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Epitafio convergente: "El proyecto político de CiU se ha acabado"

El portavoz de CDC acentúa que es una "ruptura sin retorno" y pone en duda que Duran siga al frente del grupo nacionalista en Madrid.

El portavoz de CDC acentúa que es una "ruptura sin retorno" y pone en duda que Duran siga al frente del grupo nacionalista en Madrid.
El coordinador general de CDC, Josep Rull | EFE

Con indisimulada satisfacción y sensación de alivio, el número dos de Convergencia, Josep Rull, ha dado por definitivamente extinguida la alianza entre su partido y Unión. El órdago de Duran de retirar a sus tres consejeros del gobierno autonómico ha sido cazado al vuelo por Mas, que, no obstante, intenta aparecer ante la opinión pública como el elemento pasivo de la ruptura.

Rull, el sustituto de Oriol Pujol al frente de la formación nacionalista, ha dejado claro se trata de una "ruptura sin retorno" y que tras comprobar que Unión no estaba a favor de un Estado independiente para Cataluña "no tiene sentido seguir juntos". "CiU -añadió- ha sido una herramienta de éxito para la Cataluña autónoma, pero no sirve para el nuevo marco de la soberanía".

Según la versión convergente de los hechos, ha sido Duran el culpable de la crisis definitiva en la federación. La renuncia de los consejeros de Unió (la vicepresidenta Joana Ortega, que organizó el referéndum del 9-N, el consejero de Interior y mano derecha de Duran, Ramon Espadaler, y el de Agricultura, Josep Maria Pelegrí) sumada a la votación interna en Unión en la que ganó por muy pocos votos la posición contraria al proceso, son las gotas que han colmado el vaso de la paciencia de Mas, que en el parlamento catalán agradecía a los consejeros salientes su trabajo y anunciaba los relevos para el lunes. El president no considera un contratiempo la disolución de CiU, sino todo lo contrario.

Así, mientras su portavoz en el partido, Rull interpretaba el réquiem por CiU, el de Unión, Espadaler, se resistía a dar por completamente rota la relación. Pero Rull no ha dejado margen para maniobras ni sombra de duda. Unión, como tal, no estará en la lista de Mas. Sí se contará, sin embargo, con quienes le han ayudado a torpedear el viejo partido democristiano dirigido todavía por Duran. El sector independentista de Unión, que aglutina al 45% de la militancia, aún pretende celebrar un congreso extraordinario, pero no parece factible que eso se pueda llevar a cabo en pleno proceso de mudanza.

De hecho, el portavoz convergente ha insistido este jueves, en una comparecencia al mediodía, en que la separación debe ser amistosa, que quedan muchos flecos pendientes, que el grupo parlamentario en Cataluña se mantendrá tal cual ante la inminencia de la disolución de la cámara regional para celebrar elecciones el 27-S, pero que habrá cambios en el de Madrid, que lidera el propio Duran. En principio se mantendrá la alianza entre los dos partidos en el plano local, pero las del pasado 24 de mayo habrán sido las últimas elecciones de CiU, la marca fundada hace 37 años por Jordi Pujol.

Rull, que será uno de los responsables del reparto del "patrimonio conjunto" ha hecho votos por una separación "amistosa", aunque no ha ocultado que se negociará con Unión su representación en las diputaciones provinciales bajo el contexto de "dos partidos que se han presentado juntos, pero que ya no lo están". El propósito de los convergentes es agudizar la crisis en Unión, acorralar a un debilitado Duran y cercenar las opciones de los "socialcristianos" de presentarse a las elecciones a base de fomentar una fuga de militantes y altos cargos con el señuelo de futuras regalías.

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