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El "procés" explota: Puigdemont desafía a la CUP con una moción de confianza tras el 11-S

"No se puede ir a cazar elefantes con una escopeta de perdigones", reprocha el president a los antisistema por su veto a los presupuestos.

(Barcelona)
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El "procés" explota: Puigdemont desafía a la CUP con una moción de confianza tras el 11-S
Carles Puigdemont | EFE

Sesión histórica en el Parlament. Por primera vez un gobierno autonómico catalán no ha podido aprobar los presupuestos. Tremenda bronca entre los grupos de Junts pel Sí y la CUP, reproches, miradas asesinas y sorpresa final. El presidente de la Generalidad ha anunciado que se someterá a una moción de confianza a la vuelta de las vacaciones, en septiembre. Tras cinco meses de mandato, Carles Puigdemont, al que se empieza a denominar ya como Puigdemont, el breve, ha roto la baraja y el pacto con los antisistema, que pretendían que su ejecutivo funcionara con los presupuestos prorrogados.

"No se puede ir a cazar elefantes con una escopeta de balines", dijo el exalcalde de Gerona. En la bancada de la CUP no salían de su asombro. Al contrario que Artur Mas, Puigdemont ha cortado por lo sano y ha lanzado un órdago. Después de soportar más de sesenta votaciones en contra de los cuperos, ha dicho "prou". Se trata de un movimiento táctico con el que pretende cargar toda la responsabilidad de la voladura del proceso separatista en los diez diputados antisistema. La presión sobre la CUP es máxima, menudean las críticas e incluso los insultos. Un cargo del gabinete de comunicación convergente ha llegado a comparar a los diputados de la formación anticapitalista con los estafadores que engañan a los abuelos con falsas revisiones del gas.

El partido asambleario está dividido. En la votación del martes por la noche, el órgano de dirección de los cuperos decidía sostener la enmienda a la totalidad de los números de Oriol Junqueras, el vicepresidente económico y líder de ERC, por 29 votos a favor, 26 en contra y tres abstenciones. Con ese mandato acudieron a una sesión parlamentaria que acabó en una monumental bronca y un sorprendente anuncio, la moción de confianza a la que se someterá un debilitado Puigdemont en septiembre.

La coalición formada por CDC y ERC ha gastado su último cartucho. A expensas de lo que ocurra en las generales del 26 de junio (en las que los sondeos relegan a los convergentes a la última posición), Puigdemont comparacerá a la vuelta del verano en la cámara catalana, que será la que decida si finiquita la legislatura o da una segunda oportunidad a la marca de conveniencia Junts pel Sí. El president confía en que el calentamiento separatista en torno al 11 de septiembre le permita acogotar a la CUP y continuar al frente de la Generalidad, pero tampoco es descartable que se agranden las fisuras entre convergentes y republicanos demostradas en los últimos meses.

CUP: corresponsables, pero no culpables

El presidente del grupo parlamentario de la CUP, Joan Garriga, cerró la apabullante sesión con el reconocimiento de que "nuestra posición ha adquirido una relevancia más grande de la que creíamos; nos sentimos corresponsables de estos hechos, pero no culpables". "Aceptamos el reto de la moción de confianza -añadió-, pero creemos que los puentes no se han roto".

Los diputados de la CUP fueron los últimos en abandonar el salón de plenos. Montaron un conciliábulo para valorar la inesperada reacción. Estaban firmemente convencidos, como casi todos los demás partidos, de que el gobierno regional encajaría el golpe y se aprestaría a funcionar con unos presupuestos prorrogados, pero no ha sido el caso. La operación de CDC es clara y meridiana. Pretenden culpar a la CUP de su incapacidad, de las fricciones en Junts pel Sí y del colapso del proceso mientras ganan tiempo para su refundación y caldean el ambiente en torno al 11 de septiembre. Después vendrá la moción de confianza, una vez movilizadas la Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, brazos cívicos del proceso.

La CUP está contra la espada y la pared, pero ese es el escenario preferido de los más radicales, abanderados por la diputada Anna Gabriel y Eulàlia Reguant.

El discurso del 'president'

En una dura y breve intervención, Puigdemont reprochó a los diputados antisistema que hubieran exigido el paso atrás de Artur Mas y ahora se nieguen a levantar su enmienda a la totalidad. "No hay proporcionalidad, no hay lógica y no hay lealtad", afirmó. "Tras dos sesiones de investiduras fallidas. Artur Mas asumió una gran responsabilidad cuando anunció que renunciaba a ser el candidato en un gesto inédito, noble, ambicioso y de país. Un gesto imprescindible para que la legislatura de la desconexión pudiera echar a andar, sin tropiezos. Fue un gran sacrificio para Junts pel Sí y para CDC", proclamó Puigdemont para después recordar el primer punto del pacto roto con la CUP: "No votar en ningún caso en el mismo sentido que la oposición o con quien esté en contra del derecho a decidir".

Según el hereu de Mas, "para respetar a los votantes y el deseo de independencia aceptamos que se retirara nuestro candidato. Obteníamos la garantía de estabilidad del gobierno que había de preparar las estructuras de estado y la independencia del estado español. Acto seguido afirmó: "Constato con tristeza que un grupo que gana las elecciones con 1.600.000 votos y 62 escaños tuvo que retirar a su candidato mientras que otro con trescientos mil votos y diez diputados se niega a levantar su enmienda a la totalidad. En estas condiciones no podemos continuar".

Puigdemont reconoció que "ha perdido la mayoría necesaria para poder trabajar. No tiene sentido aprobar un plan de gobierno y no los presupuestos porque es como ir a cazar elefantes con una escopeta de balines". En tono desolado, pero firme asumió que "no tenemos presupuesto, no tenemos mayoría, no tenemos confianza en la CUP. ¿Qué garantía hay de que cumplan los acuerdos, unos acuerdos que parecen tener vida propia, que mutan constantemente. Confiaba en ustedes y les defendí hasta el final (en alusión a la CUP). Mucha gente confiaba en ustedes, pero han decepcionado las esperanzas de millones de personas. Pasado el mes de agosto me someteré a una moción de confianza para que sea la cámara quien decida en qué condiciones se continúa o si se desencadenan nuevas elecciones. No estamos dispuesto a pagar cualquier plan ni a renunciar a nuestra hoja de ruta", advirtió.

Dos reuniones de Junts pel Sí

La decisión se coció en dos reuniones de Junts pel Sí. A primera hora de la mañana, Puigdemont dio por roto el acuerdo de estabilidad parlamentaria con los cuperos si estos no levantaban el veto a los presupuestos preparados por Junqueras. Dado que no fue así, en un receso del pleno, el grupo de Puigdemont volvió a reunirse para consensuar el anuncio del president.

La presidenta parlamentaria de Ciudadanos, Inés Arrimadas aludió a la novela de García Márquez en la réplica. "Esto es la crónica de una muerte anunciada", declaró. El socialista Miquel Iceta felicitó a Puigdemont por su gesto y le animó a buscar un acuerdo con el PSC que pase por una "hoja de ruta" diferente. Xavier García Albiol, el líder del PP, retó a Puigdemont a que se sometiera a la moción la próxima semana y no esperase a después del 11 de septiembre. El representante podemita, Lluís Rabell, le instó a abrazar la tesis de un referéndum y a apartarse del camino escogido hasta ahora.

Cerró la bronca el portavoz de Junts pel Sí, Jordi Turull, que acusó a los cuperos de ser "incapaces de asumir de sus compromisos". "Junts pel Sí -continuó- se constituyó, se presentó y está aquí para construir un Estado para Cataluña. Lo haremos acompañados o lo haremos solos, pero no fallaremos al pueblo de Cataluña que hace cuatro años que se ha movilizado". También reconoció que el proceso separatista queda muy tocado y lanzó la siguiente advertencia a la CUP: "¿Nos pueden aguantar la mirada? A mí sí, pero no a la gente que lleva cuatro años con el proceso".

Matinal movida, tarde inaudita

La matinal en la cámara fue movida. Junqueras defendió que sus presupuestos eran los más sociales de la historia de la Generalidad. Disertó con poca convicción y asumió desde el principio que no saldrían adelante. Los portavoces económicos de todos los grupos le dieron un chorreo en toda regla, destacando las vaguedades, contradicciones y errores de bulto de su discurso y de su proyecto de ley.

La oposición en pleno y la CUP, los teóricos socios, le dieron palos por todos los lados. Ciudadanos le acusó de poca ambición y mucho postureo; el PSC, de mantener los recortes, Catalunya Sí que es Pot de antisocial; el PP, de subir los impuestos a los catalanes a cambio de ofrecer unos servicios cada vez más deficientes. El diputado podemita Joan Coscubiela definió la situación del gobierno catalán de "coma político" y la cupera Reguant puso la guinda al acusar a Junts pel Sí de plegarse a Montoro, el FLA y la troika.

La tromba fue mayúscula ante un proyecto de ley improvisado a la carrera por Junqueras y que sólo se discutió días antes y en vano con la CUP. No obstante, nada presagiaba el bombazo de Puigdemont, una reacción que pilló con el paso cambiado a los antisistema mientras el resto de los grupos instaban al president a disolver la cámara ante la falta de apoyo, el aislamiento y la consecuente inestabilidad.

La política catalana sigue donde suele, paralizada por una hoja de ruta ilegal y las desavenencias del frente secesionista. El diputado popular Enric Millo dijo que "más que desconectar con España, ustedes han desconectado de la realidad". Pero era sólo el aperitivo de lo que ocurriría por la tarde, un show breve pero intenso, con intervenciones de no más de cinco minutos, incluida la de Puigdemont.

Los efectos de las generales

Se abre un periodo que vendrá determinado por los resultados de las elecciones generales, el debate interno en Junts pel Sí, las estrategias contrapuestas de ERC y CDC, o como acabe llamándose el partido nacionalista, y la capacidad de respuesta del entramado separatista. Verano tenso, otoño caliente y tal vez nuevos comicios autonómicos en noviembre. ¿Se volverá a presentar Mas? En cualquier caso, la CUP se ha cobrado dos piezas, la cabeza de Mas y los presupuestos "de Estado" de Junqueras. Corre el riesgo del aprendiz de brujo, pero de momento marca, determina y condiciona una intensa y agitada legislatura autonómica. El proceso está muy deteriorado, el proyecto separatista en el alero y las piezas del tablero, en el suelo.

Sin embargo, tampoco se debe descartar a priori que los antisistema vuelvan al redil, dada la presión política y mediática en su contra. Puigdemont se juega su futuro a una carta y queda mucho tiempo por delante hasta que los cuperos se vean en la tesitura de estoquear definitivamente este proyecto separatista o insuflarle nuevos aires. Las relaciones parecen definitivamente rotas, pero nada es descartable tratándose de política en Cataluña.

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