futuro. Pensad en vosotros, en vuestras propias vidas", aseveró, para reafirmarse en que "estar cerca de la gente es donde siempre ha estado este partido". Esto es, pese a las quejas internas, él considera que nunca se ha apartado de los ciudadanos.

No quiere hablar de pactos

Rajoy desechó prácticamente todas las quejas de sus barones y se aferró a sus ideas. También con respecto a Ciudadanos, que -según las encuestas- se va a convertir prácticamente en la única salida del PP en importantísimas plazas electorales si quiere seguir en el poder. Así, rechazó la ayuda de todo aquél que no sea "la sociedad española". "Sobre los pactos, este partido pacta con los españoles", zanjó, no sin alertar sobre las formaciones emergentes. Sin citar en ningún momento a Albert Rivera, censuró a quienes se nutren "de los que cambian de siglas" o "buscan a candidatos en cafeterías". Y se refirió a los "juegos de ruleta rusa" y a los "experimentos".

Frente a estos, situó al PP. Y, de nuevo en un aviso a navegantes, patrocinó la marca del partido frente a los que aseguran que daña más que beneficia electoralmente. "Este partido y esta sigla son los que nos van a hacer ganar las elecciones. Tenemos la fortuna de formar parte de un partido del que todo el mundo conoce la importancia de nuestras siglas, trayectoria e historia", proclamó Rajoy. En otras palabras, está metido "en la piel de toda España" mientras otras formaciones, según deslizó, sólo aspiran a determinadas ciudades.

De nuevo, instó a la unidad. "Lo primero que tenemos que hacer es creerlo", dijo sobre un triunfo electoral en mayo, evitando cuestiones que "sólo le interesa a 25 personas", en relación a los líos internos. "Éste es un partido que en los momentos difíciles ha dado la talla y ha estado a la altura de las circunstancias", insistió. "Éste no es, ni lo fue nunca, el partido de una sola persona (...) todos unidos por unos principios comunes", afirmó. "Y no voy a hacer un llamamiento a la responsabilidad porque si algo ha derrochado el PP en estos años es responsabilidad".

En riesgo la estabilidad

Como alegato final, el presidente planteó una especie de encrucijada: "Vengo a pedir un nuevo esfuerzo por España. Nos jugamos algo mucho más importante que unas elecciones: salir de la crisis o echar por la borda los esfuerzos de estos años. La estabilidad de nuestra nación". A su juicio, el país aún está "dispuesto a escucharnos" y el partido "no puede fracasar en lo más fácil". E intentó elevar la moral: "¡España necesita al PP en plena forma! A todos nuestros militantes".

Tras el discurso, todos en pie ovacionaron al líder y nadie quiso tomar la palabra. Muchos en el PP creen que, si el 24M se confirma la catástrofe, la crisis interna volverá a recrudecerse. Si bien, al menos hasta entonces, Rajoy confía haber logrado la paz y que todo el mundo se centre en ganar las elecciones. Y, por si cupiesen dudas, dejó claro que María Dolores de Cospedal -también muy aplaudida- seguirá siendo su número dos en Génova.

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