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La secretaria de Millet admite que se entregaban "sobres que pesaban" al tesorero de CDC

Elisabeth Barberà, 35 años al servicio de Millet, reconoce el trasiego de dinero entre el Palau de la Música y el partido de Mas.

(Barcelona)
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Elisabet Barberà, durante su declaración | EFE

"Sobres cerrados, gruesos, que pesaban". Esa es la descripción que Elisabeth Barberà ha realizado del dinero que Fèlix Millet, dueño y señor durante décadas del Palau de la Música Catalana, entregaba a Carles Torrent, el tesorero de Convergencia que falleció en 2005. Millet disponía de una caja fuerte privada en sus dependencias del Palau y de ahí es de donde Barberà sacaba los sobres destinados al partido de Pujol, Mas y Puigdemont. Los contactos entre Millet y Torrent eran habituales, al punto de que Torrent era una persona conocida por los trabajadores del Palau de la Música.

Barberà ha comparecido en calidad de testigo y ha limitado su intervención en la cadena de financiación de CDC hasta el fallecimiento de Torrent. De su sucesor, Daniel Osàcar, ha declarado que ni le conocía ni escuchó su nombre. Como en el caso de su exjefe, Barberà ha trazado la raya en 2005, cuando Osàcar, hombre de confianza de Artur Mas, asumió las riendas de la tesorería del partido nacionalista. Hasta ese año, admite el trasiego de dinero y las reuniones entre Millet y Torrent.

Gastos personales

La fiel secretaria, que empezó a trabajar con Millet en los setenta, se ha ceñido a la versión su patrón en relación a la propiedad y destino del dinero que entraba y salía de la caja fuerte del Palau. Al margen de los pagos a Convergencia y que la secretaria ha admitido que eran comisiones por adjudicación de obra pública, el dinero era de Millet y se utilizaba para todo tipo de gastos personales, desde el pago de facturas al servicio doméstico, al jardinero de la mansión en L’Ametlla del Vallés o la compra de lingotes de oro, de lo que Barberà, dijo, se ocupó en un par de ocasiones.

Millet, según su secretaria, era un hombre metódico que traía dinero "de su casa", se lo entregaba a Barberà o a las otras dos secretarias del jefe para que lo metieran en la caja fuerte. Después se realizaba un listado de adeudos, se metían los billetes en sobres y se entregaban a Millet. Todo quedaba registrado en los libros de Millet, una contabilidad personal ajena a la del Palau. Al igual que otros acusados y testigos, Barberà no cuestionaba los manejos de su jefe tanto por su posición social como por sus contactos políticos y económicos.

La declaración de Barberà ha tenido un momento especialmente intenso cuando ésta ha roto a llorar al intentar explicar la razón por la que uno de los sobres incautados en la caja de Millet en el banco llevaba su nombre. Barberà explicó que se divorció y para evitar que su exesposo se quedara con la mitad de un dinero que su padre le había ido pasando Navidad tras Navidad, lo ocultó, con el consentimiento de Millet, en la caja de seguridad del banco, otro de los "escondites" de Millet.

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