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La catástrofe de Pablo Iglesias en seis datos demoledores

La noche del 26-M ha sido el episodio más duro de la carrera política de Iglesias y, ante la dureza de algunos datos, quién sabe si el penúltimo.

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La catástrofe de Pablo Iglesias en seis datos demoledores
Pablo Iglesias, en una imagen reciente. | EFE

Unidas Podemos se ha hundido en las tres elecciones celebradas este domingo. La debacle ha sido total y, tras un resultado en las generales que ya marcó una caída importante, pero aún se interpretó como razonable, ahora el partido morado no tiene prácticamente nada a lo que agarrarse.

Seis datos describen la magnitud de una derrota que sólo puede ser atribuible al propio Pablo Iglesias, ya que se da en todos los frentes y es aún más duro allí donde ha habido una apuesta personal del líder supremo del partido, que por el momento se niega a dimitir.

Dato uno: Podemos es un partido prescindible

La debacle autonómica es tal que Podemos no sólo ha perdido todo el poder que podía tener en algunas comunidades, sino que además se ha quedado con una escasísima capacidad de influencia.

El dato es terrible para Iglesias: Unidas Podemos sólo es imprescindible para que el PSOE conforme gobiernos en una comunidad autónoma, Baleares, en la que en cualquier caso va a llegar a la mesa de negociación después de haber pasado de un 14,70% y diez escaños a caer por debajo del 10% y quedarse con cuatro pírricos parlamentarios.

En otros territorios como Asturias o La Rioja podrían apuntalar un gobierno socialista, pero en ambos casos el PSOE podría también decidir gobernar con Ciudadanos, que en ambos casos ha quedado por delante de los de Iglesias. De hecho, en las dos autonomías el desplome ha sido notable: en la primera caen casi a la mitad en votos, del 19% al 11% y de nueve a cuatro diputados; y en la segunda prácticamente lo mismo: del 11,2% al 6,6% y de cuatro a dos representantes.

Dato dos: las europeas lo encumbraron… ¿y lo destronaron?

Podemos llegó a la vida política española obteniendo un resultado espectacular en las elecciones europeas del 2014: viniendo prácticamente de la nada y habiendo creado el partido unos meses antes obtuvo un 8% y cinco eurodiputados.

Además, en aquellas mismas elecciones IU obtuvo un resultado que entonces supo a fracaso, pero que hoy en día se vería de otra forma: un 10% del voto y otros seis representantes en el Parlamento Europeo.

Para tener una idea de la magnitud del desastre sufrido en estas europeas hay que sumar ambos resultados y compararlo con el actual, ya que los dos partidos han acudido juntos a estos comicios: del 18% al 10% —dejándose medio millón de votos en el camino— y de once eurodiputados a seis. Dramático.

Dato tres: y encima gana 'el Kichi'

Los malos resultados de Unidas Podemos se unen a que han sido peores allí donde Iglesias había hecho una apuesta personal y, encima, a que la única victoria importante ha sido la que ha conseguido en Cádiz Jose María González, el Kichi, uno de sus enemigos íntimos dentro del partido.

El gaditano fue una de las poquísimas voces críticas que se oyeron en la formación cuando saltó el escándalo de la mansión de Galapagar y durante toda la legislatura ha mantenido un estilo propio, marcando distancias con la dirección del partido, con alguna de sus decisiones estratégicas y con el propio Iglesias.

El premio ha sido una victoria espectacular: el Kichi pasa de 8 a 13 concejales, a sólo uno de la mayoría absoluta, y no va a tener ningún problema en mantenerse en la alcaldía cuatro años más, en los que será —quizá junto con Colau— el único alcalde del partido.

Dato cuatro: desastre por triplicado en Madrid

La Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid han sido el escenario del que ha sido, probablemente, el resultado más humillante para Iglesias, una humillación que, además, se ha servido en incómodos plazos: empezó con Carmena creando una lista propia en la que barría cualquier presencia de Podemos como partido; siguió con la traición de Errejón y la creación de Más Madrid no sólo como un proyecto municipal, sino como uno regional con evidente vocación nacional; y, finalmente, han llegado los resultados.

Para empezar en el Ayuntamiento: Carmena ha sido derrotada, pero la candidatura paralela de Carlos Sánchez Mato e IU a la que apoyó el propio Pablo Iglesias en la recta final de la campaña se ha quedado en un humillante 3% y sin un mísero concejal.

Pero peor aún ha sido lo ocurrido en la Comunidad: Unidas Podemos presentó como candidata a una apuesta personal de Iglesias —Isa Serra— que ha metido al partido en polémicas complicadas e innecesarias durante la campaña —como su batalla contra Amancio Ortega— y que, finalmente, ha estado muy por debajo del resultado de Errejón: mientras que la candidatura del que fuera número dos de Podemos ha rozado el 15% la de su antiguo partido ha superado a duras penas el 5% que es el mínimo para tener representantes. Hay que recordar que en 2015 y con un candidato prácticamente desconocido Podemos rozó el 19% y tuvo 27 escaños en la cámara regional, los mismos que han tenido ahora las dos listas, pero con Errejón quedándose con la mayor parte de la tarta.

Dato cinco: debacles autonómicas a gogó

Si en las elecciones europeas Unidas Podemos se la ha pegado, en las autonómicas las debacles han llegado por doquier. En algunos casos el batacazo ha sido especialmente dramático: en Castilla y León, por ejemplo, han pasado de superar el 12% a caer por debajo del 5% y de tener diez diputados a, atención, sólo uno.

En Navarra el desplome es nada más y nada menos que pasar a menos de un tercio de lo que tenían: de 46.000 votos —un 13,67%— a 15.000 —un 4,74%—, por lo que en el parlamento foral en lugar de siete diputados tendrá dos.

En Murcia el descalabro es similar: del 13,2% al 5,5% y de seis diputados a dos, con el añadido de que con ese resultado deja un hipotético gobierno del PSOE en manos de Ciudadanos, ya que el pacto con los socialistas estaría lejísimos de la mayoría absoluta. Además, para que todo sea aún más doloroso, han quedado, como en Madrid, por detrás de Vox.

En otros territorios ha desaparecido fagocitado por el PSOE, como en Castilla-La Mancha, donde casualmente cae menos —del 9,7% al 6,9%—, pero pierde los dos diputados que tenía y que incluso habían entrado en el gobierno de Emiliano García-Page.

Dato seis: la ola se lleva a las Mareas

Para completar el dibujo de la debacle de Iglesias hay que mirar a Galicia. Allí, en 2015 las mareas municipales lograron varios de los resultados que marcaron el éxito de la formación en aquellas elecciones, ya que consiguieron controlar los ayuntamientos de tres de las ciudades más importantes de la Comunidad: La Coruña, Santiago de Compostela y El Ferrol.

Pero este domingo el resultado ha sido muy diferente: las Mareas se han hundido y han perdido de facto el poder en los tres ayuntamientos: en La Coruña y Santiago, donde habían sido el partido más votado, han pasado a la tercera posición, superados por el PSOE, pero también por el PP. Y para Unidas Podemos el resultado en estas dos ciudades tienen un componente extra de humillación: no tendrán ningún representante en el consistorio, ya que en la candidatura coruñesa la aspirante de la formación morada era la número ocho de la lista y en Santiago estaba en el puesto nueve, muy lejos de los puestos que han logrado ser elegidos.

Por último, en el Ferrol, la candidatura organizada alrededor de Podemos había logrado la alcaldía pactando con el PSOE tras ser segunda fuerza solo por detrás del PP, pero ahora han sido adelantados también por los socialistas y por unos populares que se han quedado a sólo un concejal de la mayoría absoluta.

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