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El Gobierno desoye a Redondo e Iglesias y no adelantará las elecciones

El entorno de Yolanda Díaz se pregunta si Iglesias no había dejado la política tras sugerir que lo mejor sería convocar elecciones en 2022.

El entorno de Yolanda Díaz se pregunta si Iglesias no había dejado la política tras sugerir que lo mejor sería convocar elecciones en 2022.
EFE

El último fantasma electoral que se ha paseado por delante de la Moncloa oculta a dos personas muy bien conocidas dentro del palacio. Son el exjefe de Gabinete, Iván Redondo, y el exvicepresidente segundo, Pablo Iglesias, reconvertidos, gracias a unas puertas giratorias, en columnistas y tertulianos con aura monclovita.

Ambos llevan varios días aprovechando sus tribunas para agitar el fantasma de un adelanto electoral, pero ni la candidata de Podemos, Yolanda Díaz, ni del PSOE, Pedro Sánchez, quieren oír hablar de ello. "Estamos en trabajar, trabajar y trabajar", respondía la vicepresidenta segunda cuando le preguntaban por las frases de su mentor.

La gallega quiere tiempo para desplegar su plataforma, que ella se niega a denominarla así. También desea alejarse de Podemos: "La única camiseta que viste es la de Ministra de Trabajo", replican en su entorno para recordar que no tiene afiliación política tras dejar el Partido Comunista. Su alejamiento es tal que, cuando le preguntan por los análisis del exvicepresidente, replican con cierto malestar: "¿Pero Pablo Iglesias no había dejado la política?".

Matar al padre no es sólo una figura del psicoanalismo de Freud. Es una estrategia habitual de un candidato que busca alejarse de tutelas. Díaz, la más fiel pablista hasta hace unos meses, es ahora la más indisciplinada. Tampoco quiere los consejos de Redondo, que incluso publica columnas en La Vanguardia, augurando que ella puede ser la primera presidenta: "Que la quieran menos, que la matan", ironizan en su entorno

Tampoco en el PSOE la contemplan

Ni la vicepresidenta segunda, ni el presidente del Gobierno quieren elecciones. En el sector socialista creen que este 2022 es el "año de la recuperación". Saben que los fondos europeos son un balón de oxígeno y que se presenta una gran oportunidad para gestionar una gran cantidad de millones.

Sólo hay un inconveniente: las exigencias de Bruselas. Unas reformas estructurales que, en ocasiones, pueden ser impopulares. Es el caso del peaje en las autopistas, para reducir el déficit, que ya ha puesto en pie de guerra a los transportistas. "Vamos a negociar con ellos", dicen en el entorno del ministerio de Raquel Sánchez quien espera atraerlos con bonos y descuentos.

En el Ministerio de Transportes quieren postergar una medida que podría tener una amplia contestación. No será inmediata. Intentarán aplazarla a lo más tarde posible. Tampoco les asusta la crisis energética o la de suministros. Creen que tiene fecha de caducidad: primavera. En ese momento, auguran, todo volverá a la normalidad.

En el Ejecutivo acarician la idea de llegar juntos a finales de diciembre de 2023. Entre julio y diciembre a España le toca la presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea. En La Moncloa aspiran a que la agenda internacional que lleva aparejada le podría dar más aire presidencial a Pedro Sánchez.

Sólo hay un problema: la última vez que le tocó a nuestro país la presidencia de turno de la Unión Europea fue en 2010. Zapatero intentó lo mismo. Un año después, el PSOE caía ante la mayoría absoluta de Mariano Rajoy. Las siglas socialistas sólo alcanzaban 110 diputados, su peor cifra hasta ese momento.

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