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Begoña Gómez quiso quedarse el software de la Complutense desde el inicio: creó su sociedad a la semana de pedirlo

La mujer de Sánchez tenía muy claro que, al final, los contactos, relaciones y hasta parte del trabajo acabarían en su marca personal.

La mujer de Sánchez tenía muy claro que, al final, los contactos, relaciones y hasta parte del trabajo acabarían en su marca personal.
La mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, tras ejercer su derecho a voto en las elecciones europeas. | Europa Press

Los contratos de concurso público para el software que acabó en manos de la empresa de Begoña Gómez y de la sociedad de la mujer del presidente del Gobierno apuntalan una tesis. Que no decidió quedarse el programa informático al ver que podía peligrar la cátedra por la polémica levantada. Sino que podría haber tenido desde el primer momento la intención de pedir a Indra, Google y Telefónica, más el lanzamiento del concurso público por 60.500 euros adicionales, con el fin directo de convertirlo en un activo de su propia empresa. Las fechas de los distintos movimientos y su propia firma en la preparación el concurso demuestran que en sólo dos semanas desde la recepción del software, su estatura societarias y apropiación estaba ya materializada.

Las fechas son decisivas en el análisis del caso. Así, la petición del registro como marca española del nombre "TSC Transformación Social Competitiva" se produjo el 2 de marzo de 2020 a las 11:03 de la mañana por medio de Internet. Y se otorgó dos días después: el 4 de marzo de aquel 2020. Eran ya las fechas de impacto brutal del covid, aunque el Gobierno aún lo negaba para permitir el 8-M feminista.

El registro de la marca se hizo con constancia de que se centraría en servicios y actividades de "publicidad, gestión de negocios comerciales, administración comercial, trabajos de oficina, educación, formación, servicios de entretenimiento, actividades deportivas y culturales". La titular de la marca era ella directamente: "María Begoña Gómez Fernández".

Es decir, la mujer de Sánchez tenía muy claro que, por mucho que ella trabajara para la Complutense, al final, los contactos, relaciones y hasta parte del trabajo acabarían a disposición de su marca personal. Y es que la marca coincide con la de la cátedra de la Complutense al cien por cien: "Transformación Social Competitiva".

La Universidad Complutense, por su parte, adjudicó y contrató el polémico software a la consultora Deloitte el 14/11/2023, que debía estar listo en tres meses con las prescripciones técnicas que firmó la propia Begoña Gómez el 25 de julio de ese 2023. Y, una semana después, Begoña Gómez creó (el 21 de noviembre de 2023) su empresa Transforma TSC S.L. que explota desde principios de 2024 el muy polémico software.

Así, los datos de licitación demuestran que aquel expidieren, el número PAS 35/23_4508, a nombre del Rectorado de la Universidad Complutense de Madrid y con objeto de "Servicio de asistencia y asesoría técnica y tecnológica para la creación de una plataforma de gestión y medición de impacto para la pequeña y mediana empresa en la Universidad Complutense de Madrid" tuvo su anuncio el "9/11/23 12:19" horas. Con las prescripciones técnicas firmadas previamente por Begoña Gómez. Es decir, diseñadas bajo demanda por ella.

Y todo ello cuando las cláusulas administrativas del trabajo especificaban lo siguiente: "Propiedad de los trabajos y protección de datos de carácter personal. Todos los estudios y documentos elaborados en ejecución del contrato serán propiedad de la Universidad Complutense de Madrid quien podrá reproducirlos, publicarlos y divulgarlos total o parcialmente sin que pueda oponerse a ello el adjudicatario autor de los trabajos".
La "adjudicación" del concurso público se hizo el "23/10/23" y la "formalización del contrato. Fecha: "14/11/23", con "plazo de ejecución de 3 meses".

Traducido: desde tres años antes la marca estaba registrada. Y desde antes de comenzar el plazo de ejecución, la sociedad de Begoña Gómez estaba registrada y preparada para albergar el software. Resulta complicado pensar que no pretendía desde el primer momento pedir a Telefónica, Google e Indra -más el dinero del concurso público- que le hicieran gratis un software para explotarlo ella.

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