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El PP no remonta y pide reaccionar: "No podemos ser la orquesta del Titanic"

Rajoy niega discusión en la cúpula por culpa de Barberá y justifica su inacción: "No teníamos ni idea de nada" de lo que ocurría.

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Maroto, a su llegada a la convención del PP, reclamado por los periodistas. | Tarek.

Mariano Rajoy trató de escenificar unidad. Su entorno reconoció lo difícil que está siendo para él actuar contra Rita Barberá, su gran apoyo en Valencia durante años y "a la que ha querido como una hermana". Pero, principalmente, se afanó en defender que la decisión de abrirle un expediente informativo salió de él y que la tomó el martes por la mañana, antes de que los vicesecretarios generales estallaran públicamente contra la otrora alcaldesa.

Los tiempos, en este caso, son importantes. Según el equipo más próximo de Rajoy, éste ya había decidido expedientar a Barberá antes de declararse "más tranquilo" tras la comparecencia de ésta, en la que dijo que colaboraría entre la Justicia, pero también que no pensaba dimitir y que tenía la confianza del líder del PP. En las conversaciones con María Dolores de Cospedal y Fernando Martínez-Maíllo, la exalcaldesa fue tajante en su rechazo a dar un paso atrás y renunciar a su escaño en el Senado, que le permite ser aforada.

Oficialmente, el PP quiso vender que todo estaba controlado y se intentó restar importancia a que Javier Maroto y Pablo Casado calificaran de insuficientes las explicaciones de Barberá. "No explican nada, no convencen nada y no ayudan nada", se desahogó Maroto el martes, toda vez un día antes vivió una de sus comparecencias más duras y se mordió la lengua al acatar la consigna "que venía de arriba". En paralelo, desde Valencia, Isabel Bonig montó en cólera, tal y como avanzó este diario, y reclamó ayuda para conseguir que los concejales investigados dieran un paso atrás. "Ése fue el pacto", se desveló al más alto nivel. De momento, los ediles se resisten a dejar el acta, y han ganado el primer pulso.

El PP estaba en estado de ebullición, pero según el entorno de Rajoy no había noticia. Mientras, Barberá llegó al Senado, hizo el paseíllo ante los medios clamando por su "libertad" y se acomodó en su escaño. Poco antes de las ocho de la tarde, tras una larga jornada aciaga, Maíllo convocó a los medios para informar del expediente informativo, movimiento previo a una posible expulsión. A la exalcaldesa se le informó poco antes, estando en el escaño. La Razón captó el intercambio de mensajes con el número tres. "Esto le puede pasar a cualquiera", se defendió la exalcaldesa, que volvió a cargar contra Bonig.

En este complejo contexto, el PP se reunió este miércoles en una convención centrada en la economía, y que en teoría debía servir para recuperar la iniciativa. Si bien, los ánimos siguen estando muy bajos, como se constata sin micrófonos delante. Los cargos rezumaron cansancio, mientras eran preguntados exclusivamente por Barberá. Públicamente, Maroto fue uno de los más buscados, y se declaró encantado ante la decisión de abrirle expediente. "Me alegro muchísimo, es una decisión que las bases entienden perfectamente", contestó. "Soy como soy, no me callo", arguyó posteriormente en conversación informal. Casado, Maíllo y Andrea Levy se sumaron, mientras que Cristina Cifuentes, referente en alza, pidió todavía más. La situación "es muy grave" y requiere "lógicamente" que se den "muchas explicaciones", declaró ante los medios de comunicación.

Rajoy no quiere oír hablar de dos almas en el PP. Por un lado, él y Cospedal más próximos a Barberá y reacios a los cambios y, por otro, los nuevos portavoces reclamando purgas internas para superar el pasado. "La realidad es que Rita hoy está expedientada y no ha venido a la convención. Ésa es la verdad. No hay debate ni diferencias generacionales", se insistió desde el entorno del presidente, que quiere evitar por todos los medios que cale en la opinión pública que su candidatura está en tela de juicio.

En todo caso, más allá de las declaraciones públicas, el PP vive en un estado de pesimismo permanente. Indisimulado cuando las cámaras se apagan. El ambiente es lúgubre, pese a que en teoría las estructuras se están preparando para unas nuevas elecciones en junio. "Tenemos que reaccionar, no podemos ser la orquesta del Titanic", resumió un alto cargo. Un dirigente valenciano se sumaba: "Estoy pasando unos días muy malos, la gente está deseando volver a votarnos pero no les damos motivos. No estamos defendiendo al partido, cada cual busca salvarse pero no se dan cuenta de que no va a quedar partido", mostró su frustración.

Por inercia, el PP sigue funcionando. Los cargos sonríen, suben al atril, lanzan su mensaje y después se hacen fotos con los simpatizantes. Pero, en los pasillos, admiten problemas graves en cuanto al programa y los candidatos. "¿Para qué sirve esto? ¿Algún periodista está siguiendo las ponencias?", se exasperó un destacado del PP con la convención ya en marcha. "Sólo me preguntan por lo mismo, hay que actuar sin dilación, no podemos seguir así", enfatizó un importantísimo dirigente. En todo caso, todos se hicieron la foto con Rajoy, incluidos varios y destacados ministros.

En su discurso, Rajoy se centró en la economía, como si nada estuviera pasando a su alrededor. Ni una palabra sobre la lucha contra la corrupción. Por la noche, se fue a Telecinco, y la primera pregunta fue sobre Barberá. "Hemos abierto un expediente y tomaremos las decisiones que, en justicia, tengamos que tomar", contestó. El diputado Francisco Molinero, desconocido para la gran mayoría, será el instructor del caso. "Hasta que no se levantó el secreto de sumario, no teníamos ni idea de nada", se justificó el líder del PP, que evitó en todo momento respaldar a su otrora gran aliada.

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