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La desgarradora historia de la otra madre que mató a su propio hijo en Almería tras perder su custodia

El pequeño Sergio fue asfixiado por su madre: "O es para mí o no es para nadie". El padre la había denunciado por maltrato pero nadie le hizo caso.

El pequeño Sergio fue asfixiado por su madre: "O es para mí o no es para nadie". El padre la había denunciado por maltrato pero nadie le hizo caso.
Ana María Baños, condenada por asesinar a su hijo en 2019 | EFE

El caso de la pequeña Olivia, asesinada presuntamente por su madre tras perder su custodia, ha conmocionado a toda España. Sin embargo, desgraciadamente, no es único. Entre los 26 filicidios perpetrados por mujeres hasta junio de 2022, se encuentra el de Sergio, un niño de 7 años asesinado por su madre en Huércal de Almería apenas unos días después de que el juez decidiese entregar la custodia al padre.

Según consta en la sentencia que la condenó a prisión permanente revisable, el 10 de octubre de 2019, Ana María Baños asfixió a su hijo cuando estaba tumbado en la cama. Lo vistió, lo montó en el coche y se dirigió a otra localidad cercana para pedir ayuda a una conocida. Al ver al pequeño completamente morado, la mujer llamó a la Guardia Civil, cuyos agentes lograron detenerla tras darle el alto en reiteradas ocasiones y después de que tratara de atropellarles.

Al igual que en el caso de la niña hallada muerta en Gijón, el fatal desenlace se produjo después de años de batalla judicial y denuncias falsas contra su exmarido, pero con un agravante: tanto Sergio como su padre habían sido las verdaderas víctimas de unos malos tratos que nadie quiso creer.

Denuncia falsa y acoso

Su historia se remonta a 2017, cuando Ana María denunció a su todavía pareja por malos tratos. Después de dos años viendo a su hijo en un punto de encuentro, a principios de 2019, Sergio -así se llama también el padre- fue absuelto, pero lejos de poner fin a su pesadilla, aquella sentencia se convirtió en el inicio de una campaña de acoso y derribo contra él y contra toda su familia.

Según el relato del padre, Ana María trató de volver con él y, ante su rechazo, empezó a llamarle y perseguirle de manera continuada. "Me llegó a llamar 150 veces en dos horas", aseguró en una de las vistas el abuelo paterno, que también la llegó a denunciar por un delito de coacciones. La peor parte, sin embargo, se la llevaría el pequeño.

Un niño maltratado por su madre

El niño, que vivía con su madre, empezó a quejarse de que ésta le pegaba y no le daba de comer. Sin embargo, según el padre, cada vez que acudía a la Guardia Civil, los agentes echaban balones fuera o le recomendaban no denunciar al estar inmerso en un proceso de separación tan conflictivo. Acudió a Protección del Menor, que se inhibió del caso, alegando que su hijo no estaba en situación de desamparo. Y también a Asuntos Sociales que, aunque solicitó un informe al respecto, nunca se llegó a elaborar.

Apenas dos semanas antes de ser asesinado, el propio niño envió a su abuela paterna varios audios de WhatsApp en los que le decía que su madre le pegaba y que no quería estar con ella. Su padre llamó al 112 para informar del contenido de dichos mensajes y se personó en el cuartel de la Guardia Civil de Huércal de Almería para denunciar a su expareja por presunto maltrato al menor. Los agentes, sin embargo, le restaron importancia una vez más, alegando que probablemente se tratase de una "trastada" del niño.

"O es para mí o es para nadie"

La lentitud, cuando no pasividad, de todas las administraciones hizo imposible así evitar el fatal desenlace. A pesar de que nadie se lo había comunicado todavía a Sergio, el 4 de octubre, el juez había decidido retirarle la custodia a la madre y concedérsela a él. Ana María, a la que sí le habían notificado la decisión, reaccionó de la misma forma que lo hizo la madre de la pequeña Olivia: "O es para mí o no es para nadie".

Al no entrar dentro de la Ley de Violencia de Género, las denuncias de Sergio no se cursaron con la misma rapidez con la que se hubieran tramitado si el maltratador fuera un hombre, así que no se interpusieron medidas cautelares de ningún tipo. Y eso fue precisamente lo que facilitó que su exmujer asesinase al pequeño de tan solo 7 años.

Hoy, Ana María cumple prisión permanente revisable por matar a su hijo, después de que un jurado popular determinase que, en el momento de los hechos, la mujer se encontraba en "plenas facultades" mentales, algo crucial para que los asesinos no se beneficien de una atenuación de la pena. La sentencia, ratificada ya en el Supremo, también la condena a cuatro años y seis meses de prisión por los delitos de lesiones psíquicas hacia el padre. Sin embargo, nada ni nadie podrá resarcir a un hombre que no sólo sufre el dolor de haber perdido a su hijo, sino el de que nadie creyera unas denuncias que, vistas con perspectiva, no eran más que la crónica de una muerte anunciada

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