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El Gobierno trata de resucitar a Sumar y muestra su malestar por la imputación del hermano de Sánchez

El Gobierno trata de exhibir unidad el día que entra en vigor la ley de amnistía.

El Gobierno trata de exhibir unidad el día que entra en vigor la ley de amnistía.
Bustinduy y Urtasun entre las ministras del PSOE, Pilar Alegría y Teresa Ribera, vestidas de blanco | EFE

En el Gobierno parecen haberse aferrado al gatopardismo. Esa teoría del escritor Giuseppe Tommaso di Lampedusa que se basa en "cambiar todo para que nada cambie". La dimisión de Yolanda Díaz de sus cargos en Sumar deja al Ejecutivo en una situación idéntica. La vicepresidenta segunda seguirá siendo la ministra de Trabajo, presidenta del grupo parlamentario de Sumar y, además, continuará siendo la interlocutora ante el PSOE.

La único que cambia es que en Moncloa son conscientes del batacazo a su izquierda y que necesitan resucitar a su socio si quieren reeditar el Gobierno tras unas generales. Sólo así se explica que este martes hayan sacado en rueda de prensa a dos de los nuevos valores en alza en la formación. El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun con medidas estrellas como la ley del cine y para prometer que el Gobierno "continuará gobernando".

"Quien esté pensando que se va producir algo tipo de inestabilidad, se equivoca", terciaba el ministro Urtasun, hombre de confianza de Díaz y uno de los que le podría relevar al frente de la parte orgánica del partido. El titular de la cartera de Cultura defendía que Díaz continúe al frente de la vicepresidenta segunda, pese a que ha dimitido de cargos, porque "ha establecido como prioridad gobernar".

La portavoz Pilar Alegría echaba un capote a su socio y, tras anunciar que quedan tres años de legislatura, enmarcaba la dimisión parcial de Díaz dentro "de la cultura democrática que va ligada a los partidos de izquierdas" y auguraba que, "tras una lectura sosegada de los resultados", se "suelen abrir fases de fortalecimiento". "Otros ocultan sus pactos y programas electorales", añadían en una fase que, en teoría, iba dirigida contra el PP pero que se puede aplicar al actual Gobierno cuyo acuerdo de investidura con Bildu sigue sin ser público.

En el argumentario del argumentario no falta pedir explicaciones al PP. En el Gobierno responden que los ejecutivos de los populares son "máquinas de fabricar independentistas" pero luego, cuando Gobierna el PSOE, y florecen partidos de derechas, la culpa también es del PP.

Alegría pedía a Feijóo una "reflexión" por "cómo con su estrategia ha provocado el auge de la ultraderecha en España", en referencia al nuevo partido de Alvise, Se Acabó la Fiesta. "Esto pasa por gobernar por copiar, emular y donde antes hay dos cabezas ahora hay tres", añadía la portavoz del Gobierno, obviando que, durante la última semana de campaña, fue Sánchez el que sacó en campaña a Alvise mencionándolo hasta quince veces en tres días.

La imputación del hermano

Alegría dibujaba a la derecha como la hidra de Lerna pero lo cierto es que el Gobierno se parece más al cuento de Augusto Monterroso: "Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí". El monstruo de Pedro Sánchez son los problemas judiciales de su familiares. A la imputación de su mujer, Begoña Gómez, se une ahora la apertura de diligencias contra su hermano, David Sánchez, por una jueza de Badajoz que ha apreciado hasta cinco delitos.

"¿Otra vez Manos Limpias? ¿Otra vez que estamos ante una denuncia falsa construida por recortes de tabloides digitales?", se preguntaba Alegría, recurriendo al mismo argumentario que reproducen cuando se le pregunta por Begoña Gómez. La única diferencia es que, en esta ocasión, no se mostraban molestos con la juez a la que elogiaban por pedirle al sindicato que "formalice los trámites procesales y una fianza de 10.0000 euros" ante "la desconfianza" que genera la organización de Miguel Bernad.

Amnistía y Cataluña

En el día en el que ha entrado en vigor la amnistía, Alegría recalcaba que ahora "toca a los jueces aplicarla" y que en su redactado "es muy claro". Incluso defendía que estamos ante "la máxima normalidad", pese al retraso de la publicación en el BOE hasta después de las europeas.

"Es una ley que va a ayudar a la convivencia", remarcaban desde la mesa de la Moncloa antes de las preguntas sobre Cataluña y ese pacto entre Junts, CUP y ERC para investir a Josep Rull como nuevo presidente del Parlamento Catalán. Ahora, como recordaba la portavoz, "se abre el plazo para elegir candidato a la investidura" y prometía que "todos los caminos llevan a Illa". El problema para el Gobierno es que los separatistas parece que transitan por un sendero que les lleva a la repetición electoral. Un escenario que en Moncloa no quieren ni ver, ni hablar.

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