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Rajoy se lava las manos y el PP se divide ante la prohibición de las esteladas

"No es mi competencia", zanja en conversación informal. "Puigdemont puede hacer lo que quiera", añade. El PP se divide entre defensores y detractores.

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Mariano Rajoy trató de guardar todas las distancias posibles con respecto a la decisión de prohibir las esteladas en la final de la Copa del Rey, que se celebra este domingo en Madrid. Se acogió a resoluciones de la UEFA y de la federación española de fútbol, se encogió de hombros y apostilló que no es su competencia. "La decisión es de la junta de seguridad... No quiero decir nada más", afirmó ante las preguntas de los informadores, en una charla informal en Palma de Mallorca, "Puigdemont puede hacer lo que quiera", fue lo más que dijo ante el anunciado plantón del líder catalán.

Al presidente en funciones se le notó que la cuestión le incomodaba. Su equipo se afanó en asegurar que no tenía otra opción, toda vez la normativa es clara y la bandera independentista tiene implícito un mensaje político -"También se prohibiría la bandera del PP"- y su presencia en el estadio podría generar "tensiones o incidentes". Si bien, cuando Rajoy quiso dar por zanjada la polémica, varios cargos del PP ya habían orillado la directriz oficial del partido.

Las mayores fricciones llegaron desde el partido en Cataluña. "A mí la estelada no me gusta. Es tan inconstitucional como la que había en este país durante la dictadura, pero no hace falta prohibirla en los partidos", destacó Xabier García Albiol, distanciándose de la medida tomada por la Delegación del Gobierno en Madrid. Se reafirmó: "Si alguien quiere ir con la estelada pues que vaya, mientras se comporte y no haga daño a nadie".

"Ni prohibición de esteladas en Madrid ni ocultar la bandera de España en Cataluña", se sumó Alberto Fernández, que es el representante del PP en el Ayuntamiento de Barcelona. En línea, en el foro que la formación celebró en Palma de Mallorca con Rajoy como protagonista, algunos altos cargos lamentaron que la decisión podría alimentar "el víctimismo" del nacionalismo catalán. "El jaleo está asegurado", en palabras de un miembro del séquito del presidente en funciones.

Por contra, hubo quienes sí se ciñeron al argumentario oficial, y defendieron que la Policía evite la presencia del símbolo rupturista en el estadio. "Es un ejercicio de racionalidad y sensatez", en palabras de Rafael Catalá, el titular de justicia. "Está fuera del orden constitucional, recordó José Manuel García Margallo, también del Ejecutivo. Rafael Hernando, el portavoz del Grupo Popular, fue todavía más vehemente: "Es una bandera ofensiva para muchos españoles... un símbolo que busca la destrucción de España y romper España" y, por lo tanto, "la medida es enormemente acertada", declaró. María Dolores de Cospedal, también en Palma, evitó contestar a los periodistas.

En lo que sí hubo unanimidad fue en la firme condena de la visita de Arnaldo Otegi al Parlamento catalán. Ya a micrófono abierto, tanto Rajoy como la número dos del PP aprovecharon sus intervenciones para denunciar el "vergonzante espectáculo" y centraron la atención en Carmen Forcadell, presidenta de la institución que recibió "al etarra". "Hirió los sentimientos de las víctimas del terrorismo y de millones de españoles. Lo siento mucho pero nosotros vamos a estar en nuestro lugar", se quejó el presidente en funciones.

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