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Los futuros barones de Pedro Sánchez ocultos en su Gobierno

El presidente configura su Ejecutivo a la medida... del partido. Un ejemplo más de cómo el líder socialista pone las instituciones a su servicio.

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El presidente configura su Ejecutivo a la medida... del partido. Un ejemplo más de cómo el líder socialista pone las instituciones a su servicio.
Sánchez con sus barones en 2016 | EFE

No resulta ya sorprendente que el primer presidente sancionado por vulnerar la Ley Electoral en campaña, quien hizo del abuso de la Moncloa el uso habitual y de los Consejos de Ministros en campaña un satélite de los mitines del partido socialista, utilice también la formación del Gobierno para cubrir sus intereses en el partido haciendo aterrizar a sus apuestas para futuros barones y baronesas territoriales del PSOE.

La elección de los nuevos ministros del Ejecutivo de Sánchez llamó poderosamente la atención entre los dirigentes internos socialistas por varios motivos. Primero por la "clamorosa ausencia de cargos del PSOE que pudieran hacerle sombra a Pedro Sánchez"; y segundo porque entre las numerosas caras nuevas se esconden viejas apuestas de Pedro Sánchez para ocupar candidaturas autonómicas que fueron desestimadas en el partido en las listas para las municipales del 26-M por el "bajo nivel de conocimiento y popularidad del electorado". Lo que ahora se pretende es potenciar su imagen pública e iniciar su carrera de despegue de cara al futuro.

Montero, ‘baronesa andaluza’

El caso más relevante es el de la actual portavoz del Gobierno y María Jesús de Hacienda, María Jesús Montero, destinada a suceder a Susana Díaz al frente del PSOE andaluz y a quien Pedro Sánchez quiere colocar como candidata a las próximas elecciones andaluzas. Tras las elecciones andaluzas del 2 de diciembre de 2018, la pérdida del poder territorial de su eterna rival motivó que Ferraz intentara forzar la renuncia precipitada de Díaz, sin éxito. La intención, un año después, es la misma.

Tras dos años de guerra abierta con la federación andaluza tras las primarias de 2017, Pedro Sánchez sigue queriendo precipitar la caída de Susana Díaz y lograr un relevo en el PSOE-A que le facilite una mayor sintonía con la federación socialista más numerosa de España. Y para ello, "la candidata natural" es María Jesús Montero quien tiene claro que su perfil es "de gestión, no orgánico" porque siempre ha estado más vinculada al gobierno que al partido. Es decir, que ella está destinada a ser presidenta autonómica, no líder del PSOE-A.

Hace unos meses, la entonces ministra de Hacienda descartaba "de momento" ese salto a Andalucía porque "mi futuro está vinculado al ministerio de Hacienda las 24 horas del día". Pero eso ha cambiado. Sánchez preparó el terreno colocando a Montero en la negociación con Podemos para el Gobierno de coalición y ahora le ha concedido el puesto de mayor visibilidad del Ejecutivo con la portavocía en Moncloa. Algo que le permitirá iniciar su campaña mediática para Andalucía aunque algunos socialistas advierten del "riesgo" que también entraña un puesto que "puede servir de catapulta pero también puedes salir quemado". Será la capacidad de Montero la que le permita evitar la transición del estrellato al estrellado.

Salvador Illa, sucesor de Iceta

Mucho se habló del ministro que ocuparía la ‘cuota catalana’ en la administración de Pedro Sánchez. En las quinielas siempre estuvo Miquel Iceta, uno de los primero (y casi únicos) fieles en su ‘primera vida’ como secretario general y uno de los dos únicos barones junto a Susana Díaz, que asistió al debate de investidura de Pedro Sánchez en el Congreso en un gesto elocuente pero en sentido contrario al imaginado, pues compartía con Díaz la necesidad de escenificar el apoyo a su secretario general.

Cuentan fuentes socialistas que las relaciones entre Iceta y Sánchez no pasan por su mejor momento y que "no es casual" la elección de Salvador Illa para ocupar la cartera de Sanidad. Siguiendo el mismo patrón que Montero, el secretario de Organización del PSC fue colocado por Sánchez en la comisión negociadora entre el PSOE y ERC que permitió alumbrar el pacto de investidura. Una muestra de confianza que anticipa los deseos de Sánchez para la próxima candidatura del PSC cuyo liderazgo ostenta Miquel Iceta, por ahora.

Las voces más maledicentes apuntan a que la jugada de Sánchez se inició en la anterior legislatura cuando propuso a Iceta como presidente del Senado con el objetivo de preparar su salida como primer secretario del PSC y candidato a las elecciones catalanas. Fue el propio Iceta, según estas fuentes, quien maniobró en la sombra para forzar el rechazo de ERC y su voto en contra en el parlament que frustró esa presidencia en la cámara alta, y obligando a Sanchez a designar a Manuel Cruz como nuevo candidato.

Los ‘tapados’ de Madrid

Es precisamente en el Senado en donde se ubica el tercer nombramiento interpretado en clave sucesoria. El de Pilar Llop como presidenta del Senado fue uno de los nombres que más sonaron como candidata al Ayuntamiento de Madrid y la primera de las opciones de Pedro Sánchez después de los rechazos de Alfredo Pérez Rubalcaba y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Llop estuvo en la terna de Ferraz que se sometió a la opinión de la militancia a través de diversos estudios cualitativos como grupos de discusión. Pero fueron "motivos personales", su embarazo en avanzado estado de gestación los que motivaron también su rechazo. Hoy Llop concentra las miradas y lidera todas las quinielas por Madrid, tanto para Comunidad como Ayuntamiento tras el espaldarazo público de Sánchez que le coloca en la pole position madrileña.

Los otros dos miembros de la terna madrileña fueron la ministra de Industria, Reyes Maroto y el ex delegado de la Comunidad de Madrid, José Manuel Rodríguez Uribes, hoy ministro de Cultura. Dos perfiles que fueron descartados para la candidatura del Ayuntamiento nuevamente por el argumento del "bajo nivel de conocimiento popular" obligando a Pedro Sánchez a optar por el golpe de efecto de Pepu Hernández. Hubo personas en Ferraz que reprocharon incluso a Uribes que "no supiera aprovechar la atalaya de la delegación del Gobierno como supone una catapulta" (Cristina Cifuentes es un ejemplo de ello). Ahora se les concede "una segunda oportunidad" dese la atalaya gubernamental para cumplir el deseo de Pedro Sánchez de configurar un Gobierno a la medida... del partido.

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