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Vox explotará su perfil gestor con Castilla y León como escaparate

Su estreno en un gobierno les permite demostrar que son capaces de hacer política sin renunciar a la ideología.

Su estreno en un gobierno les permite demostrar que son capaces de hacer política sin renunciar a la ideología.
Santiago Abascal junto a Juan García-Gallardo en la toma de posesión de Alfonso Fernández Mañueco | Vox

Castilla y León se ha convertido, para bien o para mal, en el ensayo de lo que podría ser un futuro acuerdo entre PP y Vox a nivel nacional. No estaba en los planes de ningún partido, y menos aún en los de Vox, que esta comunidad fuera el estreno de un pacto que se daba por hecho primero en Andalucía. El inesperado adelanto electoral precipitó los acontecimientos y ha situado al partido de Abascal en disposición de demostrar si son capaces de gestionar.

La dirección de Vox es consciente de que todas las miradas se dirigen hacia un gobierno que, antes incluso de tomar posesión, ha tenido que lidiar con toto tipo de ataques y desprecios. Un ejemplo fue la imagen de los diputados del PSOE en Castilla y León negándole el saludo al recién nombrado presidente de las Cortes, Carlos Pollán, por ser de Vox; o las amenazas del Gobierno de Pedro Sánchez asegurando que "estarán vigilantes" ante sus medidas.

"Castilla y León es algo parecido a un piso piloto que muestra lo que podría ser el futuro", admitía en una entrevista en Es la Mañana de Federico, de esRadio, el líder del partido, Santiago Abascal, poco después de pactar con el PP. "Tenemos que ensayar ante toda España la posibilidad de un acuerdo a nivel nacional", decía, consciente de que serán examinados a diario.

La prueba de fuego

Fuentes del partido explican a Libertad Digital que después de la batalla cultural, de la ideología y de las propuestas, llega el momento de poner en práctica lo que llevan tres años predicando. La victoria de Isabel Díaz Ayuso el 4-M en Madrid permitió concluir al partido que la gestión también se premia por los ciudadanos, especialmente en momentos de máxima dificultad como fue la pandemia del Covid o ahora con la crisis económica.

"Con Castilla y León se abre la oportunidad de poner nuestras propuestas en práctica", trasladan fuentes de Vox a este periódico. La dirección del partido entiende, en cualquier caso, que no tiene por qué existir una "dicotomía" entre ideología y capacidad de gestión, de ahí que no vayan a renunciar en ningún caso a las propuestas de las que han hecho bandera, como la derogación de las leyes de género y de memoria histórica; la defensa del español y la unidad nacional o el apoyo a la familia.

El hecho de que Vox haya elegido perfiles técnicos para formar parte del gobierno en Castilla y León, en lugar de seleccionarlos entre sus propios diputados, además de negociar el control de consejerías pertenecientes al área económica como son Agricultura, Industria y Empleo, demuestra su interés por reforzar su imagen de partido gestor capaz de hacer política. El control del área de Cultura da espacio también a su objetivo de no renunciar a la ideología.

Castilla y León es el laboratorio de pruebas de un acuerdo que Vox pretende exportar a otras comunidades y, sobre todo, a nivel nacional como decía el propio Abascal durante la investidura de Alfonso Fernández Mañueco cuando aseguró que este gobierno es "una gran esperanza para millones de españoles que lo están observando como una posible alternativa a toda España".

Castilla y León, la llave hacia la La Moncloa

Una idea que repitió durante la toma de posesión del presidente regional del PP al asegurar que "este gobierno está apoyado por la inmensa mayoría de españoles que quieren un cambio y que quieren echar a Pedro Sánchez". Su presencia en ambos actos, precisamente cuando el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, decidió ausentarse, demuestra la importancia que Vox otorga a la coalición.

Fuentes del partido aseguran que, de momento, el tiempo juega a su favor ya que apenas hay margen de tiempo hasta las elecciones andaluzas para cometer errores de calado en Castilla y León que puedan perjudicar un futuro acuerdo entre PP y Vox en Andalucía. A pesar de ello, son conscientes de que cualquier fallo les pasará factura y se magnificará, especialmente con la vista puesta en las elecciones generales para las que, salvo sorpresa, falta todavía más de un año.

El partido al completo se ha volcado con el equipo de Juan García-Gallardo, tanto en las negociaciones para la coalición, como ahora en cada acto de relevancia que tiene lugar en Castilla y León. Es de prever que así seguirá siendo una vez el gobierno eche a andar y comiencen a tomar medidas.

La exposición a la que Vox se verá sometido es también un arma de doble filo, de ahí que la dirección nacional se haya implicado hasta el punto de crear incluso un nuevo organismo, la Dirección de Política de Gobierno, para coordinar estrategias con las diferentes provincias en las que esperan poder mejorar resultados y entrar en gobiernos cuando se celebren las elecciones autonómicas y municipales. Este organismo depende del Comité de Acción Política, según recoge la reciente reforma de los Estatutos aprobada en la última Asamblea General, y avanza que en los planes del partido está gobernar allí donde se lo permitan las urnas.

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