
Con el ruido del caso Ábalos, Pedro Sánchez trata de controlar el relato: economía al alza y bandera del "no a la guerra" para tratar de sepultar un frente judicial que amenaza con marcar la agenda de las próximas semanas. El vídeo de este lunes, en el que aparece enfundado en una camiseta blanca de la selección con el 22 a la espalda sobre la camisa para presumir del número de afiliados a la Seguridad Social, es puro marketing político. Un recurso que recuerda a la puesta en escena de las gafas en la Comisión Koldo del Senado, donde despachó cualquier señalamiento con un reiterado "no me consta".
La primavera judicial estalla este martes en el Tribunal Supremo con el inicio del caso mascarillas, un frente que vuelve a acorralar al Ejecutivo. Moncloa se refugia en apelaciones a la "transparencia" y a "que se esclarezca la verdad", pero evita asumir responsabilidades por las irregularidades en Transportes durante la pandemia, con José Luis Ábalos en el centro del escándalo.
Frente a ese escenario, el Ejecutivo pisa el acelerador del relato económico. Crecimiento, empleo y "datos sólidos" como escudo. Y, en paralelo, un Sánchez que eleva el foco hacia la política internacional para presentarse como dique frente a la guerra, intentando desplazar el debate a un terreno más cómodo. Pero la estrategia tiene fecha de caducidad porque mientras Moncloa intenta cambiar el guion, los juzgados escriben el suyo.
También han tratado de centrar todos sus esfuerzos en atacar al Partido Popular, aprovechando el inicio del juicio por el caso Kitchen. Para los socialistas, este episodio, ocurrido hace más de una década, es "la mayor vergüenza en la democracia española", obviando otros casos en los que el Gobierno, el PSOE o el entorno más cercano del presidente son protagonistas.
"Para entender lo que es el Partido Popular, basta con mirar Génova 13 planta por planta", aseguran fuentes socialistas, pese a que su propia sede está siendo investigada por presunta financiación ilegal tras pagos en efectivo desde Ferraz. Sostienen, además, que la corrupción en el PP no es "pasado", sino "presente".
En este contexto, cargan también contra Alberto Núñez Feijóo por no asumir responsabilidades, mientras el Ejecutivo se ampara en el término "bulo" para desacreditar cualquier señalamiento.

