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Susana Díaz no abre la boca ante el desconcierto causado por la Junta de Moreno

Algunos han contado los días que lleva la expresidenta sin comparecer ante los medios de comunicación: casi dos meses.

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Susana Díaz, en el debate de investidura de Moreno | EFE

Se origina desconcierto en las personas cuando se emiten mensajes contradictorios, raros o se guarda silencio cuando es preciso hablar. El nuevo gobierno del PP y Ciudadanos está causando este desconcierto a conciencia. Pero el PSOE andaluz también contribuye a la confusión por su silencio, sobre las novatadas de los recién llegados, pero asimismo por el desgaste de Pedro Sánchez y su actitud ante las proclamas del separatismo.

Pasemos revista a los principales trastornos producidos por el gobierno de los Juanmas, Juan Manuel Moreno y Juan Marín. El primero de ellos, los nombramientos escandalosos o caóticos. Se sabía que eran muchos, miles, los nombramientos que un nuevo gobierno tendría que hacer. Pero algunos de ellos, los primeros y segundos niveles deberían haber estado más pensados.

Nombrar a un polémico abogado, con manos en las masas del caso ERE, del caso Marta del Castillo y casos de narcos y no precisamente en el mejor de los lados, ha sido el principal de los escándalos. Pero además está el caso de una delegada de Justicia en Granada que había consentido –o no se enteró, que es peor–, de que su letrado encargado del caso Nevada, Antonio Luis Fernández Mallol ni asistió a la vista con el resultado final de que la Junta ha tenido que pagar casi 170 millones de euros a un empresario.

Pero es que hay más en ese caso. Como consecuencia de aquella clamorosa negligencia, la delegada ahora fulminantemente dimitida, Elisa Fernández-Vivancos, fue destituida por la Junta de Andalucía. ¿Y a quién puso en su lugar? Al propio Mallol, el abogado absentista. Pero, ¿cómo, se llevarán muchos las manos a la cabeza? No se sabe, pero sí que Mallol era pariente de José Antonio Ortiz Mallol, que fue en su día viceconsejero de Justicia y Administración Pública de la Junta de Andalucía y que tuvo que ver con la paralización de las obras del centro comercial Nevada.

Al conocimiento este jueves de que había nombrado secretario general de Cultura un investigado judicialmente por un extraño caso de mosaicos implantados en edificios protegidos de Málaga, se suma hoy otro extraño nombramiento, esta vez en Salud. Se trata de otro imputado en un juzgado de Vera (Almería), Juan de la Cruz Belmonte, por los presuntos delitos de administración desleal y delito societario en una empresa municipal cuando era teniente de alcalde de Vera.

Pero es desconcierto surge de otras sombras poco explicables. Cuando hace dos días se extendía el razonamiento de que no se podía tocar nada en Canal Sur porque, tras 36 años de oposición de los que en 30 ya existía el ente radiotelevisivo, no se disponía de un modelo alternativo de comunicación pública, algo, cuando menos, sorprendente que cuestiona el papel de una oposición tan prolongada.

Pero este jueves, tras el barullo, ya parece que sí, que se va a afrontar el tema Canal Sur y se anunciaba el inicio de unas negociaciones que tendrán que cambiar, cuando menos cuatro cosas: una reducción del tamaño del Ente, una reforma en profundidad de su papel ancilar respecto al gobierno, un cambio en el consejo de Administración (donde no está ni Ciudadanos, ni Podemos, ni Vox) por bloqueo de PP y PSOE y la salida del equipo directivo que ha hundido la audiencia y ha servido fielmente al PSOE.

Pero claro nada se habla de revisar la historia de Canal Sur, el enriquecimiento de determinadas productoras amigas del PSOE, la entrada irregular por centenares de trabajadores a dedo, la participación de ex directivos en productoras "pata negra", su marginación de la oposición durante décadas, su decadente y populachera programación...

Lo mismo pasa con la Función Pública andaluza y la famosa administración paralela. Entre los funcionarios andaluces cunde la sospecha de que el propósito del nuevo gobierno es hacer el paripé de eliminar entes o cambiarles el nombre, pero manteniendo a todo el personal que entró a dedo durante décadas en la nómina del empleo público.

El consejero de Economía, Rogelio Velasco, estrenado con la evidencia de que en su cartera manda mucho más el gurú nacional de Economía de Ciudadanos, Luis Garicano que él, acaba de decir que en su departamento no habrá ni despidos ni reducción de personal en ninguno de los Entes "paralelos" que dependen de su mando.

Luego están las auditorías, que no van a ser de infarto como las de antes. Se han encargado unas cuantas, sobre otros tantos entes oscuros de la Junta, pero no sobre todos ellos, que son más de 200. Pero se insiste en que no tienen nada que ver con la venganza, ni con el deseo de limpiar el lado oscuro de las alfombras ni nada. ¿Y cómo reducir su tamaño, su personal y sus funciones para que la prioritaria sea la Administración oficial sin pisar ningún callo?

Menos mal que lo que sí parece quedar claro por ahora es la creación de un Cuerpo de Interventores de la Administración andaluza, cuya inexistencia da idea de que el control del gasto y de la legalidad no era apreciado por la anterior Junta. Y para confirmarlo, Elías Vendido, el vicepresidente de Juan Manuel Moreno, anunció este jueves una nueva Ley de Función Pública para sustituir a la vigente desde hace… 34 años. Pero con esos antecedentes es difícil creer que su propósito sea un cambio en profundidad de las anomalías vividas desde 1982.

Otro elemento del desconcierto es la gestión del espinoso asunto de la Memoria Histórica, una ley de Susana Díaz que convertía a la II República en el referente básico de comportamientos democráticos en España, por encima de la Transición y de la Constitución de 1978. Pero la Comisión correspondiente del Parlamento la preside Vox que quiere derogar esta ley y se crea una Comisión para la Concordia que dice va a cumplir la ley de Memoria Histórica vigente de pé a pá. Pues a ver cómo se cuadra ese círculo.

Finalmente, y tras el discurso por la regeneración y contra la corrupción, trasciende que el PP se está retirando de su papel de acusación particular en todos los procedimientos judiciales donde el PSOE, la Junta o algunos de sus miembros, son acusados. Por ejemplo, ya lo ha hecho en el caso Mercasevilla, el que dio origen al caso de los ERE y lo hizo precisamente el día en que dio comienzo el juicio.

Lo curioso es en que en medio de todas estas perturbaciones que están pasando de la sorpresa a la desconfianza, Susana Díaz guarda un silencio espeso. Algunos han contado los días que lleva sin comparecer ante los medios de comunicación: casi dos meses. No se le ha oído ni una palabra sobre el famoso "relator" de su enemiga visceral en el Gobierno Sánchez, Carmen Calvo. Tampoco sobre las negociaciones con el separatismo de su liquidador, Pedro Sánchez.

Pero tampoco ha dicho nada sobre el asunto venezolano, donde el papel de su partido no ha sido ni es apreciado por la oposición democrática. Se filtra que se ha reunido con los máximos dirigentes del PSOE hostiles a Pedro Sánchez y que éstos le recomendaron discreción y segundo plano.

Siempre circuló la hipótesis de que el futuro ensayado en Andalucía por Albert Rivera, Juan Marín interpuesto, y Susana Díaz, como máxima dirigente del sector socialista de toda la vida (González, Guerra, Ibarra, Corcuera…) era en realidad el objetivo de ambos partidos. Pero Susana se estrelló contra el resistente Sánchez y la operación hubo de abortarse, aunque, quizá no fue más que un aplazamiento.

Ahora, en vísperas electorales, Susana Díaz podría tener otra oportunidad si Pedro Sánchez se estrella en unas generales anticipadas. En Andalucía tiene un gobierno con fisuras importantes y con opciones de ruptura interna a medio plazo. En el conjunto de España, la vieja guardia socialista, los barones y otras fuerzas internas no verían mal que la caída de Sánchez fuese sucedida por la resurrección de Susana Díaz. El que Ciudadanos haya dejado claro que con el sanchismo pero que con otro PSOE sí, alumbra el camino.

De momento, preparar las elecciones municipales –el sábado se encontrará con Pedro Sánchez en Sevilla con tal motivo– y luego, tras las elecciones generales y según sus resultados, comenzar una oposición sin cuartel a los "trifálicos" del Sur –ministra Delgado dixit– , reorganizar la oposición interna a Sánchez y ya se verá si antes del final de la legislatura hay cabida para alguna sorpresa dado que a PSOE-A y Ciudadanos sólo les falta un diputado para disponer de mayoría absoluta en el Parlamento andaluz. No es tanto.

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