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La campaña del PP: Aznar no callará y Rajoy no le hará caso

"Las relaciones son estupendas", dice Rajoy. Aznar pide cambios urgentes: "Mantengo opiniones políticas propias".

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El presidente, en Burgos, visitando las instalaciones de la empresa Campofrío. | Tarek.

A Mariano Rajoy le incomoda que le saquen a colación el nombre José María Aznar. En un foro del Diario de Burgos, le preguntaron por qué no se han cursado invitaciones para la campaña y los cursos de verano de FAES. El líder del PP gesticuló, medio sonrió y esquivó las dos cuestiones con celeridad. "Las relaciones entre Aznar y yo son estupendas y no hay nada más que decir", dijo, entre risas de algunos de los presentes, y esperó a que le interpelaran por otra cosa.

Para Rajoy, hoy era el día de sacar pecho. Con la cifra del paro registrado -que ha bajado de los 4 millones por primera vez en seis años- en todas las portadas, el candidato quiso centrarse más aún sin cabe en su discurso económico. "No vamos a descansar hasta recuperar todos los empleos perdidos durante la crisis" y los desempleados "pueden tener esperanzas, cada vez más fundadas", destacó en Burgos. A renglón seguido, volvió a prometer que bajará los impuestos: "Sería un error no bajarlos" y, según precisó, podrá hacerse "si sigue aumentando la recaudación".

Mientras Rajoy defendía su proyecto económico y político, justo al mismo tiempo, Aznar también tomaba la palabra. Lo hacía en Madrid, en la clausura de unas jornadas del Instituto Atlántico, y no fue tan optimista. "Hemos avanzado demasiado sobre el camino equivocado. Debemos dar la vuelta ya. La alternativa no debe ser aceptable", zanjó ante los presentes, con la crudeza habitual en él.

Aznar no mentó a su sucesor, con el que ya no tiene apenas contacto, pero pareció mandarle varios recados. Y ya avisó de que seguirá "alertando y alentando" cada vez que estime oportuno. "Lo hago, siempre, por el interés de mi país, que es con el que me siento comprometido", avisó a navegantes. En ningún caso citó al PP, del que es presidente de honor. "Mantengo opiniones políticas propias", destacó en un momento de su intervención, y se le escapó una sonrisa.

A ojos del expresidente, la amenaza de unas instituciones tomadas por "el populismo" es real, y reclamó aprender de lo ocurrido en el pasado al tiempo que defendió a capa y espada la Transición española. "No es verdad que se hiciera con desmemoria. Al contrario, se hizo con voluntad de consenso", afirmó. Y lamentó que no se les haya podido parar los pies a los "radicales", al menos hasta ahora.

Fue entonces cuando Aznar se situó en el presente. "Creo, sinceramente, que ahora mismo no hay trabajo más importante para España que recuperar la voluntad de concordia para evitar un descarrilamiento histórico que no es imposible", aseveró. Y se quejó, sin citar a nadie, de la estrategia basada en "polarizar, amedrentar, excluir y dividir a los españoles". "En esa competición siempre ganan los mismos, que son los peores", advirtió para, a renglón seguido, recomendar "las tareas de vincular, acercar y consensuar".

En paralelo, pero en Burgos, Rajoy recalcó que solo hay "dos opciones" de cara al 26J, en relación al PP y Podemos. La moderación frente al caos, como no se cansan de repetir sus estrategas electorales, polarizando la campaña, aunque de vez en cuando el presidente dedique algún ataque a Ciudadanos. "La única forma de que la economía prospere es mantener las reformas económicas", insistió Rajoy. "Si damos marcha atrás, volveremos al 2011", añadió.

Aznar y Rajoy se cruzaron todavía un mensaje más. El expresidente abogó por hacer "sacrificios personales que sean necesarios en cada momento", de nuevo sin mentar a nadie. El líder del PP precisó que aún le queda mucho en la primera línea política, y que no piensa echarse a un lado. "Me encuentro a mitad de una tarea tan difícil como apasionante", sentenció. Después, contestando a otra pregunta, rechazó que no haya regeneración bajo su batuta. "Vamos ganando amigos por la vía de la ampliación, no de la sustitución", y citó una vez más a Soraya Sáenz de Santamaría o a Pablo Casado, muy próximo a Aznar.

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