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Barcelona, capital del narco, la prostitución y el proceso, a tiro del separatismo

Las encuestas predicen que ERC será la lista más votada, seguida por Colau, a quien no pasa factura la inseguridad y el incivismo.

(Barcelona)
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Barcelona, capital del narco, la prostitución y el proceso, a tiro del separatismo
Ernest Maragall, en un acto con periodistas. | EFE

Barcelona está sumida en una espiral de inseguridad. Los narcotraficantes se disputan en el territorio a cuchillo y martillazos. También han protagonizado graves incidentes otros vendedores ambulantes, lateros y tenderos del top manta. Las imágenes de peleas en las apretadas calles del Raval o la Barceloneta son un clásico de la ciudad de la alcaldesa Colau.

También las muestras de incivismo en público, el sexo en la calle, consentido o no. La semana pasada la Guardia Urbana detuvo a un sujeto que a plena luz del día estaba abusando de una mujer drogada en un banco del paseo de Gracia. Días antes, otro individuo apalizó y violó a una mujer en las Atarazanas. Le arrancó una oreja de un mordisco, le rompió un brazo y le produjo cortes y laceraciones con las uñas en pechos y genitales. Los vecinos de la zona habían avisado en varias ocasiones de que el tipo, un indigente que vivía en la calle, mostraba un comportamiento extremadamente agresivo. Tras la violación, fue localizado y detenido. El pasado miércoles fue arrestado un traficante por violar a una niña de 13 años en el interior de un narcopiso.

Las denuncias de los vecinos caen en saco roto. La única noticia del Ayuntamiento en las zonas más afectadas por la inseguridad y el incivismo es la demagogia antisistema del equipo de gobierno, que mientras asfixia a la Guardia Urbana echa la culpa a la falta de Mossos de la Generalidad del aumento de delitos en la capital catalana. Los sindicatos de la Guardia Urbana no sólo denuncian carencias de personal y medios, sino también la complicidad del equipo de gobierno municipal con algunos colectivos como los okupas o los vendedores de complementos falsificados. Al tiempo, cientos de adolescentes, los llamados "Menas" (menores no acompañados), vagan por la ciudad dejados de la mano de la Generalidad.

Reflejo en la prensa extranjera

Nadie discute la extrema degradación del Raval, la Barceloneta, el Gótico y el Borne, así como el aumento de los crímenes y el florecimiento de los negocios ilegales vinculados a las drogas y el sexo, unos "alicientes" que ya destaca la prensa extranjera. El último ejemplo, un reportaje del diario económico italiano "Il sole 24 ore" que aporta datos sobre la criminalidad en Barcelona. En los nueve primeros meses de 2018 se denunciaron 144.024 delitos, 107 agresiones sexuales, 8.669 robos a mano armada y más de ochenta mil vinculados a la acción de carteristas y descuideros. Según las cifras que maneja el medio, "en los últimos cuatro años, la capital catalana ha aumentado su nivel de delincuencia en comparación con la media nacional española, alcanzando un pico diferencial del 20,9% en el primer trimestre de 2018". El texto lleva por título "El lado oscuro de Barcelona, la economía clandestina de las drogas y la prostitución". Firma el texto Antonino Vaccaro, profesor del IESE en Barcelona.

Semejante situación no parece que vaya a pasar factura a Ada Colau, que puede perder la alcaldía, pero no por el deterioro de la ciudad sino por el empuje del separatismo alineado en torno a ERC y su candidato apellido, Ernest Maragall. Manuel Valls, el exprimer ministro francés aspirante a la alcaldía en coalición con Ciudadanos, así como el popular Josep Bou y el socialista Jaume Collboni no han logrado traducir el malestar ciudadano por la degradación en los núcleos históricos y turísticos de Barcelona en una oleada de cambio. El proceso separatista es el tema de la campaña.

Valls, sin opciones

Todas las encuestas sitúan a ERC en el primer puesto con unos once ediles, seguida a décimas de distancia por Colau, con uno o dos escaños menos. El ayuntamiento de Barcelona está compuesto por 41 concejales y Colau ha podido gobernar con 11. Los socialistas aparecen como la tercera formación. Los sondeos más optimistas le otorgan una horquilla de entre siete y ocho ediles, el doble que los actuales cuatro. Detrás, Valls, con cinco o seis, uno más que Ciudadanos hace cuatro años, luego el partido de Puigdemont, con cinco, la mitad que ahora, y en último lugar, el PP, que oscila entre lograr dos ediles o quedarse fuera, igual que la CUP. Ambos partidos obtuvieron tres concejales en 2015. Vox ya ni se contempla. Algún sondeo otorga a Valls hasta siete concejales, pero todos las encuestas sin excepción aventuran que el gobierno de la ciudad quedará en manos de un pacto entre ERC y JxCat, un acuerdo entre Colau y los socialistas o un tripartito de ERC, comunes y socialistas.

Pese a la situación caótica de Barcelona, el debate se centra en el proceso, razón por la que Colau agudiza su cara separatista y ni Maragall ni Elsa Artadi, número dos de la candidatura del preso Joaquim Forn, aluden a la inseguridad o el incivismo. Valls ha prometido ponerse al frente personalmente de la Guardia Urbana, pero su mensaje no parece calar en un vecindario que se queja de la inseguridad, pero en el que amplios sectores apoyan a Colau, que en el peor de los sondeos perdería dos escaños de los once actuales.

Preludio en la Cámara de Comercio

Las elecciones en la Cámara de Comercio de Barcelona ganadas por la lista vinculada a la Assemblea Nacional Catalana (ANC) parecen mostrar la deriva a la que se encamina la capital de Cataluña, que se debate entre reeditar el modelo Colau o poner todos los recursos de la segunda mayor administración local de España al servicio de la república catalana. Los pequeños empresarios y comerciantes que se han adueñado de la Cámara tampoco hablan de la inseguridad, aunque también les afecte, sino de que Barcelona empuje en la dirección separatista.

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